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    Un “mapa del bienestar” de Uruguay: gasto en alimentación, necesidades y “lujos”

    El Observatorio Económico del Campus Salto de la UCU aplicó la llamada ley de Engel a los distintos departamentos y estimó que el gasto en alimentación pesa menos en hogares de Montevideo que en los de Artigas

    A mediados del siglo XIX, el estadístico alemán Ernst Engel observó una regularidad que desde entonces se confirma en casi todos los países: a medida que un hogar dispone de más recursos, la parte de su presupuesto destinada a la alimentación se reduce. No es que las familias con mayores ingresos gasten menos en comida, sino que ese gasto ocupa una fracción cada vez menor porque el resto se vuelca a otros consumos.

    La proporción del gasto de consumo que un hogar dedica a los alimentos y bebidas no alcohólicas, conocida como coeficiente de Engel, se utiliza como un indicador sencillo del nivel de bienestar: cuanto mayor es ese peso, más ajustado es el presupuesto familiar.

    Con ese enfoque, recientes análisis del Observatorio Económico del Campus Salto de la Universidad Católica (UCU) basados en la Encuesta Nacional de Gastos e Ingresos de los Hogares del Instituto Nacional de Estadística concluyen que, en promedio, un hogar uruguayo promedio destina alrededor de una quinta parte de su gasto total a la alimentación (en torno a 21%). A su vez, al ordenar los hogares según su nivel de gasto por persona, la regularidad de la llamada ley de Engel “aparece con claridad”: entre los hogares de menor gasto, los “alimentos representan cerca de 28% del presupuesto; entre los de mayor gasto, apenas un 7%”.

    Según el Observatorio, “se trata de un patrón estructural del consumo, no de una fotografía del momento”.

    Luego presenta lo que describe como “un mapa del bienestar en Uruguay”, analizando cómo varía la proporción del gasto alimenticio en los distintos departamentos.

    Montevideo y Maldonado presentan el menor peso de gasto en alimentos, alrededor de 18%, “consistente con sus mayores niveles de gasto” total. En el otro extremo aparecen los departamentos del norte y de la periferia: Artigas encabeza el listado con 25,5%, seguido por Río Negro, Rocha y Cerro Largo, todos por encima de 24%. Salto se ubica en 22,1%, algo por encima del promedio nacional. “El patrón es coherente con otros indicadores sociales: allí donde el presupuesto es más ajustado, los alimentos pesan más”, sintetiza el informe, fechado el 30 de julio.

    La comparación entre Montevideo y el interior “agrega un matiz”, y es que “a igual gasto por persona, en el tramo central de la distribución los hogares del interior destinan una fracción algo mayor a los alimentos. La diferencia es moderada y se diluye en los extremos, pero sugiere que la brecha entre Montevideo y el interior no se explica únicamente por el nivel de gasto, sino también por diferencias en los patrones de consumo y en los precios relativos”.

    Clasificación de bienes

    El Observatorio de la UCU plantea un abordaje complementario. Alega que la misma lógica aplicada a los alimentos permite clasificar cada tipo de gasto en los que incurren las familias. Si un rubro aumenta menos que proporcionalmente cuando crece el presupuesto, se comporta como una necesidad; si crece más que proporcionalmente, lo hace como un lujo o bien de consumo postergable. Tal clasificación surge de estimar cuánto varía el gasto de cada rubro cuando cambia el presupuesto total del hogar.

    Los alimentos, la vivienda y las comunicaciones se comportan como necesidades: están presentes en todos los hogares y su peso relativo baja a medida que el presupuesto crece. En el otro extremo, el transporte, la educación, el equipamiento del hogar, los restaurantes y la recreación lo hacen como lujos: “ganan participación en los hogares de mayor gasto, que recién allí pueden destinarles una porción mayor de su presupuesto”.