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    Sobre el dinero

    Sr. director:

    Un librito interesante de Yuval Harari trata, entre otros temas, los del dinero y el crédito. Según Harari, estas son dos maravillas creativas de la inteligencia humana; sin dejar de reconocer los graves problemas que pueden originar ambos fenómenos.

    Escribo sobre el primer caso de los considerados por Harari, por cierto, un intelectual muy brillante y original.

    El dinero es una ficción de la mente humana, viene a decir Harari. El dinero es un símbolo, una metáfora de la riqueza y que existe solamente porque todos creemos en él. Un trozo de papel con la cara de algún prócer estampada carece casi totalmente de valor, salvo el que nos pongamos de acuerdo en darle. Además, el dinero exige que se dé un fenómeno rarísimo entre los seres humanos, que es la unanimidad. Salvo algún anacoreta o ermitaño que viva en una cueva y coma bayas, todos reconocen su “valor”. Prácticamente ya no hay tribus indígenas aisladas de la civilización que practiquen el trueque como medio primitivo de intercambio.

    Al parecer, como primeras formas de dinero se usaron objetos materiales pequeños de los cuales había grandes cantidades, por ejemplo, conchas de molusco (esto sería seguramente en sociedades que explotaran la riqueza marina). Antes de esto, aproximadamente en el 10000 a. C., cuando se inventó la agricultura, el trueque era la forma de intercambio habitual. Pero el trueque es sumamente engorroso e inefectivo. Supongamos que yo tengo una vaca y usted 3 kilos de manzanas. Es bastante evidente que la vaca tiene bastante más valor: un grupo de personas se alimenta mucho más y mejor de una vaca que de unas pocas manzanas. Se me ocurre una forma en que sería posible el cambio, que es si usted precisa leche. Allí fácilmente nos ponemos de acuerdo, por ejemplo, en intercambiar 3 litros de leche por 3 kilos de manzanas. Pero ¿qué pasa si usted quiere carne? No me conviene darle 300 kilos de carne por sus manzanas. Tendría que matar la vaca y darle a usted, por ejemplo, 3 kilos de carne, pero me queda de clavo todo el resto, y tengo que encontrar a alguien a quien cambiárselo por algo que me sirva. Además, una vaca muerta no se puede ordeñar, o sea que me quedé sin leche, cosa que si tengo hijos pequeños es grave. Fácilmente se comprenden las enormes limitaciones de este sistema. Un gran avance se logró al empezar a utilizar algo llamado dinero, por ejemplo, conchas de molusco o garbanzos, mucho más prácticos porque su valor se determinaba fácilmente por su número; 6 conchas valían el doble de 3. Resultaron muy útiles hasta cierto punto porque esta clase de cosas eran bastante rígidas en cuanto a su número. Suponemos que las nuevas generaciones de moluscos generarían conchas nuevas, pero a la vez otras se quebrarían o estropearían, de manera que el crecimiento era muy dudoso. Y esto significaba que era muy difícil incrementar la producción sin generar graves desequilibrios. Supongamos que la producción de bienes de una sociedad aumentaba al doble, pero el número de conchas se mantenía igual. Esto quiere decir que la misma concha llegaría a tener el doble de valor, y esto podría ocasionar muchas situaciones injustas y conflictos en esas sociedades, como acumulaciones excesivas de bienes por parte de unos pocos (¿les suena conocido?). No se podían imprimir las conchas faltantes.

    La invención del papel , de la imprenta, de los bancos y de otra cantidad de cosas, como la llegada del oro y la plata de América, los avances científicos, la invención de la imprenta y la expansión del conocimiento subsiguiente, los grandes adelantos en la navegación hicieron que la cantidad de dinero se adecuara al gran crecimiento de la producción, consecuencia de los avances tecnológicos que se desplegaron como de repente a partir del 1500 y sobre todo del 1700.

