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    El manifiesto de Palantir para un Silicon Valley en armas

    El gigante estadounidense de datos Palantir Technologies publicó un manifiesto. Cuestiona el pluralismo, defiende el servicio militar obligatorio y promueve una carrera armamentista impulsada por inteligencia artificial. Es la marca de una empresa instalada en el corazón del aparato militar de Estados Unidos y que hoy opera sin controles claros

    Palantir Technologies, empresa líder en procesamiento de datos y análisis militar en Estados Unidos (EE.UU.), publicó el sábado 18 de abril un folleto comercial que también funciona como un manifiesto de 22 puntos, en el que insta a Silicon Valley a entregarse al servicio del complejo militar-industrial estadounidense.

    “La élite técnica de Silicon Valley tiene el deber de participar en la defensa de la nación”, declaró Palantir en un texto que aboga por el surgimiento de una “República tecnológica”, redactado por el director ejecutivo Alex Karp y un colaborador cercano, Nicholas Zamiska.

    “La cuestión no es si se fabricarán armas basadas en la IA; se trata de quién las fabricará y con qué fin”, explica la empresa en X.

    “Una era de disuasión, la era atómica, está llegando a su fin. Una nueva era de disuasión basada en la IA está a punto de comenzar”, predice además el manifiesto.

    Embed - "Palantir, el primer ganador de la guerra de Irán": 'La Vanguardia' • FRANCE 24 Español

    Más allá de la búsqueda —habitual— de nuevos contratos de defensa, el mensaje llega incluso a proponer la introducción del servicio militar obligatorio en EE.UU., y pide poner fin a la “impotencia” de los ejércitos japonés y alemán que se decretó tras la derrota del Eje en 1945.

    El manifiesto también sugiere a las empresas tecnológicas que asuman un papel más enérgico en la lucha contra la “criminalidad violenta”.

    Critica “la intolerancia de la élite hacia las creencias religiosas”, e insta a EE.UU. a rechazar “un pluralismo vacío y sin sentido”.

    “Algunas culturas, e incluso algunas subculturas… han producido maravillas. Otras han resultado mediocres, o incluso peor, regresivas y nocivas”, afirma el documento, sin precisar de qué culturas se trata.

    Identificar los objetivos que Washington debe eliminar

    Fundada por el multimillonario libertario Peter Thiel, Palantir toma su nombre de los artefactos imaginados por J.R.R. Tolkien, autor de El Señor de los Anillos. Estas piedras mágicas permiten, entre otras cosas, a los pueblos de la Tierra Media espiar a sus enemigos a distancia.

    Un eco del mundo real, donde Palantir proporciona a sus clientes software de procesamiento de datos que les permite recopilar información dispersa en diferentes plataformas y formatos. De este modo, los analistas pueden identificar patrones complejos que, de otro modo, se perderían en la gran cantidad de datos.

    Y el principal cliente de la empresa de Thiel no es otro que el gobierno estadounidense, sus fuerzas armadas, sus servicios de inteligencia y sus fuerzas policiales.

    Los servicios de Palantir han sido ampliamente utilizados por el Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) para llevar a cabo las expulsiones masivas y a menudo violentas de migrantes indocumentados.

    El pasado mes de abril, el Departamento de Seguridad Nacional le adjudicó un contrato de casi 30 millones de dólares para el desarrollo de un sistema basado en IA que permita rastrear a las personas que deben ser detenidas y deportadas.

    Palantir también proporcionó al ejército israelí herramientas de análisis basadas en inteligencia artificial durante su ofensiva en Gaza, que causó la muerte de más de 70.000 palestinos, según cifras del Ministerio de Salud controlado por Hamás —y confirmadas por la ONU y el Estado de mayoría hebrea—, y redujo gran parte del territorio a escombros.

    En 2024, la empresa firmó una alianza estratégica con el gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu para reforzar el “esfuerzo bélico” del país. Este último está acusado por la Corte Penal Internacional de crímenes contra la humanidad y crímenes de guerra.

    Y es que Palantir no oculta su inclinación militarista. Shyam Sankar, su director técnico, recientemente nombrado teniente coronel en la reserva del ejército estadounidense, declaró al New York Times que la empresa era “muy conocida” por su localización de los objetivos que el ejército estadounidense debía eliminar.

    Embed - ¿Cómo Trump unificará miles de datos de los estadounidenses con Palantir?

