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    Apostar al riesgo cambia el mundo

    Los mercados de predicción son el último ejemplo de una nueva industria disruptiva que enfrenta problemas que las empresas tradicionales conocían desde hace tiempo

    Fue una de las demostraciones de persuasión más asombrosas que he visto jamás. Entre el público, un grupo de empresarios agrícolas del Medio Oeste, quienes por su profesión deberían haber estado bien al tanto del cambio climático, pero por su cultura eran profundamente escépticos. En el escenario, un caballero germánico de una de las grandes compañías de reaseguros de los Alpes, presentando un análisis meticuloso de cómo los cambios en las precipitaciones y la temperatura estaban remodelando las primas de los seguros de cosechas. La primera pregunta, con cierto asombro: “Entonces, ¿usted cree que esto del cambio climático es real?”

    Fue una prueba del poder de persuasión de un nerd apolítico. El público se dio cuenta de que este analista de seguros no tenía ningún interés en los demócratas ‘woke’ o con actitudes liberales; simplemente estaba describiendo el mundo tal como lo veía. Pero también fue una ventana a la forma en que nuestras visiones del mundo moldean los mercados financieros de riesgo, y los mercados financieros de riesgo moldean nuestras visiones del mundo.

    Hay dos venerables industrias de seguros, explicó una vez el economista francés Michel Albert. Una tiene sus raíces en los pastizales alpinos, donde los aldeanos suizos acordaron ayudarse mutuamente si la vaca de un granjero moría. La otra nació en la cafetería de Edward Lloyd en el Londres del siglo XVII, donde marineros y armadores se reunían para apostar sobre qué barcos se hundirían y cuáles regresarían sanos y salvos al puerto.

    Hoy en día llamamos “seguro” a ambas actividades, pero su esencia es muy diferente. La versión suiza se basa en la ayuda mutua, en determinar quién forma parte de una comunidad y quién no, y en compartir las cargas. La versión londinense parte de la idea de que algunos riesgos son divertidos, pero también de que a la gente le gusta actuar con inteligencia ante esos riesgos. El propio Edward Lloyd creó una red de corresponsales bien informados en los puertos de Europa y publicó un boletín especializado en carga marítima y asuntos exteriores. Cuthbert Heath, un asegurador de Lloyd’s desde finales del siglo XIX en adelante, se especializó en la obtención de los datos necesarios para vender seguros contra pérdidas por terremotos y huracanes. Vender seguros a buen precio es un negocio lucrativo, y cuanto mejor sea la información y el juicio sobre los riesgos futuros, mejor será el negocio.

    Los contratos de riesgo financiero han proporcionado durante mucho tiempo incentivos para mejorar el estado de nuestro conocimiento. En el siglo XVI, el empedernido jugador Girolamo Cardano revolucionó nuestra comprensión de la probabilidad, mientras que, en el siglo XVII, el astrónomo cuyo nombre lleva el cometa, Edmond Halley, utilizó datos sobre nacimientos y muertes recopilados en Breslau, Polonia, para demostrar que el gobierno vendía rentas vitalicias a un precio demasiado barato. Hace una década, vi a un experto en seguros agrícolas contarles a los comerciantes agroindustriales algo que no sabían sobre el cambio climático. Todo forma parte del mismo proceso.

    Cómo funcionan los seguros y los mercados

    Teniendo en cuenta esta noble tradición, quizás no debería sorprendernos que los mercados de predicción estén cobrando impulso. No son nada nuevo; en 2003, el Pentágono había estado considerando la creación de un “mercado de análisis de políticas” en el que la gente pudiera especular sobre el riesgo de, por ejemplo, un ataque terrorista mortal; o, bueno, ataques contra el tráfico marítimo en el estrecho de Ormuz. La idea de que la comunidad de inteligencia estadounidense pudiera albergar un mercado de este tipo no era políticamente viable y el plan se descartó.

