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    Mitos, superhéroes y leyendas

    Sr. director:

    “Entonces la Fama, la diosa del rumor, alzó el vuelo y recorrió las ciudades de Libia. Esta divinidad es en extremo movediza por naturaleza. En cuanto sale de su retiro, es al principio diminuta y tímida pero pronto adquiere fuerza y volumen, se eleva en el aire y mientras sus pies se deslizan por el suelo, su cabeza se oculta en las nubes. Su figura es horrible, vuela entre cielo y tierra, murmura por entre las sombras, y provoca el espanto en la ciudad y en el campo con su horrible grito, sin que se note diferencia cuando proclama la verdad o cuando difunde la mentira y el engaño” (Gustav Schwab, Las más bellas leyendas de la Antigüedad clásica. Barcelona: RBA, 2023, p. 860).

    Los mitos parecen haber brotado del intento de explicar el mundo y responder desde una concepción de lo sagrado a los interrogantes planteados por el hombre ante los misterios de la existencia; los cuentos populares tienen desde sus comienzos la pretensión básica de aleccionar, entretener y conjugar con la imaginación los agobios de una realidad demasiado hostil para las clases más bajas de la sociedad humana; las leyendas en cambio nacen con el afán de ser memoria de las distintas comunidades y en especial de algunos de sus individuos, y justificar así sus poderes, presuntamente vinculados con los héroes de tiempos primigenios. Los mitos, cuentos y leyendas impactan en la evolución humana impulsadas por el lenguaje, un factor fundamental. La capacidad de comunicarse de manera eficaz dio origen a la narrativa, con su particularidad ontológica de transformar la información en emoción, dando origen al “relato”, que, por tanto, es aprendida rápidamente. El relato no debe ser tanto racional como sentimental, más que apelar a datos y hechos, apelar a las emociones de los escuchas. A la gente no se le da eso de pensar, de manera que las conductas son moldeadas por emociones y sentimientos, el relato impulsa los comportamientos, usando palabras talismán, eslóganes que impacten en los signos y símbolos que encajan con el pensamiento simbólico de los “sapiens”.

    El pensamiento simbólico está relacionado con la memoria episódica (aquella que nos permite recordar nuestras experiencias vividas), que es propia de los seres humanos y guarda relación estrecha con la conciencia y la autoconciencia y, por tanto, con el lenguaje que permite comunicarlo. Lo relevante es que suceden juntos. El lenguaje es una forma de comunicación por símbolos. Símbolo es todo signo arbitrario con un significado solo accesible a la comunidad lingüística que lo ha elaborado. Los símbolos están localizados, son elementos culturales que se replican y transmiten entre grupos humanos a través de la imitación (neuronas espejo).

    La “capacidad simbólica” es una singularidad de los Homo sapiens, tenemos una representación mental de todo aquello que guarda relación con nuestra identidad, trátese de rostros, de objetos personales o de nombres. Se desconoce cómo surgió, si fue de manera gradual o una mutación neuronal que nos permitió ingresar en una nueva dimensión de la realidad. Por eso, hoy no es raro que los “más civilizados” conserven restos del pensamiento mágico que se atribuye a los salvajes.

    Si se tienen en cuenta los factores que intervienen en la creación de la “capacidad simbólica” en los humanos: el “yo” (conciencia y metaconciencia), la memoria episódica y el lenguaje, se puede afirmar que el que maneje la capacidad simbólica del grupo conduce su destino.

    ¿Cómo se explican desde la ciencia estos mecanismos cognitivos que favorecen la propagación de mitos, superhéroes y leyendas? ¿Por qué son tan difíciles de suprimir? Las personas evalúan la veracidad de la nueva información a partir de una serie de criterios. Lo primero que hacemos es confirmarlo con gente de nuestra confianza. Ahí ocurre algo paradójico, confiamos más en nuestras creencias cuando son compartidas por otros. “Las personas pueden mantener una fe inquebrantable en una afirmación por absurda que sea cuando se sienten respaldadas por una comunidad de creyentes con su misma mentalidad” (Daniel Kahneman, Pensar rápido, pensar despacio, Sudamericana, 2012, p. 392). También la frecuencia con que se recibe una información, actúa en igual sentido. Cuanto más familiar nos resulta una creencia, más verdadera nos parece. Estudiosos de la vida política han observado que la heurística de la disponibilidad ayuda a explicar por qué algunos asuntos están muy presentes en la mente del público mientras otros caen en el olvido. La gente tiende a evaluar la importancia relativa a ciertos asuntos según la facilidad con la cual son traídos a la memoria, y esto viene en gran medida determinado por el grado de cobertura que encuentran en los medios. Los temas frecuentemente mencionados pueblan las mentes tanto como otros se escapan de la conciencia. Y viceversa, lo que para los medios es noticia, corresponde según ellos, están comúnmente en la mente del público” (Kahneman, ibidem, p. 174). En suma, “para experimentar mayor facilidad cognitiva se perciben sólo palabras que hemos visto con anterioridad y es esa sensación de facilidad la que nos deja la impresión de familiaridad” (Kahneman, ibidem, p. 86).

