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Una “prueba de estrés” mostró a los bancos uruguayos con impacto “acotado” ante un ‘shock’ climático
Economistas del Banco Central aplicaron un marco analítico para estimar los niveles de resiliencia del sistema bancario local ante perturbaciones económicas asociadas a una sequía
Como parte del análisis de la estabilidad del sistema financiero, los organismos reguladores y supervisores suelen recurrir a escenarios macroeconómicos para evaluar su resiliencia ante diferentes condiciones económicas. A modo de “pruebas de estrés”, la incorporación de perturbaciones relacionadas con el clima a este tipo de análisis se ha hecho cada vez más frecuente, también para el Banco Central del Uruguay (BCU).
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Fenómenos como las sequías —últimamente más frecuentes en el país— pueden afectar a la actividad económica a través de múltiples canales, entre ellos la productividad agrícola, la generación de energía, los saldos externos y las cuentas fiscales.
Una nueva investigación elaborada por economistas del BCU y publicada por el organismo como documento de trabajo entra en estas cuestiones. A partir de una versión del modelo macrofiscal del Banco Mundial (MFMOD) estimado para Uruguay, que incorpora daños asociados a sequías, se construyen escenarios macroeconómicos ajustados por clima y se consideraron un evento histórico —la sequía de 2022-2023— y escenarios probabilísticos de esas características con períodos de retorno de 50, 200 y 500 años.
Los resultados muestran un “canal de transmisión consistente hacia los riesgos financieros, a través de menor actividad, depreciación cambiaria, mayor inflación y deterioro del mercado laboral, lo que se traduce en menores ratios de adecuación de capital bancario”, señalan sus autoras, Andrea Barón y Verónica Rodríguez. Sin embargo, el impacto agregado sobre la solvencia del sistema bancario uruguayo “se mantiene acotado, y el sistema se muestra resiliente tanto ante el evento histórico como ante escenarios más severos” de sequía.
El marco
Como preámbulo, el estudio del BCU consigna que, en Uruguay, las sequías representan el riesgo climático “más crítico” para el agro, ya que afectan directamente la producción agrícola y ganadera a través de menores rendimientos, pérdidas de calidad y otros impactos en la productividad. La agricultura y las industrias conexas representan aproximadamente entre 10% y 13% del Producto Interno Bruto (PIB) y casi el 80% de las exportaciones de bienes del país. “Aunque su contribución directa al PIB pueda parecer limitada”, este sector tiene fuertes vínculos directos e indirectos con otras actividades, como el transporte y el comercio, lo que genera efectos indirectos en toda la economía.
Además, agrega, entre 2005 y 2024 los préstamos bancarios al campo representaron casi una cuarta parte del total de los créditos a empresas, con más del 40% en una institución y alrededor del 19% en la mediana entre los bancos en Uruguay.
Asimismo, el agro presenta ratios de crédito en relación con el valor bruto de producción “relativamente altos”, de en torno a 60%-70% en los últimos años, en comparación con aproximadamente el 30% para la economía en general. En consecuencia, “a pesar de su participación relativamente modesta en el PIB, el sector representa una fuente de exposición directa para el sistema bancario, lo que amplifica la posible transmisión de los choques climáticos a la estabilidad financiera”.
En este contexto, el marco se aplica tanto al episodio de sequía de 2022-2023 como a escenarios de sequía probabilísticos con diferentes períodos de reincidencia, a fin de ilustrar cómo se pueden utilizar escenarios macroeconómicos ajustados al clima para analizar la resiliencia del sistema bancario ante eventos de distinta gravedad.
El estudio aclara que, si bien el marco proporciona un enfoque operativo y coherente para integrar las perturbaciones climáticas en el análisis macrofinanciero, filtra esas perturbaciones ambientales mediante una capa macroeconómica que puede atenuar su intensidad, suavizar su dinámica y enmascarar impactos más específicos. Por consiguiente, el marco debe ser interpretado como una evaluación del “límite inferior del impacto potencial” en la resiliencia del sistema financiero.
Por otro lado, este marco no pretende evaluar la magnitud ni la importancia general de los riesgos financieros relacionados con el clima, sino ilustrar “cómo se puede operacionalizar un canal de transmisión macrofinanciera agregado específico”.
Los resultados
Una conclusión de estas pruebas de estrés es que los escenarios climáticos generan “desviaciones limitadas” con respecto al escenario base. Estos resultados reflejan la transmisión de las perturbaciones macroeconómicas relacionadas con la sequía a un deterioro de la calidad crediticia y una disminución correspondiente de la adecuación de capital, lo cual se compensa en gran medida con otros factores. En consecuencia, la magnitud de estos shocks “sigue siendo moderada y no altera significativamente la trayectoria general de solvencia del sistema bancario”.
En un escenario que reproduce la sequía de 2022-2023, el impacto en los índices de solvencia agregada es igualmente moderado, lo que sugiere que el sistema bancario “se mantuvo resiliente incluso en condiciones extremas históricamente observadas”.
Un análisis retrospectivo muestra que los índices de adecuación de capital se mantuvieron relativamente estables durante ese período. Según el estudio, tal resiliencia puede atribuirse en parte a las medidas de política implementadas por el gobierno y el BCU para apoyar a los sectores afectados, así como a la activación de mecanismos de seguros que ayudaron a mitigar las pérdidas y, de ese modo, amortiguar la transmisión del impacto al sistema bancario.
Incluso ante perturbaciones climáticas más severas, los ratios de capital proyectados “se mantienen cerca de los niveles de referencia, con solo reducciones marginales”. Para las investigadoras, estos hallazgos sugieren que las perturbaciones macroeconómicas inducidas por el clima se propagan a través de los canales macrofinancieros habituales —principalmente mediante una menor actividad económica, una dinámica de ingresos más débil y mayores probabilidades de impago—, pero su impacto cuantitativo agregado sigue siendo limitado.
Otra consideración que subrayan refiere a la estructura de las exposiciones sectoriales. Si bien la agricultura tiene una contribución directa relativamente limitada a la producción agregada, el sistema bancario presenta un grado de exposición comparativamente alto a este sector. Esto —señalan— pone de manifiesto una posible “desconexión” entre la relevancia macroeconómica y la exposición al riesgo financiero, que podría no reflejarse completamente cuando las perturbaciones se transmiten principalmente a través de variables macroeconómicas agregadas.
En las simulaciones, la depreciación del tipo de cambio también genera efectos compensatorios del deterioro de la calidad de la cartera crediticia. En particular, el sistema bancario mantiene una posición neta positiva de activos en moneda extranjera con respecto al capital, lo que genera ganancias de valoración bajo la depreciación del tipo de cambio.
Un factor adicional que contribuye al impacto limitado en los ratios de capital es la presencia de mecanismos dinámicos (estadísticos) de previsiones para pérdidas crediticias dentro del marco prudencial vigente. Bajo este sistema, los bancos acumulan previsiones durante períodos de buen desempeño crediticio, las cuales pueden utilizarse posteriormente para absorber pérdidas durante condiciones macrofinancieras adversas.