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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáCuando se realizan obras en un curso fluvial es imprescindible analizar con detenimiento los perjuicios que pueden causar, de allí el régimen de consulta previsto en el art. 17 y siguientes del Tratado del Río de la Plata y su Frente Marítimo.
He tenido diferencias pero también coincidencias en los temas fluviales y portuarios con el ingeniero Horacio Tettamanti. Diferencias, a partir del decreto que él mismo promovió como secretario de Puertos y Vías Navegables de la Argentina en el año 2013, que prohibía el trasbordo de cargas de ese país en los puertos uruguayos. Y coincidencias como las que se generaron en la participación que ambos tuvimos en la Liga Marítima en diciembre de 2021, en particular respecto a los canales de Martín García. Pero hoy debo expresar mi adhesión a una nota de su autoría titulada El dragado infinito: la advertencia científica que Argentina está ignorando sobre el Paraná y el Río de la Plata.
En el periódico La Capital de Mar del Plata, el Ing. Tettamanti expresa sus críticas al llamado a licitación efectuado por su país para el dragado de la vía troncal y hace referencia a un estudio que indica que “la profundización de canales puede transformar una vía navegable en una verdadera trampa sedimentaria, haciendo que el sistema comience a importar más sedimentos hacia el canal y multiplicando los volúmenes de dragado”. Y agrega otro estudio que concluye en el sentido de que el dragado puede “modificar la dinámica sedimentaria durante más de un siglo antes de alcanzar un equilibrio”.
De estos comentarios parece deducirse que un dragado per secula seculoron, con un aumento de los sedimentos a extraer, implica, por un lado, un aumento progresivo del peaje a pagar y, por el otro, una pérdida parcial de soberanía a favor de la empresa dragadora. Por ello, deberá insistirse, como lo ha hecho en forma reiterada el suscrito, en adaptar los buques al río.
Otra obra muy importante, en la que nuestro país ha estado omiso, es la relativa al emisor de aguas cloacales e industriales de Buenos Aires, constituido por un túnel de 12 kilómetros de extensión y de 4,30 de diámetro, y el de Berasategui, de 7 kilómetros de largo y 4 metros de diámetro.
El emisor de Buenos Aires, que está próximo a comenzar a funcionar, implica colectar las aguas cloacales de más de 4 millones y medio de habitantes y de miles de industrias que corresponden a las cuencas fluviales de los ríos Matanzas y Riachuelo de Buenos Aires y verterlas al Río de la Plata por un monto estimado en 2,3 millones de metros cúbicos por día.
Con el embajador Carlos Orlando, a partir del año 2018, mantuvimos una prédica constante y sosteníamos la necesidad de un estudio de consultoría independiente respecto a determinar las eventuales consecuencias contaminantes de este emprendimiento, e incluso mantuvimos entrevistas con los dos ministros de Ambiente del gobierno anterior, pero todo fue en vano, con la particularidad de que debimos enfrentarnos con el presidente de la delegación uruguaya ante la Comisión Administradora del Río de la Plata, el Dr. Alem García, que llegó a agraviarme, tratándome de “escriba”, y de burlarse de mis planteos en cuanto a la dinámica del Río de la Plata. Este colega llegó al colmo de pedirme, a través de un miembro de su delegación, material para el Museo del Tratado del Río de la Plata que se iba a instalar en Colonia. Conforme a ello le hice llegar un material histórico muy valioso de ese tratado y hete aquí que, cuando se inauguró el museo, no fui invitado…
Pero lo que importa es que estos temas sean debidamente analizados por el interés supremo de nuestro querido país y que, oportunamente, se tomen las medidas correspondientes.
Dr. Edison González Lapeyre