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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acá“(…) galopa caballo cuatralbo, jinete del pueblo
que la tierra es tuya”
(Rafael Alberti, A galopar)
Hace unos días, al contestar un audio de José Pepe Mujica en Búsqueda, terminé diciendo: “Si (…) no nos alcanzaran las fuerzas y el poder lograra sus objetivos, el país ya no será el mismo y todo lo aprendido en esta larga lucha será el agua dulce que beberemos toda vez que tengamos sed de justicia”.
Hoy, a menos de 24 horas de la desilusión que tuvimos al no alcanzar el objetivo del triunfo, reafirmo con más convicción que antes esas palabras dichas con el alma. No solo quienes integramos el movimiento social ya no seremos los mismos (el PIT-CNT, la Fucvam, la FEUU, el Mondess —Movimiento Nacional en Defensa de la Seguridad Social—, junto con las organizaciones que también se sumaron, como la Marcha de la Diversidad y distintos colectivos de mujeres) sino que además sectores muy importantes y diversos de nuestro pueblo nos mirarán distinto, con una cercanía y afecto que —en mi modesta opinión— hacía tiempo no sentíamos o, incluso, tal vez nunca habíamos tenido.
La cantidad de votantes de todos los partidos que por propia voluntad se acercaron a pedir la papeleta fue algo muy parecido a una peregrinación serena con el maravilloso objetivo de ser más solidarios y justos. La alegría de sus rostros después de ejercer el voto contrastaba con la seriedad y a veces hasta tristeza de quienes no lo ponían (muchos acaso por no haber tenido las fuerzas necesarias para soportar la enorme campaña de miedo desplegada por los poderosos y por muchos dirigentes de todos los partidos a troche y moche).
El valor de lo alcanzado. En más de un sentido el casi 1 millón de votos obtenidos (935.000) grita con mucha calma a quien lo quiera oír que está cansado de una manera de hacer política al servicio de los poderosos y llena de soberbia, llena de tecnócratas sin vocación sincera de servir a las causas populares y que pelea por un lote de carguitos; una política que no dialoga ni nos escucha cada vez que hablamos desde nuestras organizaciones o desde nuestro más sincero y leal saber y entender con la sabiduría propia de las mujeres y los hombres sencillos.
Este casi millón protagonizó nuestra aún insuficiente pero creciente rebelión de los humildes, a partir del amor y la alegría, porque todos y todas hemos puesto nuestro entero corazón para abrazar a la mayor parte de nuestros compatriotas. ¿Y saben qué? El amor se nota en todas nuestras caras porque no somos militantes a sueldo que buscan trepar a algún cargo en las alturas y nos comprometimos en esta lucha con la profunda convicción de estar haciendo lo que la historia nos venía pidiendo hace tiempo a gritos.
El alumbramiento de un nuevo Uruguay se ha vuelto a colocar en el horizonte y, a pesar de la derrota puntual, debemos festejarlo como un nacimiento, el nacimiento de un país donde se les empieza a terminar el recreo y las vacaciones a los poderosos y donde muchos de nuestros gobernantes más temprano que tarde tendrán obligatoriamente que soltar la enorme teta del Estado de la que han vivido y aún pretenden seguir viviendo.
Sí, compañeras y compañeros: nacimiento, alegría y comienzo del fin de los privilegios de unos pocos. Los Lacalle Pou, los Mujica, los Saldain, los Javier García, los 111 “economistas” y otros opositores como los candidatos a la presidencia que se opusieron al Sí deberían poner las barbas en remojo. El modelo con AFAP no cayó, pero quedó definitivamente en el banquillo de los acusados, hasta que llegue un elenco de políticos valientes empujados por el pueblo que lo extirpe de la seguridad social uruguaya en la que nunca debió estar.
