Sr. director:
Sr. director:
Accedé a una selección de artículos gratuitos, alertas de noticias y boletines exclusivos de Búsqueda y Galería.
El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáDesafortunadamente, en la década de 1960 irrumpió en nuestro país una guerrilla que, a través de su accionar, instauró en plena democracia una “década de terror” para llevarse a cuestas a la república. ¿La metodología? Atentados, secuestros, extorsiones, robos, torturas, asesinatos, etc. Todos ellos perpetrados de manera solapada, alevosa y traicionera, enmascarados bajo un culto profesional a la deslealtad. El Estado, inerte y sobrepasado, recurre a través de su Parlamento a votar el “Estado de Guerra Interno” para que esta guerra contrarrevolucionaria, como debe ser, fuese combatida por sus Fuerzas Conjuntas.
El asesinato de más de 70 personas, pérdidas incuantificables del erario público y privado, la extorsión a la Justicia, el secuestro a autoridades internacionales, la alianza con países que los patrocinaban y con movimientos terroristas internacionales fueron el macabro saldo de este delirio. El resultado final, una derrota a la guerrilla, con violación de DD.HH. de ambos bandos y un costo institucional que derivó en un golpe de Estado encabezado por el presidente elegido democráticamente y la posterior continuidad por más de una década de una dictadura cívico-militar. Son pertinentes aquellas reflexiones atribuidas a Cicerón (103-43 a. C.), cuando se vivía la crisis final de la República romana por los conflictos internos entre Julio César y Pompeyo, que sostenía: “La República la hemos perdido”. Yo me permito complementar, la arrebataron los terroristas.
Resulta muy oportuno, en las actuales circunstancias de omisión a la voluntad ciudadana, recordar que aquella dictadura cívico-militar sí obedeció el mandato popular y reintegró su gobierno de hecho a las autoridades legalmente electas. Pero esta época no fue inocua, por el contrario, fue muy cruenta, y muchos de los servidores (civiles, policías, militares, etc.) que sostuvieron al Estado fueron masacrados. Pero lo más penoso es la actual indiferencia que evidencia la población y los partidos políticos para con ellos. Es elocuente la inasistencia de miembros del gobierno y de integrantes de los partidos políticos fundacionales en cualquier acto que recuerde su memoria. No reparan en ellos ni siquiera en sus encendidos discursos.
Por otro lado, se votan reparaciones millonarias desde hace 20 años a los miembros de la guerrilla y a sus descendientes, los homenajean con memoriales que recuerdan sus “hazañas” y le asignan una visibilidad permanente a las consecuencias sufridas por un solo bando de esta guerrilla innecesaria en los medios de comunicación masivos.
O sea, el negacionismo y silencio que impera para los servidores y sus familias hace mucho ruido.
Pero lo más asombroso, que al menos yo recuerde, es la antiética —como frase más generosa— de la postura que asumió recientemente el Canal 4, ante la publicidad contratada para proyectar un audiovisual (de un minuto) solventado por las Asociaciones Militares de Personal Superior y Subalterno de las FF.AA. para recordar el atentado terrorista que asesinó a cuatro jóvenes soldados el 18 de mayo de 1972.
Inauditamente, con cinco días de anticipación, después de haber cobrado por este servicio y a solo 48 horas de su emisión, comunicaron que no lo exhibirían y que reintegrarían el dinero.
Una actitud confusa y sombría. Como no manifestaron los motivos —porque, obviamente, son una empresa privada— tengo que aventurarme a inferir que una de las causas más robustas debe haber sido que sus expectativas económicas de dependencia de la publicidad estatal se podrían ver afectadas. De ser así, habría que suponer también que el Canal 4 estaba persuadido de que el gobierno quiere negar los hechos del pasado que no son de su interés y, por propiedad transitiva, les reduciría su publicidad, lo que me lleva a sospechar que se transformó en cómplice de esta postura, renunciando a su objetividad, al derecho de libre expresión y a la ética de la información pública.
Cualquiera sea la causa, este inducido negacionismo comercial es una alarma que preocupa y que nos va conduciendo a un absolutismo desmoralizante con un muy nocivo mensaje a las generaciones presentes y futuras, donde el dolor de las familias y camaradas de armas no están ajenos.
Tenemos la esperanza, que esta decisión haya sido producto únicamente de las dificultades económicas y que quede olvidada en la más pobre historia del Canal 4.
Cnel. (R) Pedro Vidal Malvárez