Abandonar una carrera no necesariamente implica dejar los estudios. Detrás de tasas de desvinculación muy parecidas pueden esconderse trayectorias, dificultades y destinos diferentes: algunos estudiantes cambian de rumbo dentro de la educación terciaria; otros salen del sistema.
Esa es la principal conclusión de un trabajo estudiantil publicado recientemente por el Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración (FCEA) de la Universidad de la República. La investigación, elaborada por Camila Erosa y Jimena Padín, compara los patrones de abandono de quienes ingresaron a Economía en 2012 y a Contador Público en 2019.
En la generación de Economía, 111 de los 343 inscriptos abandonaron la carrera, un 32%. En Contador Público fueron 375 de 1.280, un 29%. Pero la similitud termina al observar qué ocurrió después: el 76% de los desvinculados de Economía continuó estudiando en otra carrera o institución, frente al 59% de los de Contador. Entre estos últimos, el 41% salió del sistema terciario, casi el doble que en Economía, donde esa proporción fue de 24%.
El análisis distingue entre un abandono “instruccional”, que supone dejar una carrera y continuar los estudios en otra, y uno “sistémico”, que implica salir del nivel terciario. En Economía predomina ampliamente el primero; en Contador, aunque también es mayoritario, el segundo tiene un peso bastante mayor.
El estudio considera que un alumno abandonó si pasó al menos un año académico sin actividad en la FCEA. Para el análisis, utilizó registros de la Universidad y encuestas a 80 desvinculados de Economía y 86 de Contador. Como compara carreras y generaciones distintas, los resultados no pueden extenderse al conjunto de la facultad ni interpretarse como una evolución en el tiempo.
Vocación y trabajo
Entre quienes abandonaron la carrera de Contador Público, el 58% trabajaba al comenzar y, de ellos, el 61% lo hacía por necesidad económica. Entre quienes continuaron estudiando, solo el 19% estaba ocupado. En Economía la diferencia fue menor: trabajaba el 32% de quienes luego se desvincularon, frente al 19% de quienes permanecieron, pero la necesidad económica no apareció como una razón determinante.
Los motivos vocacionales fueron frecuentes en ambas carreras, aunque en contaduría pública tuvieron más peso las razones económico-laborales (50,8% frente a 26,3% en Economía) y las dificultades sociales o emocionales (60,3% y 40%, respectivamente). Como las categorías no son excluyentes, un estudiante podía señalar más de una.
El estudio asocia así el abandono en Economía principalmente con un desajuste de expectativas y una reorientación vocacional, mientras que en Contador aparecen con más fuerza los problemas de adaptación y la incompatibilidad entre el estudio, el empleo y otras responsabilidades.
El filtro del primer año
El desempeño durante el primer año aparece como una señal de alerta. En todas las materias consideradas clave, el abandono fue mayor entre quienes no consiguieron aprobarlas, con brechas superiores a 30 puntos porcentuales.
Cálculo, la única materia comparable entre ambas carreras, mostró un patrón casi idéntico: la proporción de abandono fue aproximadamente tres veces mayor entre quienes no consiguieron aprobarla. En Economía alcanzó al 45%, frente al 13% entre quienes sí lo hicieron; en Contador, fue de 46% y 16%. Conceptos Contables mostró una brecha todavía mayor: 88% contra 23%.
El estudio aclara que esa relación no demuestra que reprobar una materia provoque el abandono. Un mal resultado también puede reflejar una preparación insuficiente, poco tiempo disponible, dificultades para adaptarse a la dinámica universitaria o desmotivación. Por eso, las autoras sostienen que “las dificultades académicas no operan en el vacío”: interactúan con las condiciones personales y con el entorno que encuentra el estudiante en la facultad.
Además, a medida que se acumulaban los obstáculos académicos, aumentó la proporción de estudiantes que señaló problemas relacionados con la facultad. El resultado refuerza la idea de que el desempeño inicial funciona como una alerta, pero no explica por sí solo la desvinculación.
Salones llenos y vínculos débiles
Los motivos personales e institucionales se combinaron en más de la mitad de los abandonos de ambas carreras. La masividad fue la principal barrera vinculada con la facultad: la señaló el 42% de los desvinculados de Economía y el 46% de los de Contador.
Para el estudio, esos resultados reflejan la percepción de una “institución desbordada” y una demanda de mayor apoyo. Tres de cada 10 encuestados consideraron que cursos menos numerosos, más horarios y una mejor organización académica podrían haber evitado su salida.
La integración social fue especialmente frágil en Contador: el 56% de los encuestados se ubicó en niveles nulos o muy bajos y apenas 8% alcanzó niveles altos. En Economía, el 28% presentó una integración nula, aunque 56% declaró haber hecho nuevos amigos en la facultad.
Para las autoras, la falta de arraigo no provoca necesariamente el abandono, pero puede actuar como un “catalizador”: ante malos resultados, horarios incompatibles o expectativas frustradas, un estudiante con pocos vínculos dispone de menos apoyos para sostener su trayectoria.
El diagnóstico trasciende a la FCEA. En una jornada organizada en junio por el Prorrectorado de Enseñanza, docentes y autoridades manifestaron que los primeros años fueron señalados como una etapa estratégica para la permanencia, en un contexto de grupos numerosos, trayectorias educativas heterogéneas y dificultades para ofrecer un acompañamiento cercano.
Alertas tempranas
La preocupación por la permanencia estudiantil forma parte de las prioridades planteadas por la actual decana de la FCEA, Danny Freira. En una reciente entrevista con Búsqueda, señaló que una de las líneas de su gestión será “retener más”, aumentar los egresos y mejorar las condiciones de aprendizaje de quienes acceden a la facultad. Definió el primer año como un “cimbronazo” y reconoció que el acompañamiento se vuelve más difícil cuando están los “salones llenos”.
La facultad prepara un sistema de alertas tempranas sobre los indicadores de rezago, cuyos primeros resultados se esperan para fines de 2026.
Una presentación realizada ante el Consejo de la FCEA detalla que la herramienta combinará registros institucionales, la prueba diagnóstica de ingreso, datos personales y actividad académica. El indicador incorpora variables académicas, sociodemográficas, laborales, educativas y vocacionales, y busca detectar el riesgo antes de que la desvinculación se concrete para derivar a los estudiantes hacia dispositivos de acompañamiento.
La facultad ya cuenta con antecedentes en esa dirección. Una evaluación del programa de Tutorías Entre Pares, realizada para la generación que ingresó en 2018, estimó que, entre estudiantes comparables, quienes participaron tuvieron una probabilidad de abandono entre 8,4 y 10,9 puntos porcentuales menor.
Ese antecedente da una dimensión práctica a la conclusión de Erosa y Padín. Si el abandono es “complejo pero previsible”, identificar el riesgo es solo una parte de la respuesta: también importa comprender si detrás aparecen dudas vocacionales, dificultades económicas, malos resultados, falta de tiempo o una débil integración a la vida universitaria. Las causas no son uniformes y las intervenciones, advierte el estudio, tampoco deberían serlo.