    “Una manera segura de que la gente crea falsedades es la repetición frecuente, porque la familiaridad no es fácilmente distinguible de la verdad” (Kahneman, ibidem, p. 88). El efecto mental es el efecto de validez. Como todo el día estamos recibiendo nueva información y resulta imposible chequear todo el tiempo cuántas personas creen en algo, entendemos si se escucha reiteradamente la misma historia, eso implica que goza de “una amplia difusión. No sólo la historia nos resulta familiar, sino que nos da la impresión de que es compartida por mucha gente”.

    Además, para determinar que una información es verdadera, se considera la evidencia que la apoya. No siempre buscar dicha evidencia es una práctica habitual. Por tanto, resulta difícil pensar argumentos que la apoyen. Mitos, superhéroes y leyendas se caracterizan porque sus argumentos son sencillos y fáciles de procesar y, por tanto, son más poderosos que los sesudos razonamientos. La coherencia de las historias es otro aspecto importante. Cuando los diferentes datos forman un todo coherente, que tiene sentido, se tiende a creer en su veracidad. Es más probable que se considere verdad aquella información que es consistente con nuestras creencias y conocimientos previos. Por el contrario, cuando algo es inconsistente con nuestra forma de ver el mundo, se experimentan reacciones afectivas negativas.

    En ausencia de información concreta sobre la credibilidad de la fuente, cobra relevancia nuevamente la familiaridad aparente. Ver repetidamente una cara incrementa nuestra percepción de honestidad y sinceridad. Las fuentes resultan más creíbles cuando transmiten mensajes claros, comprensibles y fáciles de procesar, con un alto contenido emocional, generalmente ligado a la capacidad simbólica propia del grupo. Un argumento ad populum (en latín, “dirigido al pueblo”) o sofisma populista es una falacia que implica responder a un argumento o a una afirmación refiriéndose a la supuesta opinión que de ello tiene la gente en general, en lugar de al argumento por sí mismo. Se suele tomar como que un argumento es válido solo porque mucha gente lo cree así. Un argumento ad populum tiene esta estructura: para la mayoría, A es verdadero; por lo tanto, A es verdadero.

    Los argumentos ad populum se suelen usar en discursos más o menos populistas, y también en las discusiones cotidianas. También se utiliza en política y en los medios de comunicación, aunque no es tan poderosa como el argumentum ad hominem. Suele adquirir mayor firmeza cuando va acompañada de un sondeo o encuesta que respalda la afirmación falaz. A pesar de todo, es bastante sutil y para oídos poco acostumbrados al razonamiento puede pasar inadvertido. Según William Shakespeare, el triunviro romano Marco Antonio logró gran popularidad luego de la muerte de Julio César con ese tipo de argumentaciones.

    Por ejemplo:

    • “Este artista debe de ser muy bueno, ya que millones de fanes no pueden estar equivocados”.
    • “Esta marca es la marca líder en Europa; por eso, deberías comprar sus productos”.
    • “Todo un pueblo no puede equivocarse”.

    Cuando los mitos, superhéroes y leyendas se propagan, resulta muy difícil contraatacarlas. Retractar una historia o un superhéroe falaz, implica, en primer lugar, mencionarlos. Esto ocurre en el clásico formato de mito vs. realidad, donde se expone primero el mito y luego los hechos que lo contradicen. Así, al repetir el mito inventado para desterrarlo, se corre el riesgo de propagarla hacia la audiencia que nunca lo había escuchado. Además de enfrentar mitos y realidades, promueven la idea de que pueden existir controversias entre ambas posturas. También influye la tenacidad y persistencia de una religión, ideología o grupo político, de repetir el mito o ensalzar a su superhéroe, dándoles un carácter místico, encajando con la adictiva capacidad simbólica humana. En su obra El Príncipe, capítulo XI de los principados eclesiásticos, Nicolás Maquiavelo sostiene que estos están sostenidos por las antiguas instituciones de la religión, son fuertes y eficaces en mantener a sus príncipes en el poder sea cual sea su manera de proceder y de vivir. “Estos principados son seguros y felices por estar regidos por razones superiores que la mente humana no alcanza, como son creados y mantenidos por Dios”.

    Esta fantástica observación de Maquiavelo se ve reafirmada y actualizada por Neil MacGregor (Glasgow, 1946) historiador del arte. Entre 1987 y 2002 fue director de la National Gallery de Londres. Desde entonces dirige el British Museum. En 2010 fue nombrado miembro de la Order of Merit, el máximo honor para un civil del Reino Unido) cuando afirmó: “Las sociedades necesitan un relato para sobrevivir. Pero no un relato cualquiera, sino uno que trascienda a los individuos y los explique como miembros de una comunidad que existe antes que ellos y los sobrevive. Dicho de otro modo, requerimos de una creencia, un dios, una religión. Y está comprobado que, sin una combinación de identidad política y religiosa, ninguna sociedad tiene futuro”.

    La manera de combatir los mitos, superhéroes y leyendas es presentar la información de manera clara, comprensible y coherente, sin poner en el centro el falso mito, superhéroe y/o leyenda. Incrementar la fluidez y familiaridad de la información correcta. Desarrollar estrategias educativas que brinden herramientas para evaluar la calidad de la información que se recibe y fomentar el pensamiento crítico.

    Se trata de estar atentos para que la verdad no sea ni lo primero ni lo último que se pierda. Es que con los mitos, superhéroes y leyendas ocurre:

    “Al principio nada viene, en el medio nada permanece, al final nada se va”. Jetsun Milarepa (poeta tibetano del siglo XII).

    Rafael Rubio

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