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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDesde hace un tiempo, en especial desde que el actual presidente argentino Javier Milei adquirió notoriedad pública, el libertarismo o el ser libertario pasaron a ser palabras más frecuentes en nuestro hablar cotidiano. Sin embargo, a la luz de lo que se ve en la discusión pública no se sabe muy bien qué significan. Pienso que tal vez sea útil contribuir a aclarar un poco la cosa.
El libro de Germán Deagosto Leones y corderos, al cual me referí en su momento en sendas cartas bajo el seudónimo Isaiah Berlin (hablando de libertad), explora el asunto, pero aun así creo que se necesita insistir en la clarificación de los conceptos.
Para ello recurriré a lo que al respecto sostiene la academia. En este caso, a lo que sostiene la Universidad de Stanford en su notable y reconocida Enciclopedia de filosofía, accesible por cualquiera que comprenda el idioma inglés (https://plato.stanford.edu/).
Un microscópico resumen de la ponencia Libertarismo de Bas van der Vossen y Billy Christmas, actualizada al 2023, es lo que me propongo presentar acá a los amigos lectores. Algo es algo. Trataré de ponerlo en un lenguaje amable sin que se pierda rigurosidad. En algunos casos tomaré prestada las palabras de los expertos traducidas libremente a nuestro idioma.
Primero, lo básico. Cuando hablamos de libertarismo (o libertarianismo) hablamos de “una familia de perspectivas de filosofía política”. Es decir que hablamos de una corriente de ideas con matices internos que representa una manera de ver la política y que adopta ciertos principios básicos que la distinguen. Otras especies del género son: liberalismo, marxismo, republicanismo, comunitarismo, feminismo, etc.
Para los libertarios “la libertad individual es el valor político fundamental” y “la coerción” es para ellos “la antítesis de esa libertad”. Así, entienden que, mientras la gente puede ser forzada a hacer ciertas cosas —lo más obvio, abstenerse de infringir la libertad de los demás—, en cambio no pueden ser obligados a asistir a los demás, ni siquiera por su propio bien.
Los libertarios típicamente defienden una economía de libre mercado basada en los derechos de propiedad privada, libertad de contratación y cooperación voluntaria. Y entienden que las políticas redistributivas a la que muchos Estados se abocan es un uso injustificado de la coerción, que viola los derechos (de propiedad) de los individuos. Algo similar sostienen en relación con otras formas de regulación económica.
Defienden un Estado de tamaño mínimo, suficiente para asegurar la vigencia de “un sistema de derechos que facilite la cooperación social, y no mucho más”. Sostienen que “casi toda la actividad del Estado es injusta, y que las intervenciones del Estado en la economía son tan problemáticas desde el punto de vista moral como las intervenciones del Estado en nuestras elecciones personales acerca de nuestros respectivos cuerpos y vidas sociales”. No cabe aquí la manida afirmación que a veces se escucha en gente de izquierda de que se es liberal excepto en lo económico. Yo entiendo que tampoco cabe en el liberalismo, pero admito que en la frontera izquierda este asunto podría discutirse.
Es frecuente identificar al libertarismo como una doctrina de “derecha”, pero esto no es así en todos los planos. En cuestiones sociales puede ser visto como de izquierda en cuanto defiende una libertad social radical en la forma de libertad de asociación, de expresión cultural y religiosa, y de cuestiones sexuales y de género. Asimismo, en cuestiones de política exterior se opone a restricciones de frontera y a la guerra. Sin embargo, en cuestiones económicas, su posición es contraria a la de la izquierda, aunque una rama se autodenomina “libertarismo de izquierda” porque entiende que los empresarios que se apropian de recursos naturales le deben una parte a la humanidad, dado que dichos recursos no son libres sino, justamente, de propiedad de todos. Pero, salvando ese aspecto, los libertarios son los defensores más acérrimos de la libertad, en especial la económica, y de la propiedad privada.
El libertarismo pertenece a la misma familia que el liberalismo, pero no es lo mismo. Se distinguen por cuestiones de énfasis. El primero aboga por un Estado que tenga solo las atribuciones centrales para que la iniciativa privada florezca, mientras que el segundo prefiere un Estado con mayores y más diversas atribuciones y un individuo con libertades pero con un balance intersubjetivo algo más garantizado por aquel. Así, el libertario es el mayor defensor del individualismo. El liberal también lo defiende, pero con ciertas cotas mínimas de bienestar que entiende debe ser asegurado a todos los ciudadanos, y por esto sostiene que los individuos (a través del Estado) están obligados en cierta medida a prestar asistencia a sus conciudadanos.
El grado de asistencia que se considere que el Estado debe brindar a sus ciudadanos define cuán a la izquierda el liberalismo llega. Contrario a lo que muchos creen, también existe liberalismo “de izquierda”, como lo es el llamado “liberalismo igualitario” (Rawls o Dworkin) y, a mi juicio, también lo es la socialdemocracia o el socioliberalismo. Por esto, es erróneo identificar liberalismo con “derecha”. Hacia la izquierda, el liberalismo termina cuando comienza el marxismo o las corrientes que de él se derivan o en él se inspiran.
Pero, volviendo al libertarismo, si lo clasificamos en el eje izquierda-derecha a partir de su compromiso con el bien colectivo, sin dudas está en el extremo derecho (aunque, como ya dijimos, tiene atributos de izquierda, lo que pone de manifiesto las limitaciones descriptivas del eje anterior). Es importante tener claro que esto no convierte al libertarismo en fascismo, una desviación que muchas veces es sostenida erróneamente. El libertario puede ser un riguroso demócrata, intolerante con los movimientos totalitarios (ya que estos últimos atentan contra la libertad, que es su bien más preciado).
Asi, pues, ¿es Milei libertario? Es lo que dice. Habrá que ver lo que hace.
Leonardo Decarlini