Arbeleche en la sede de Todos. Foto: Nicolás Der Agopián

Para Arbeleche, el futuro gobierno heredará una “situación compleja”; si el Frente Amplio sigue en el poder y no introduce cambios, “habrá un deterioro en los parámetros fiscales y claramente eso tendrá un reflejo en la calificación de riesgo”

Astori debe “hacerse responsable por el fracaso de su política económica”, dice la principal asesora en el área de Lacalle Pou

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Nº2017 - al de 2019
entrevista de Ismael Grau

Azucena Arbeleche está ansiosa por volver, en otro cargo, al Ministerio de Economía y Finanzas, donde se encargó de la gestión de la deuda pública hasta la campaña electoral pasada. Junto a un grupo de técnicos lleva varios años trabajando con el senador y precandidato presidencial blanco Luis Lacalle Pou. Muchas reuniones, planillas de cálculo y algún acto político. “Lo que queremos es entrar a la cancha”, dice. Ya está claro el programa, presentado el lunes 8, y hasta un boceto del probable equipo que ella encabezaría —un organigrama “dinámico”, porque sería parte de negociaciones políticas—si les toca gobernar desde marzo del 2020. También tienen claro el diagnóstico de lo que el próximo gobierno heredaría: una situación económica “compleja” producto de malas decisiones de las administraciones del Frente Amplio, señala Arbeleche. Y apunta con el dedo hacia el actual ministro, alimentando una polémica de estos días: “Superficial e irresponsable es no haber frenado el despilfarro del gasto. (Danilo) Astori tiene que hacerse responsable por el fracaso de su política económica, y hasta ahora eso no ha pasado”.

Sobre cómo el sector Todos se propone ahorrar el equivalente al presupuesto anual del Ministerio del Interior o 10 veces el de la Cancillería, el rol del Estado y su expectativa —¿naif o ilusa?— de comprometer a los funcionarios públicos con una mayor eficiencia en la gestión, la ministra de Economía de un eventual gobierno de Lacalle Pou habló con Búsqueda en el comando de la agrupación.

—Faltan unos 10 meses para el cambio de gobierno. A la luz de los datos disponibles, ¿qué situación económica cree que heredará la próxima administración?

—Imagino una situación compleja dada la destrucción de puestos de trabajo, la caída de la inversión y por los últimos datos del crecimiento, que no dejan duda alguna de que la economía atravesó por una recesión. Y ante un déficit fiscal que viene empeorando y una deuda que aumenta.

—Lo que describe es todo malo. ¿No hay nada para rescatar de las políticas de los gobiernos del Frente Amplio?

—La pregunta era por la foto, y la foto es de un escenario complejo para el 1º de marzo del 2020 producto de que no se tomaron medidas acordes a la situación.

Como con todos los gobiernos, hay cosas buenas y malas. Destaco como positivo la gestión del endeudamiento, que sigue básicamente los lineamientos de cuando se inicia la oficina de deuda y que hace todo lo que puede a pesar del gran problema fiscal. El problema no es el manejo de deuda sino lo fiscal.

También ha sido positiva la reglamentación de la ley de promoción de inversiones en administraciones pasadas, pero hoy eso no está dando sus frutos y cae la inversión.

Y la matriz energética está más diversificada, pero lo negativo es que no se refleja en tarifas eléctricas más bajas.

—Plantea una visión mayormente crítica sobre el estado de la economía. Pero, por otro lado, sigue habiendo inversores dispuestos a prestarle dinero al gobierno del Frente comprando sus bonos, las calificadoras de riesgo mantienen el investment grade al país y Astori fue distinguido en 2018 por la revista GlobalMarkets como ministro del año. Parecen lecturas distintas.

—Sobre el premio al ministro de Economía no voy a hacer comentarios; quien lo entrega tendrá su criterio.

Respecto de la calificadoras, leyendo sus informes veo muchas coincidencias en el diagnóstico: las tres principales señalan preocupación ante la falta de crecimiento de la economía y por el tema fiscal. Fitch fue muy clara: espera mantener la nota hasta que haya un cambio de gobierno, salvo que ocurra un mayor deterioro fiscal y en la actividad económica. Mi visión personal es que quizás las calificadoras están esperando a ver si hay un cambio en la conducción económica, antes de tomar una decisión.

—¿Dice que las calificadoras castigarán a Uruguay con un baja en la nota si no hay un cambio en la política económica?

—Si gana el Frente y mantiene esta línea de política, claramente habrá un deterioro en los parámetros fiscales y claramente eso tendrá un reflejo en la calificación de riesgo.

—¿El equipo de Lacalle Pou ha tenido contacto con los analistas de estas agencias?

—En lo personal me he reunido con las calificadoras y conocen nuestra línea de trabajo. Tenemos contacto, e inclusive en el último tiempo les hemos pedido que nos den parámetros para comparar… Me preocupa que para algunas calificadoras estemos entre los países que son peores de la clase o de la categoría.

—¿Las propuestas en materia fiscal de Lacalle Pou le permitirían a Uruguay ponerse a tiro de los mejores de la clase?

—Sí. Pero uno no prepara una agenda pensando en el objetivo de cómo va a ser evaluado por las calificadoras. Nuestra agenda está centrada en generar mayor crecimiento económico y empleo, y por supuesto esto va de la mano de tener un buen sello de calidad dado por estas agencias.

