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Bioeconomía circular: Innovaciones para una vida más sustentable

Ropa hecha a base de madera, árboles mejorados genéticamente y el presente de la sustentabilidad en Uruguay

Un paradigma de transformación productiva sostenible basado en el conocimiento y la utilización de recursos, procesos y métodos biológicos para proporcionar bienes y servicios de forma sostenible en todas las industrias. De eso trata la bioeconomía, concepto que surge en un contexto de desafíos globales presentados por el crecimiento demográfico, la urbanización, el cambio climático y el agotamiento de recursos naturales no renovables.

Si bien Uruguay tiene una valorable trayectoria en la producción basada en recursos y procesos biológicos, la bioeconomía continúa siendo un territorio explorado tímidamente por algunas empresas, aunque con grandes oportunidades para convertir las actividades económicas tradicionales en innovadoras con modelos de producción más sostenibles.

Un ejemplo de esto puede ser lo que sucede con la pulpa de celulosa, que es utilizada para la fabricación de un sinfín de artículos que forman parte de la cotidianidad, aunque su aplicación se expande cada vez más a nuevos sectores. Una de las últimas innovaciones es la presentación de un prototipo de campera polar hecha de poliéster a base de madera, elaborada por la multinacional finlandesa UPM (con presencia en Uruguay desde 1990) en conjunto con la empresa textil alemana Vaude. “Un ejemplo que marca nuestra visión en temas de bioeconomía y consumo circular es la colaboración entre UPM y la empresa textil Vaude, a partir de la cual se desarrolló la primera campera o abrigo polar hecho de poliéster a base de madera. Un pequeño paso con gran potencial a futuro, ya que la industria textil lleva mucho tiempo buscando soluciones más sostenibles para la producción de poliéster y otros polímeros basados en fósiles. UPM producirá en su nueva planta de bioquímicos en Alemania biomonoetilenglicol, que puede ser utilizado para reemplazar el mismo químico de origen fósil que actualmente se usa en la fabricación de poliéster. Nuestros objetivos de responsabilidad y contribución a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de la ONU también están integrados a nuestras actividades de innovación y desarrollo”, afirma la ingeniera química Lorena Echevarría, senior manager­ de Desarrollo y Soporte de las operaciones de celulosa en UPM.

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Por otro lado, la compañía finlandesa fabrica nuevos productos a partir de biomasa forestal que reemplazan a materias primas fósiles. Por ejemplo, se desarrollan tecnologías de biorrefinería para obtener diversos productos y materiales a partir de madera, que pueden ser usados en los sectores químico, alimentario, farmacéutico y textil para reemplazar compuestos que hoy se obtienen a partir de fósiles como el petróleo. El equipo de Investigación y Desarrollo lleva adelante estudios y proyectos no solo para optimizar la producción de celulosa, sino también otro tipo de desarrollos a partir de subproductos y desechos del proceso productivo. “Estos productos de última generación son un área de oportunidad de desarrollo para Uruguay en el futuro, porque nuestro país cuenta con una base de plantaciones que permite acceder a biomasa producida de forma sostenible”, asegura Lorena Echevarría.

Colaboraciones entre el sector público y privado

En el área de bioeconomía circular, UPM tiene varias líneas de investigación en cooperación con expertos, academia, empresas públicas y privadas vinculadas a la reutilización de subproductos y residuos de sus plantas de celulosa para que puedan convertirse en materia prima de otras industrias. Un área importante de investigación ha sido en producción de enmiendas agrícolas a partir de lodos y otros subproductos de los procesos industriales de la planta de celulosa. En este sector la compañía ha colaborado con la Facultad­ de Agronomía, el Instituto Nacional de Investigación Agropecuaria (INIA), la Universidad Tecnológica (Utec), el Centro Tecnológico del Agua y empresas privadas.

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Un caso de éxito de economía circular es el que UPM implementó de forma continua desde el año pasado, después de varios años de desarrollo y trabajo conjunto con Cementos Artigas, que consiste en un nuevo uso para un lodo que antes se disponía en el relleno industrial. En este proceso se combinan dos tipos de lodos, se secan y se transportan a la planta de cemento, donde se usa como biocombustible y la parte inorgánica se incorpora como material componente del cemento.

Por otro lado, han desarrollado materiales de construcción ecoeficientes en un trabajo conjunto con Universidad de la República, Universidad Católica del Uruguay y varias empresas productoras de materiales de construcción. Uno de estos materiales innovadores son los geopolímeros (polímeros sintéticos inorgánicos de aluminosilicatos).

Queda claro que la colaboración del sector privado permite y acelera la innovación y el desarrollo de nuevas soluciones de economía circular. “Pero también es fundamental el involucramiento activo del sector público en etapas de implementación de estas soluciones innovadoras a escala comercial”, asegura Echevarría. “Para impulsar este tipo de proyectos también se necesita el desarrollo de un marco regulatorio claro y políticas públicas favorables. Desde nuestro lugar hemos promovido la existencia de una amplia red de investigación local en todos estos temas, con la que hemos cooperado en los últimos años e incluye universidades públicas y privadas, ANII, Centro Tecnológico del Agua, INIA, Latu, Clemente Estable. También varias empresas, públicas y privadas, que tienen objetivos ambiciosos de sustentabilidad y economía circular”.

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Si bien Uruguay viene recorriendo un camino en cuanto a gestión de residuos y economía circular, como la creación del Centro Tecnológico de Bioeconomía Circular, en el contexto global el sector público tiene un rol muy activo en el impulso de proyectos sostenibles. Por ejemplo, en Europa, que lleva la delantera, “para fomentar la viabilidad de nuevos materiales de construcción sostenibles, en la obra pública se promueve el establecimiento de un porcentaje de uso de nuevos materiales provenientes de reciclados, subproductos o biomateriales”, aclara la ingeniera química.

Mejorar la genética de los árboles

Otra área de investigación y desarrollo es la referida a la genética de los árboles. El Programa de Mejoramiento Genético de UPM se ocupa de la evaluación anual de miles de árboles y la selección de aquellos de mayor productividad para propagarlos y maximizar tanto la captura de la ganancia genética como la uniformidad de las plantaciones.

En esos predios se llevan adelante investigaciones académicas y científicas con el objetivo de preservar la biodiversidad. A partir de 2019 se incorporaron indicadores requeridos por el Ministerio de Ambiente para la evaluación del estado de los ecosistemas, identificándose cada año especies prioritarias y nuevas de fauna y flora. En el último año se registraron 33 especies de plantas por primera vez en Uruguay, lo que aumentó el número total de especies vegetales del país.