    “Ayudar a Occidente a mostrarse feroz”

    Según William Hartung, investigador principal del Quincy Institute for Responsible Statecraft, la cercanía entre Palantir y Washington se remonta a los inicios de la “guerra contra el terrorismo”.

    Su misión, tras el 11 de setiembre de 2001, es evitar las fallas en el intercambio de información entre las diferentes agencias estadounidenses, que habían hecho posibles los atentados.

    Esta apuesta resultó ser sumamente lucrativa. El Pentágono solicitó al Congreso una financiación adicional de 2.300 millones de dólares para desarrollar el Maven Smart System, una plataforma de selección de objetivos basada en inteligencia artificial diseñada por Palantir para el ejército estadounidense.

    El contrato se había adjudicado inicialmente a Google, que finalmente se vio obligada a abandonar el proyecto ante la rebelión de sus empleados.

    Diederick van Wijk, investigador del centro de estudios holandés Clingendael Institute, considera que los directivos de Palantir ven a su empresa como una entidad que asume con orgullo una responsabilidad que otros han rechazado.

    “Lo que piensan —en particular Karp y Thiel— es que Silicon Valley se ha alejado de su principio fundador, es decir, la relación entre el ejército y la industria, para orientarse por completo hacia las tecnologías de consumo. Y les parece problemático que empresas que tienen tanto poder, datos y tecnologías no sean más patriotas”, indica van Wijk.

    Es cierto que Thiel y Karp parecen discrepar en los contornos precisos de sus sistemas de creencias. Este último, por ejemplo, apoyó a la candidata demócrata Kamala Harris en 2024. Pero ambos profesan desde hace tiempo un apego a una visión idealizada de la civilización occidental, analiza Diederick van Wijk.

    “Desde el principio, tenían una visión muy normativa de lo que debía ser esta empresa, limitada a trabajar para EE.UU., luego para Europa, pero siempre negándose a trabajar con Rusia y China. Siempre existía la idea de que esta empresa podía realmente ayudar a Occidente a mostrarse feroz, a 'protegerlo a toda costa', según una terminología que Karp utiliza a menudo”.

    Este llamamiento a volver a centrarse en el poder militar para defender un Occidente supuestamente en decadencia se hace eco claramente de los discursos de algunas figuras influyentes del segundo mandato de Trump, entre las que destaca el vicepresidente J.D. Vance.

    La estrategia de seguridad nacional publicada el año pasado por la administración Trump ponía énfasis en lo que describía como el riesgo de “borrado civilizacional” al que se enfrentaría Europa occidental tras décadas de migración masiva.

    Por su parte, Thiel llegó incluso a declarar que consideraba la democracia incompatible con la libertad.

    “Actuar sin rendir cuentas a nadie”

    Una ideología lucrativa en la era Trump. El mero anuncio de la reelección del multimillonario hizo que la capitalización bursátil de la empresa se disparara en 23.000 millones de dólares, ya que los inversionistas se apresuraron a comprar acciones de la compañía.

    Y las fronteras que separan al personal de Palantir y al Estado estadounidense son cada vez más porosas: tras su regreso a los negocios, Trump nombró a varios directivos de Palantir para ocupar puestos clave en el gobierno, mientras que la empresa, a su vez, contrató a exlegisladores y funcionarios.

    “Palantir se excede ampliamente en su ámbito de actuación. Debería conformarse con ser un proveedor, ofreciendo tecnología útil para la implementación de políticas determinadas por el proceso democrático”, opina William Hartung. “Tienen conocimientos sobre ciertos tipos de tecnologías, pero no son reyes-filósofos”.

    “En algún momento, esta tecnología habría surgido de todos modos”, señala Diederick van Wijk. “Nos centramos en esta empresa, cuando deberíamos centrarnos en la tecnología subyacente, la que permite cambiar por completo la dinámica de las fuerzas del orden y de la guerra”.

    Pero Thiel llama la atención con un discurso “antidemocrático, antigobernamental y antisociedad liberal. Es un libertario muy franco con ideas muy particulares”, continúa el investigador.

    “De ahí viene el malestar. La empresa tiene un lado conspirativo que la convierte en una culpable evidente, pero que esconde una tendencia mucho más amplia: la de empresas tecnológicas tan poderosas, tan poco reguladas, que son capaces de innovar y actuar donde lo consideren necesario. Sin rendir cuentas a nadie".

    FUENTE:FRANCE24