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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáAcabo de regresar de un viaje a Italia y en Florencia me encontré con dos de mis obras de arte preferidas: el David de Michelangelo y las Puertas del Paraíso de Lorenzo Gilberti.
Ello me hizo recordar una propuesta que hice hace años a la Intendencia de Montevideo, sin ningún éxito desde luego. Todo se originó en una anécdota sucedida durante mi primer viaje a Italia en los años noventa. Por ello comienzo relatando esa historia que explicará mi propuesta.
En ese primer viaje tomamos una excursión (muy cómoda, pero nunca más).
Cuando llegamos a Florencia el guía nos paseó por esa ciudad maravillosa. Mientras mirábamos extasiados el David de Michelangelo y el hombre cantaba loas a la estatua, a mí se me ocurrió comentar que en Montevideo también teníamos un David. Me miró con cara de sospecha. Dijo que era imposible, que no se permitían copias. Tuvieron que salir mi esposa y otra uruguaya que había en el grupo de testigos de que efectivamente tenemos una réplica del David en Uruguay.
Al rato estábamos ante la catedral de Santa María dei Fiore. El hombre nos comenzó a contar la historia de las puertas del baptisterio, obra de Lorenzo Gilberti, a las que Miguel Angel bautizó como las Puertas del Paraíso. Realmente algo para no perderse. Giorgio Vasari dijo que era “la obra de arte más fina jamás creada”.
Y de inmediato nos aclaró que esa puerta no era la original. Como la original estaba muy deteriorada por el esmog y la humedad, un millonario japonés se había ofrecido a sacar una réplica a cambio de que le permitieran hacer una copia para él. Así —dijo el guía— hay tres puertas: la original, que está guardada en Museo dell’Opera del Duomo, esta réplica que ven aquí, y la que tiene el japonés que financió la restauración”. Actualmente hay una placa de bronce en el lugar que agradece a dicho millonario por su generosidad.
Pero ese día yo no tuve mejor idea que decir: “En realidad hay cuatro. La cuarta la tenemos en el salón Azul de la Intendencia de Montevideo”. Allí el guía pasó del escepticismo al enojo. No me quiso creer, dijo que era imposible. Y me gané una injusta fama de mentiroso contumaz.
Cuando llegamos a Padua y admiramos la estatua del Gattamelata, el hombre nos contó que era obra de Donatello y que era la primera estatua ecuestre del Renacimiento. Mi amiga uruguaya se me acercó al oído y me dijo: “Fernando, no vayas a decir que tenemos un Gattamelata en Montevideo, porque llama a los carabinieri y te arresta”.
Ahora bien, disculparán esta larga introducción, pero era necesaria para explicar mi propuesta, que tiene dos partes.
La primera refiere a que el David en su actual ubicación está absolutamente desperdiciado. Nadie lo mira, los uruguayos no le prestamos atención. Y los turistas ni se enteran de que tenemos esa maravilla aquí al alcance de todos. En cualquier otro lugar del mundo, no solo estaría en un entorno mucho mejor, sino que la publicidad promovería su visita como un “must” para cualquiera que visite la ciudad. Lo que propongo es mover el David al centro de la plaza Matriz.
Y la segunda propuesta es mover también la Puerta del Paraíso de Lorenzo Gilberti y ponerla en el Cabildo o, mejor aún, en la catedral, ya que fue creada para y pertenece a un edificio religioso. Ojo, si no quieren perder la del salón Azul, se puede hacer una nueva copia (aunque rabien los italianos).
Crearíamos una pequeña Florencia a donde llevar a los turistas de los cruceros (y de los otros) y sin duda sería una atracción de categoría internacional para la Ciudad Vieja de Montevideo. Un infaltable, algo que ningún turista se debería perder.
Me han dicho que la fuente que ahora está en la plaza Matriz no se puede tocar porque es patrimonio. Pues pueden dejarla allí o, mejor aún, podrían moverla a la plazoleta frente al edificio de la OSE ya que conmemora la inauguración del primer servicio de agua corriente en Montevideo.
Ahora leo en los diarios que el intendente Bergara piensa promover una revitalización de la Ciudad Vieja y que se están estudiando iniciativas para lograrlo. Les deseo el mejor de los éxitos y de paso repito mi propuesta: transformemos Montevideo en la Florencia del sur.
Fernando Aguirre Ramírez