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En todas las sociedades las conductas desviadas de las normas establecidas deben ser combatidas, para lo cual se imponen sanciones. Pero se trata de que esas sanciones produzcan el efecto buscado, es decir, que tiendan a minimizar esas conductas. De no ser así, son ineficaces porque lo único que logran es que quienes estén dispuestos a pagar la pena persistan en sus conductas antisociales. Ejemplo claro es nuestra reacción frente a los delitos: más presos, más delitos y cero reeducaciones.
Este vicio de nuestro sistema político aplicado al tránsito se ha vuelto un buen negocio para los jerarcas que viven buscando formas de aumentar los recursos para sostener un gasto siempre creciente, en lugar de preocuparse por atacar gastos improductivos e ineficiencias crónicas.
La prueba de que las multas de tránsito no cumplen su fin reeducador es que su volumen total crece, en lugar de tender a decrecer hasta montos pocos significativos por efecto de la consiguiente reducción de infracciones. Ergo, los infractores pagan y las infracciones no disminuyen.
La racionalidad aconsejaría cambiar de conducta si se quiere alcanzar resultados diferentes. Y parece claro que la alternativa que aparenta ser más eficiente es la denominada libreta por puntos que va “advirtiendo” al infractor contumaz que está en camino de ser “sacado de la calle”, cosa que por otra parte es funcional a los fines buscados: se trata de que quienes no respetan por costumbre las normas de tránsito y por consiguiente son proclives a provocar accidentes sean sacados temporariamente de la calle.
Pero si se aplica este sistema, por lógica, deberían ser eliminadas las multas para evitar la duplicación de sanciones y porque, además, ya han demostrado ser ineficaces.
Claro, para los políticos obsesionados en la “caza” de recursos para gastar, esta solución no es de recibo. Antes bien, sus motivaciones deberían ser más bien las opuestas: cuantas más infracciones haya, más recursos tengo.
Quisiera equivocarme y que la sanción de la libreta por puntos y la eliminación de las multas se impusieran; pero dados los antecedentes, poca esperanza tengo.
Juan Antonio Pérez