¿Un nuevo PIT-CNT? A raíz de lo ocurrido en todos estos meses es posible comprobar algunos cambios sustantivos y altamente necesarios para las nuevas luchas que se avecinan. Es notorio que el Marcelo Abdala que sale de esta lucha no es el mismo que el de hace unos meses. De aquel sujeto frío, que a veces “parecía” no tener alma y sin otra cosa en su cabeza que la ideología que profesa, se transformó en un Marcelo plenamente humano, capaz de sonreír y abrazarse con las compañeras y los compañeros con sentido afecto, estoy seguro de que llegando al llanto emocionado si es necesario. Y además ha dado un salto en su calificación política que lo transforma en lo que llamamos “cuadro”, no ya sectariamente del Partido Comunista, sino al servicio del movimiento popular. La lucidez de sus análisis nos ayuda a todos a pensar incluso cuando discrepemos con algunos de sus dichos.
Por otro lado, la emergencia de dirigentes como Nathalie Barbé, Karina Sosa y Sergio Sommaruga (por nombrar solo a tres que se destacaron) muestra que el movimiento sindical, lejos de burocratizarse (como en épocas de Fernando Pereira), se ha llenado de pasión, mucha vida y alegría —sin perder nunca la serenidad del que se sabe convencido— al lado de una capacidad de formación permanente como hacía años no veíamos en la dirección de nuestra Convención de Trabajadores. Y además —atención, opositores— Nathalie y Karina son excelentes como servidoras y Sergio lo es como educador de la vida (no solo de filosofía), cosa que creo que se les nota en la cara.
Al lado del PIT–CNT es de total justicia nombrar a una compañera maravillosa como Marita Rodríguez de la Comisión de Seguridad Social de ATSS y el Mondess por su conocimiento y tesón inclaudicables, así como al compañero Quique Cal de la Fucvam, luchando siempre hasta vencer. ¿Y además? Además hay que nombrar y homenajear a los muchos cientos de militantes, tal vez miles, en todo el país, mujeres y varones que se pusieron la camiseta del Sí sin otro objetivo que contribuir con la pública felicidad quitando horas a sus vidas personales y familiares.
Lo que se viene sin apuro para hacer historia. Si nos mantenemos unidos y activos, una forma de hacer política aristocrática, burocrática y de espaldas a las grandes mayorías está llegando a su fin. La humildad ha comenzado a moverse casi silenciosamente, pero con total firmeza y sin disposición a dar un solo paso atrás. Podemos confiar en un nuevo país si esta nueva admirable alarma continúa, en asambleas autoconvocadas permanentes, estudiando más y proponiendo los cambios que faltan en nuestra seguridad social desde hace más de 30 años.
Pero además tenemos que ir por todo el programa de nuestra central obrera y otras organizaciones sociales sin dejar nada por el camino. Con el sentimiento y la sabiduría populares esta nave es capaz de llegar a cualquier puerto. La juventud de nuestras capitanas y nuestros capitanes les cerrará la puerta a los oportunistas y no habrá de darles entrada a los acomodados de siempre (que en estos meses y días hemos visto darse vuelta sin pudor alguno).
Llegará el tiempo en que los organismos multilaterales de crédito deberán esperar y a las calificadoras de riesgo se les van a cambiar sus sainetes. Aquí en el Uruguay el riesgo mayor que verdaderamente nos importa es que la gente no pueda vivir feliz. Nos hemos juramentado con nuestros corazones a hacer todo lo que esté a nuestro alcance, siempre en medio del calor y las críticas de los hombres y las mujeres de nuestro pueblo, para que mucho antes de lo que los poderosos imaginan hagamos realidad un Uruguay mucho mejor, más bueno, humano, solidario y libertario para nuestros compatriotas.
Si el amor y la alegría nos trajeron hasta aquí, con ellos seguiremos transformando todas y cada una de las injusticias que todavía quedan y deberían avergonzar a los poderosos. El camino de la solidaridad y la justicia social en una verdadera democracia a pesar del tropezón del domingo, decididamente, no tiene retorno.
¡Honor y gloria, valientes orientales!
Adolfo Bertoni
Expresidente de la Asociación de Trabajadores de la Seguridad Social