Una ensalada bien de verano, simple pero con carácter. Se arma fácil, funciona como plato para compartir o como entrada y combina lo cremoso de la burrata con zapallo bien asado, fruta fresca y semillas crocantes que levantan todo.
Es bien veraniega y lleva burrata, girasol caramelizada, zapallo asado con especias, rúcula, durazno y albahaca fresca
Una ensalada bien de verano, simple pero con carácter. Se arma fácil, funciona como plato para compartir o como entrada y combina lo cremoso de la burrata con zapallo bien asado, fruta fresca y semillas crocantes que levantan todo.
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3 burratas chicas (100-125 g c/u)
2 duraznos frescos, maduros pero firmes, cortados en pedazos irregulares
Zapallo asado:
600 g de zapallo cabutiá en cubos
3 cucharadas de aceite de oliva
1 cucharadita de sal
Pimienta negra a gusto
½ cucharadita de semillas de cilantro machacadas
½ cucharadita de comino
1 cucharadita de pimentón
1 pizca de canela
Girasol caramelizada:
½ taza de semillas de girasol
1 cucharadita de aceite de oliva
1 cucharadita de azúcar o miel
1 pizca de sal
Ají molido a gusto (opcional)
Verdes:
1 atado chico de rúcula
½ atado de albahaca fresca
Cortamos el zapallo en cubos, lo mezclamos con el aceite de oliva, la sal, la pimienta y las especias. Lo llevamos al horno medio hasta que esté bien asado, dorado y tierno. Dejamos entibiar.
En una sartén chica tostamos las semillas de girasol con el aceite. Cuando empiezan a dorarse, sumamos el azúcar o la miel, una pizca de sal y, si queremos, ají molido. Mezclamos, retiramos y dejamos enfriar para que queden bien crocantes.
Para armar el plato, disponemos el zapallo asado como base, junto con los duraznos cortados en forma irregular. Arriba, la rúcula y las hojas de albahaca. Apoyamos las burratas y terminamos con la girasol caramelizada, un chorrito de aceite de oliva, sal y pimienta recién molida.