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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáLa verdad es que, a mi edad, una de las cosas que llevo con orgullo, muchas otras no tanto, es haber construido mi presente sin pedir mucho.
Trabajé 37 años en la Cooperativa Magisterial. Ingresé en 1985 de peón/limpiador (grado 11) y ascendí, por la vía del concurso de oposición y méritos, peldaño a peldaño, hasta jefe de Ventas grado 5 (finalmente no fui confirmado, algo técnico se terminó politizando y pagué viejas deudas. No me arrepiento. La vida es así). Me jubilé hace un par de años como subjefe de Ventas grado 6. También me desempeñé como periodista deportivo en Últimas Noticias y Montevideo Portal.
¿A qué viene mi presentación? A que intento desmarcarme de cualquier pensamiento que pretenda vincularme con algún interés político o con algo que se le parezca.
He leído en redes sociales ataques virulentos hacia la ministra de Salud Pública Cristina Lustemberg. Tengo el agrado de ser vecino de su madre y conocer a la secretaria de Estado personalmente. No soy amigo ni siquiera allegado. Solamente la veo con poca frecuencia. Pero siempre he observado una humildad, un don de buena gente, una sensibilidad hacia los más carenciados que es digna de destacar.
Es claro que, a mi entender, no hay político sin ambición. Cualquier persona que quiera incidir en una realidad que percibe injusta debe anhelar un trozo de poder para poder llevar a cabo sus ideas. Pero ella ha llegado por sus propios méritos, hasta donde yo sé, sin embarrar la cancha y con las mejores intenciones del mundo.
Otra aclaración. No soy votante de izquierda. Todo lo contrario. Mi pensamiento es netamente de corte liberal. Sería muy difícil, no imposible porque el hábito del cambio convive, gracias a Dios, en mi ser, votar al Frente Amplio.
Pero lo justo es justo. Por ejemplo, me resultó indignante que la trataran con un adjetivo que no quiero reproducir por haberse tomado un avión a Artigas, cuando eso incluso debe formar parte del protocolo y le evita un viaje de ocho horas.
Está claro que todos los comentarios, juicios y acusaciones a cualquier persona pública por lo general van acompañados de un total desconocimiento de la persona aludida. Pero no es menos cierto que a uno le hierve la sangre cuando conoce de cerca la realidad y a la persona de marras y, para reparar el daño, debe expresarse de la manera más clara, precisa y contundente posible, de modo de calmar las aguas y lograr que los focos alumbren donde tienen que hacerlo, y no donde generan más oscuridad que luz.
Gonzalo Segundo