    Sin embargo, la polémica idea tenía cierto sentido. Los mercados de predicción recopilan información ofreciendo dinero a cambio. Quizás los mercados no sean perfectamente eficientes, pero a menudo son informativos: si quieres entender si la ventaja del Arsenal en la tabla de la Premier League es dominante o precaria, las cuotas de las apuestas son un buen punto de partida. Los mercados de predicción, como cualquier mercado de apuestas, acumulan información.

    El clima general y las normas sobre los juegos de azar han cambiado desde 2003. Los mercados de predicción como Kalshi y Polymarket se han hecho famosos por ofrecer contratos sobre todo tipo de eventos, que van desde “¿Será arrestado Jerome Powell en 2025?” hasta frivolidades sin sentido como “¿Dirá Jerome Powell 'Buenas tardes' durante su conferencia de prensa de diciembre de 2025?”

    Mi lado libertario dice que se le debería permitir a la gente apostar sobre prácticamente cualquier cosa, pero mi lado economista tiene algunas preocupaciones. Por supuesto, existe la preocupación — o debería existir — de que algunas personas encuentren el juego terriblemente adictivo, sobre todo ahora que los teléfonos inteligentes colocan una máquina tragamonedas en cada bolsillo. Pero también debería preocuparnos el hecho de que, al intentar predecir el futuro, lo cambiemos para mal.

    De hecho, podría ser útil saber si Jerome Powell será arrestado, porque es importante si lo es. No tiene importancia si dice 'Buenas tardes', por lo que la existencia de un mercado así tiene pocos beneficios.

    Los problemas de apostar sobre el futuro

    Sin embargo, el mercado de 'Buenas tardes' crea el riesgo claro de que alguien intente sobornar o amenazar a Powell. Probablemente ésa sea la menor de sus preocupaciones, pero no es difícil encontrar ejemplos de mercados de apuestas que han corrompido el mundo real. Los casos más evidentes son las apuestas deportivas fraudulentas, en las que los atletas amañan partidos para su propio beneficio o para el de quienes los sobornan o amenazan. Ni siquiera es necesario amañar un partido: es posible apostar por todo tipo de trivialidades que sólo están relacionadas de manera indirecta con el resultado.

    O pensemos en Emanuel Fabian, el periodista de The Times of Israel al que le ofrecieron sobornos, y luego amenazas de muerte, para que cambiara su reporte de que un misil iraní había impactado cerca de Jerusalén el 30 de marzo. Había una gran cantidad de dinero — cortesía de Polymarket — en juego sobre la cuestión de si Irán había logrado o no atacar Israel. Sin su consentimiento, Fabian se vio obligado a asumir el peligroso papel de arbitrar qué bando había ganado la apuesta.

    La difícil situación de Fabián es una de esas cosas que, vista en retrospectiva, era obvio que iba a suceder. Ya sea que los mercados de predicción impliquen que los atletas se vean amenazados si no alteran un partido, o que los periodistas se vean amenazados si no modifican una noticia, todo esto parece algo que se podría haber pensado mejor.

    No sería la primera vez que una industria nueva y disruptiva enfrenta un problema que las viejas y conservadoras empresas tradicionales ya conocían desde hace mucho tiempo. A principios de la década de 1960, las aseguradoras de vida se alarmaron al descubrir que estaban pagando enormes sumas en concepto de indemnización por “pérdida de extremidades” a los asegurados del noroeste de Florida. Un tipo perdió un pie; afortunadamente, llevaba consigo un torniquete y seguros de varias decenas de compañías diferentes. Otro tipo contrató un seguro y se voló el pie apenas 12 horas después “mientras le apuntaba a una ardilla”.

    Hay una expresión anticuada para esto: riesgo moral. Y quizás convenga actuar con cierta cautela, a la antigua usanza. Apostar por el futuro puede protegernos del riesgo, y también puede hacernos más inteligentes respecto al riesgo. Pero también puede corroer y corromper. Seamos cuidadosos.

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