Una noche, Tim Payne se acostó a dormir como cualquier ciudadano de a pie. Al día siguiente, sin saber cómo ni por qué, amaneció convertido en una estrella.
El jugador de fútbol neozelandés se convirtió sin saberlo en objeto de un experimento que evidencia el descomunal poder de las redes sociales
Una noche, Tim Payne se acostó a dormir como cualquier ciudadano de a pie. Al día siguiente, sin saber cómo ni por qué, amaneció convertido en una estrella.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáNo es que el futbolista neozelandés de 32 años haya salido de su casa una mañana y se haya encontrado con un séquito de fotógrafos, ni que de repente le resulte imposible salir a tomar un café. El estrellato repentino que atraviesa Payne es fruto, en realidad, de un experimento al que fue sometido sin saberlo y que pone de manifiesto el descomunal poder de las redes sociales.

Todo empezó con un desafío que se propuso el creador de contenidos argentino Valen Scarsini: “¿Y si hacemos protagonista del Mundial al futbolista menos conocido?”, les propuso a sus seguidores. “Faltan muy pocos días para que arranque el Mundial y todos estamos esperando para arengar a nuestra selección. Pero ¿qué pasaría si hubiera un jugador que nos una a todos, un futbolista que todos nos banquemos sin importar nuestra nacionalidad?”, dijo el influencer.
Acto seguido, presentó a quien se convertiría en objeto de su experimento: Tim Payne, jugador de la selección de Nueva Zelanda, equipo que participa con la peor clasificación en el ranking del torneo, tras 16 años sin formar parte de un Mundial. El neozelandés que se prepara para el campeonato tenía 4.000 seguidores en Instagram y poca interacción en sus publicaciones, lo que lo convertía, según el sondeo del argentino, en el jugador más desconocido de todas las selecciones participantes.
Scarsini convocó a seguirlo en Instagram, dar “me gusta” en sus publicaciones y dejarle comentarios. En cuestión de horas, el desafío se le fue de las manos: la cuenta de Instagram de Payne comenzó a estallar con miles de seguidores, comentarios —en su mayoría en español— y “me gusta” que pasaron de los 200 a los 18.000 en minutos. “Amigo, te apoyo desde que te conocí (hace seis minutos)”, comentó un seguidor. “A muerte con vos, amigo. Te sigo desde la cuna”, le escribió la cuenta del canal TyC Sports, entre otros miles de comentarios.
El neozelandés, absorto, podría haberse sentido víctima de un hackeo. Por fortuna, no tardó en encontrarse con el motivo detrás de esta extraña situación. “Me preguntaba por qué mis redes estaban explotando y encontré tu publicación, amigo”, le escribió a Scarsini el futbolista, que en 48 horas está por alcanzar los dos millones de seguidores.
En medio del aumento de su inesperada fama, Tim Payne publicó un video desde el entrenamiento de Nueva Zelanda en Florida para dirigirse a quienes no lo conocían hasta hace dos días y ahora le escriben cual fanáticos de toda la vida. “Por favor, disculpen mi español, todavía estoy practicando en Duolingo”, dijo primero. “Han sido unas 48 horas bastante locas, por decir lo menos. También quiero expresar que estoy muy agradecido de representar a mi país en esta Copa del Mundo y agradezco todo el cariño que me llega desde todas partes del mundo. Muchas gracias”, agregó el defensa de los All Whites (selección de Nueva Zelanda).
El fenómeno empezó por las redes sociales, pero pronto se trasladó al mundo físico, al punto que la figurita de Payne se convirtió en una de las más codiciadas del álbum del Mundial, como muestra un video publicado por un hombre en el que un vendedor se la ofrece por 100 dólares.
Resta ver si ese entusiasmo explosivo alcanzará al futbolista durante sus días en el torneo, donde podría encontrarse firmando autógrafos y sacándose fotos con hinchas. Quizás no lo esperen a la salida del hotel como a Lionel Messi o Neymar; lo seguro, no obstante, es que, lejos de pasar inadvertido como hasta hace unos días, Payne llegará al Mundial convertido en ese curioso caso de una estrella de fútbol que no llegó a la boca de todos por sus goles ni su desempeño dentro de la cancha, pero a quien miles alentarán con la esperanza de que sea él quien marque el primer gol de Nueva Zelanda en un Mundial.