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¿Ha visto usted recientemente algún niño pidiendo? Si lo vió… siga leyendo.
Voy a mezclar dos refranes populares en Uruguay. Pan para hoy... Enseñar a pescar... Está muy bien que se dé pan para comer hoy si se tiene hambre y no se tiene comida, es pan para hoy, pero dar solo pan, digamos, dar pescado, también puede ser hambre para mañana. Lo que puede sacar de mendigar comida a los que no la tienen es “aprender a pescar”, y a eso se le dice “laburar”. Por ello es bueno, antes de tener que laburar, ponerse a estudiar. A estudiar algo que le vaya a servir para algo al hoy estudiante, mañana, con suerte, laburante. Siempre vigente Bulat: “Para salir de pobre hay que estudiar”.1
No digo mandar a la escuela a los adultos, pero sí a los niños y muy especialmente a los adolescentes. Generalmente, el hijo de quien está en situación de extrema pobreza no va todos los días a la escuela. Y si va a una de cuatro horas, ahí no come. Después, tristemente, los papás los llevan a la calle a rebuscarse la monedita, la limosna, cualquiera. Esos infelices no van a laburar nunca, no los estamos ayudando a que lo hagan. Los estamos condenando a ser eternos “pescado dependientes”. O… empujándolos a la mendicidad o, peor, a la “rápida pal peso”: el mundo narco.
Por esta realidad de mi país defiendo con vehemencia las escuelas y los liceos de tiempo completo. Lugares con tres comidas, pero con apoyo y educación. Y, de paso, durante esas ocho horas de escuela, el padre o la madre pueden ir a trabajar, o podremos (¡debemos!) enseñarles a hacer algo para que quieran, puedan e intenten conseguir trabajo digno. Les dará, además de dignidad, autonomía. Respeto por sí mismos.
En las escuelas, UTU y liceos de tiempo completo los niños y los muchachos comen, pero también aprenden a leer, a escribir, adquieren “comprensión lectora” sin la cual luego estarán condenados a ser “pescado dependientes” e incapaces de disfrutar del fruto de su trabajo.
Lamentablemente, el actual presupuesto que el Poder Ejecutivo remitió al Parlamento no crea más institutos María Espínola de los 65 existentes. Son parte de los 136 liceos de tiempo completo en zonas carenciadas que propuso Ernesto Talvi, y que creo el Presupuesto del gobierno de la Coalición Republicana aprobó y que Robert Silva implementó. Hacen falta más.
Pero, por suerte, el presidente del Codicen, Pablo Caggiani, anunció que se construirán… ¡60 nuevos comedores! Esto es una excelente noticia.
Porque (otro refrán) “es el mismo perro, pero con distinto collar”. Algunos dirán “parecido no es lo mismo” y así no se da el brazo a torcer reconociendo que la idea de Talvi era buena, oportuna y, yo diría, necesaria. Necesaria para los niños y jóvenes que concurrirán a los comedores de Caggiani o a los liceos de Talvi. Da igual. Comidos, atendidos, cuidados, aprendiendo y, probablemente, comenzando a dejar de ser “pescado dependientes”.
Y repito algo que anoté antes, porque no es menor: también debemos ayudar a los papás de estos chiquilines a que logren trabajar, mientras los chiquilines están aprendiendo, comidos, seguros y atendidos. Y hago otra cita, de alguien con quien discrepo en algunas cosas, pero con quien coincido en muchas, Richard Read: “Quiero trabajadores y no lumpen”.2
Nilo Pérez
1. Tomás Bulat (1964–2015), economista y periodista argentino.
2. Revista Galería, 853, mayo de 2017.