A diferencia de la nariz de Pinocho, que en el cuento crecía cuando el personaje mentía, no existe una señal corporal que revele con certeza cuándo una persona falta a la verdad. Esa es una de las premisas principales del libro La verdad a juicio: más allá de la convicción. De la intuición a la valoración racional del testimonio, que fue publicado recientemente por el secretario letrado de la Suprema Corte de Justicia, Juan Pablo Novella. Su trabajo cuestiona la idea de que los magistrados puedan determinar si un testigo miente o dice la verdad a partir de observar sus gestos, emociones o comportamientos.
“La idea de que extensas carreras en la judicatura permitirían notar las falacias que puede decir el testigo a partir de señales no verbales o gestuales es una mentira en sí misma”, afirma en el libro, que es el resultado de su tesis en la Maestría de Derecho Procesal y Litigación de la Universidad de Montevideo (UM), que aprobó con la máxima calificación.
El juez plantea que la valoración de los testimonios atraviesa un “cambio de paradigma” impulsado por los aportes de la psicología del testimonio, las ciencias cognitivas y la neurociencia, porque las investigaciones desarrolladas durante las últimas décadas pusieron en cuestión algunas creencias que históricamente sostuvieron los magistrados, sus sentencias y la teoría del derecho. Entre ellas, que son capaces de detectar las mentiras a partir de la observación directa de los testigos, al titubear, ponerse la mano en la cara, sudar, desviar la mirada o arquear las cejas. De la misma forma, advierte que parecer muy seguro no es garantía de decir la verdad.
Principio en cuestión
El trabajo de Novella revisa el principio de inmediación, que supone el contacto directo del juez con las partes y con la prueba durante las audiencias en los procesos judiciales. Esto tradicionalmente fue entendido como una herramienta para eliminar intermediarios y analizar las palabras y otros aspectos que no quedaban reflejados en las actas, como el tono de voz, los silencios, las expresiones faciales o el lenguaje corporal.
En el libro, reconstruye cómo esa concepción ha sido planteada en “vasta doctrina y jurisprudencia”. Sin embargo, sostiene que la evidencia científica disponible en la actualidad muestra que “no es posible detectar en forma fehaciente la mentira en las declaraciones testimoniales a partir de la gestualidad”. Por lo tanto, “una impresión nunca puede convertirse en sentencia”.
Las investigaciones en psicología del testimonio citadas en el trabajo indican que el 45% reconoce mentiras en un extraño, “un 5% menos de lo que sucedería si las personas adivinasen al azar”.
Santiago Pereira Campos, abogado e investigador especializado en derecho procesal y presidente del Instituto Iberoamericano de Derecho Procesal, dijo durante la presentación del libro, el pasado 25 de mayo, que es “un disparate enorme” afirmar que “el juez en audiencia, mirando al testigo o al perito, puede saber, de acuerdo a sus gestos y la manera en que lo mira, si está diciendo la verdad o la mentira”, como él mismo llegó a escribir hace 30 años.
“Hoy, a la luz de la psicología del testimonio y de la ciencia, tenemos evidencia de que eso es imposible”, aseguró. Esto, con la excepción del caso de magistrados expertos en psicología del testimonio.
Para Novella, la tarea judicial no debería centrarse en determinar si una persona parece sincera, sino en analizar la calidad y la consistencia de su relato. En ese sentido, propone cambiar el foco desde la credibilidad del testigo hacia la evaluación objetiva del testimonio.
Recuerdos reconstruidos
Uno de los ejes del libro está centrado en que la memoria no funciona como un video o una cámara que graba y luego reproduce de la misma forma en todas las oportunidades que se busca ese recuerdo.
En ese sentido, Novella recoge investigaciones que describen la memoria como un “proceso de reconstrucción” y no como una reproducción exacta de lo que se vivió, “lo que vuelve a la memoria susceptible a distorsiones”. Factores como el estrés, el paso del tiempo, la información recibida posteriormente, la cobertura en los medios pueden haber “contaminado” el testimonio; o la forma en que se realizan las preguntas puede influir en los recuerdos de una persona, según la evidencia científica citada en el libro.
