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Los puertos en nuestro país se encuentran inmersos en un peligroso espiral de parálisis y distracción. Lo que debería ser un motor de prosperidad y un reflejo de nuestra capacidad comercial se ha transformado en el epicentro de disputas políticas que consumen la energía y el tiempo de la administración.
Hace más de nueve meses que temas de trascendental importancia para la competitividad portuaria esperan por decisiones concretas. La confrontación por ascensos, compensaciones y los laberintos administrativos nos han desviado del verdadero norte.
Las nuevas autoridades sabían que se enfrentaban a grandes desafíos para corregir un rumbo que no fue el mejor, pero lamentablemente esas disputas e inacción política han tenido consecuencias catastróficas en el ámbito comercial: 13 meses sin gran parte de los trasbordos que son vitales para el volumen y la rentabilidad del puerto, cancelación de escalas de navieras de primer nivel, una señal inequívoca del deterioro de nuestra imagen internacional y de la pérdida de confianza, números que, según la propia Administración Nacional de Puertos (ANP), son alarmantes y comprometen futuras inversiones.
Mientras la atención pública y administrativa se centra en lo doméstico, discutiendo salarios, jerarquías internas o quién ocupa qué oficina, la verdadera crisis nos está tapando. La imagen que proyectamos al mundo es, sencillamente, lamentable.
Hemos abierto la caja de Pandora en el puerto. De esta caja, llena de disputas por cargos y luchas políticas menores, no han salido solo los males internos; han brotado a la luz los verdaderos demonios que hoy amenazan nuestra economía: el estancamiento, la pérdida de competitividad y la falta de gestión de los temas importantes y urgentes.
El negocio de los contendores se desploma, estamos en el lugar 19 de 20, compitiendo por el último lugar con un puerto secundario como Paranaguá, caídas del 40%, tarifas por las nubes e incontrolables, y servicios de muy mala calidad producto del desconocimiento, la improvisación y la falta de gestión.
Mientras tanto, la realidad exterior nos pasa por encima a pasos agigantados. Los puertos de Brasil crecen exponencialmente, y nuestros vecinos han sabido acomodar el cuerpo a los vaivenes geopolíticos y comerciales, asegurando su posición. Nosotros, en cambio, seguimos sumidos en la pequeña política, permitiendo que lo administrativo tape de forma permanente lo verdaderamente importante: la supervivencia de nuestro comercio exterior.
Dra. Silvia Etchebarne Vivian
Magíster en Logística y Gestión Portuaria