    Todo eso exigió un cambio enorme de la forma de pensar sobre el intercambio personal y comercial, ya que las sociedades empezaron a verse a sí mismas de otra manera: como entes capaces de aumentar progresivamente su riqueza, y esto sucedió primero en forma gradual y luego exponencial. Seguramente este cambio en el pensamiento fue en parte espontáneo dada la evolución de las circunstancias económicas y también impuesto por los gobiernos, ya que el crecimiento estaba directamente vinculado a sus intereses.

    Hoy día el dinero físico está en franca decadencia, sustituido por las transacciones digitales, lo cual le añade un grado sustantivo de inmaterialidad: todos confiamos en que ese numerito que apareció o desapareció de nuestra cuenta tiene una existencia real, de la que carece totalmente. Pero el hecho de que todos acordamos que representa un monto de riqueza intercambiable hace que el sistema funciona perfectamente.

    La evolución de los medios de intercambio fue más o menos así. Por el 4000 a. C. se empezaron a usar bienes, como sal, cebada, conchas marinas, de los cuales había abundancia. Empezó a asignarse un valor ficticio a estos objetos, por ejemplo, una vaca valdría 500 conchas.

    En el período entre los siglos I y XV surgen las primeras monedas de oro y plata. Estos últimos materiales ya generaban un atractivo especial seguramente por su brillo y por su escasez. Las cosas demasiado abundantes, como el aire o el agua, no tienen valor simbólico de intercambio porque cualquiera puede conseguirlas sin esfuerzo (salvo en el desierto del Sahara o en el espacio exterior, pero son casos extremos), pero poseen un enorme valor real; sin aire o agua estamos fritos. En cambio, 2.000 conchas, por ejemplo, no servían para nada pero podría a lo mejor comprar 10 vacas con ellas. Denario romano, monedas bizantinas, dírhams islámicos o monedas chinas son ejemplos de monedas de oro o plata acuñadas en esa época.

    Entre los siglos VII y XVII aparece el papel moneda. En China surgieron los primeros billetes, y más tarde Europa adoptó la idea. Entre los siglos XVII y XVIII los bancos adoptaron el sistema de guardar oro para respaldar la emisión de dinero. En el supuesto de que el cliente quisiera obtener oro a cambio de sus billetes el banco se lo daría. Pero como casi nadie iba a pedir su oro, esto fue haciendo que los bancos emisores de moneda aumentaran la impresión de billetes sin un respaldo real. En el siglo XX directamente se abandonó el sistema y se utiliza el llamado dinero fiduciario, que respaldan el gobierno y la confianza general. Luego llegamos a la época del dinero ficticio, más intensa aún con la aparición de las criptomonedas.

    Ahora supongamos que usted es parte de una pandilla de asaltantes de bancos. Asaltan uno y se llevan un millón de dólares. En realidad, el valor real de lo que se están llevando oscila entre 500 y 1.000 dólares, que es el costo del papel, un poco más si tenemos en cuenta el trabajo de impresión. El valor ficticio y consensuado, en cambio, es efectivamente de un millón de dólares.

    Por todo esto, Harari sostiene que el dinero es una maravilla de la creatividad humana, una solución genial a un problema grave que obstaculizó el desarrollo y crecimiento de la economía y la prosperidad. Hoy día se dice que el capitalismo es un sistema perverso que lleva a la mayoría de la gente a la pobreza, lo cual es falso. Valga una sola cifra. En el 2000, 2.400 millones de personas vivían bajo la línea de pobreza. Hoy 800 millones están en esa situación, por supuesto que trágica y urgente y que exige medidas severas para su solución. Además, se considera que padecen pobreza extrema personas que tienen un ingreso prácticamente nulo, lo cual hace que muchos pobres que no están en esa condición estén muy cerca de la miseria. Pero la medida era la misma en el 2000, o sea que se ha mejorado o, para ser exactos, estamos menos peor.

    Alberto Magnone