Por ejemplo, el estudio del filósofo y psicólogo alemán Hermann Ebbinghaus sobre el efecto del tiempo en relación con la memoria y el olvido, el cual determinó que, tomando como 100% de efectividad el recuerdo al momento inmediato de haberlo vivido, luego de transcurridos los primeros 20 minutos el porcentaje de recuerdo desciende a un 58,2%. Pasada una hora el porcentaje baja a un 44,2%, para alcanzar un 33,7% al transcurrir el primer día, a los seis días el recuerdo alcanza solo el 25,4%, y a los 31 días, al 21,1%.
Con respecto a las preguntas a los testigos, el autor asegura que “se ha comprobado” que “influye directamente en lo que el testigo recordará y, con ello, se corre el peligro de generar falsos recuerdos” o “errores sinceros” al inducir al cerebro a completar vacíos de información. Por tanto, plantea que son “un factor decisivo en la calidad, fiabilidad y posterior valoración del testimonio”.
Entre las recomendaciones, se sugieren las preguntas abiertas, porque permiten que el testigo brinde una declaración sin estar guiado, y usar con “mesura y cautela” las cerradas. También plantea que deben evitarse las sugestivas —que incorporan la respuesta que se pretende obtener, como “¿estuvo usted en su casa escuchando música?”—, las compuestas, que combinan dos o más preguntas en una sola, o las asertivas, que tienen una afirmación en su estructura, como “Diga si es cierto que…”.
No obstante, Novella también indica que una declaración incorrecta no necesariamente implica una “intención deliberada de engañar”, porque un testigo puede estar convencido de que lo que relata ocurrió, pero recordar de forma equivocada algunos aspectos de los hechos.
Uno de los factores que pueden influir es la información externa, en casos de trascendencia pública, donde los medios de comunicación informan al respecto y los testigos toman conocimiento. Sobre ese punto, el autor plantea que los magistrados deben considerar las veces que el testigo tomó contacto con la noticia, “ya que su memoria puede haberse visto contaminada por información que ha leído o escuchado”. Pone como ejemplo el accidente del ómnibus en la playa Pocitos, del cual se difundió una “avalancha de registros visuales y relatos”, lo que llevó a los testigos a revivir lo que presenciaron pero también a incorporar elementos que no vieron. “Se trata de una formación reconstructiva del recuerdo, que complejiza aún más la valoración de esta prueba”, afirma.
En el caso de testimonios de niños, plantea que son “particularmente vulnerables” a “fenómenos de contaminación externa, en especial cuando adultos significativos —cuidadores, familiares o profesionales— intervienen con la intención de proteger, comprender o profundizar una revelación”.
Juez como “analista crítico”
El libro plantea que “el derecho debe tratar el recuerdo como una evidencia dinámica y falible”, que requiere corroboración del relato y un análisis racional “para evitar decisiones basadas en ilusiones de certeza”. También plantea que la fiabilidad del testimonio del testigo se construye a partir de varios factores, que incluyen sus motivaciones, el contexto en el que se desarrolla la declaración y las “condiciones cognitivas” en las que se produce el recuerdo.
Entre los principales consensos científicos sobre la exactitud de los testimonios se incluyen: que niveles muy altos de estrés perjudican la capacidad de las declaraciones, que si hay un arma presente se hace difícil identificar con precisión al autor porque los testigos se concentran en el arma, y que los policías y otros observadores entrenados no son más precisos que un ciudadano medio.
En las conclusiones del libro de 250 páginas Novella señala que el “cambio de paradigma” implica “abandonar la concepción del juez como observador privilegiado capaz de detectar la mentira del testigo” y “pasar a ser un analista crítico”.