Azucena Arbeleche
Foto: Nicolás Der Agopián

—Todos plantea hacer un “shock de austeridad” en el Estado. ¿Por qué debería el ciudadano común dar su voto a un ajuste fiscal por el lado del gasto? ¿En qué lo beneficiaría?

—Decimos shock por la necesidad de actuar con urgencia y austeridad referida al dinero público; quien debe hacer el ajuste es el Estado, no las empresas o las personas. ¿Por qué votar por alguien que propone un shock de austeridad? Será alguien que cuidará mejor la plata de la ciudadanía, más eficiente y que liberará recursos para no apretar al sector privado.

La pérdida de empleos, la caída de la inversión lo que está mostrando es una gran falta de competitividad de la economía uruguaya como consecuencia de que el gobierno ha tenido una conducta de gasto creciente, que elevó el déficit fiscal. Eso es una mochila en impuestos, tarifas y mala infraestructura que genera sobrecostos.

—Alguno podría decirle que se trata de un enfoque liberal o proempresas…

—No me gustaría catalogar nuestras propuestas de esa manera. No se trata de una disyuntiva entre Estado versus empresas o personas. Proponemos un Estado eficiente y que esté donde tenga que estar. Queremos un Estado presente en los grupos vulnerables. Pero hay que tener claro que si no se frena el despilfarro del gasto, será difícil sostener las políticas sociales.

—El programa de Todos plantea ahorrar US$ 900 millones anuales, una cifra que equivale, por ejemplo, al presupuesto de un año del Ministerio del Interior, es tres veces el de Vivienda y 10 el de Relaciones Exteriores. ¿Hay tanto para recortar? ¿Sería tan fácil hacer ese ahorro como decirlo?

—Estas estimaciones tienen todo un trabajo detrás a partir de información de la Rendición de Cuentas del 2017 y de informes de la Auditoría Interna de la Nación. Un reciente informe del Banco Interamericano de Desarrollo dice que tanto en las adquisiciones de compras como las inversiones públicas se puede ahorrar entre 10% y 30%; nosotros en ningún caso estimamos un ahorro mayor al 20%. Los ahorros que identificamos en los distintos incisos son absolutamente razonables.

—La pregunta apuntaba a si es realmente posible bajar el gasto. Por lo que dice, todo parece una cuestión de determinación política.

—Como muchas veces ha dicho Luis, lo que se precisa es sentido común y coraje.

Hay cosas muy groseras. Por ejemplo, de las auditorías en el Ministerio de Educación surge que no hay planificación en las compras, que hay compras directas, que no se compra todo lo que necesita y lo que se necesita no se llega a comprar todo porque se acabó el crédito. Hay conductas muy claras en distintas áreas y ministerios, y a eso no se le ha dado solución pese a que la Auditoría Interna de la Nación ha ido por un camino correcto de mejora de la gestión de los organismos auditados.

—¿No le preocupa que los sindicatos de funcionarios o los mandos medios en las empresas públicas puedan resistir los recortes de gasto o la idea de no reponer todos los cargos vacantes?

—Es simplificar el problema pensar que todas esas estructuras están conformes con cómo se ha llevado a cabo la política fiscal y la gestión de las empresas públicas.

—¿Cree que a los funcionarios les preocupa el déficit y que se esforzarán para poder bajarlo?

—Yo trabajé en el Ministerio de Economía, y cuando a las personas que estaban detrás del proceso de emitir un bono —que no son solo los funcionarios de la Unidad de Gestión de Deuda—se les explicaba la importancia de ese trabajo… Al principio sí, quizás algunos pensaron: “esta mujer está loca al pensar que se puede trabajar de esta manera”. Pero cuando uno explica y hace a la gente partícipe, las respuestas son impresionantes. En esto soy totalmente optimista… Me podrán tildar de naif o de ilusa, pero si el funcionario público no entiende la importancia de lo que está haciendo, es muy difícil que haga las cosas bien.

—Todos plantea reponer solo 21% de los cargos que queden vacantes, para generar ahorros. ¿Por qué ese porcentaje y no otra cifra? ¿Estimaron cuántos empleados públicos realmente se necesitan?

—Estimamos que es posible no cubrir 5.600 vacantes sin resentir ninguna de las actividades básicas y fundamentales del Estado: salud, educación y seguridad. Eso es 21%. El enfoque no es cuánto se ahorra sino ver cuántas vacantes se generan en un año y cómo podemos hacer para bajar la cantidad de funcionarios. Si esto se aplica por cinco años, termina bajando la cantidad de vínculos con el Estado sin resentirse ninguna actividad estatal.

—Astori declaró el lunes 22 a varios medios de comunicación que sería “extremadamente difícil” lograr una baja del gasto como la que plantea Todos y habló de “superficialidad” del programa. ¿Qué le parece ese comentario?

—A él no se le ocurre abordar el tema de otra manera. Si no ha sido capaz de frenar el aumento del gasto, cuando ve que hay oportunidad de ahorrar US$ 900 millones…

Además, me parece que no se tomó la molestia de mirar ni una página de la agenda. En la página 13 están los números y todas las áreas sobre cómo llegar a esa cifra. Y hay muchas páginas detrás que explican cómo se logran esos ahorros. Hay muchas páginas más con la regla fiscal, para que no sea un ahorro solo ahora sino para adelante.

Superficial e irresponsable es no haber frenado el despilfarro del gasto. Astori tiene que hacerse responsable por el fracaso de su política económica, y hasta ahora eso no ha pasado.

—¿Ve voluntad de otros sectores blancos y de otros partidos en torno al Compromiso Político de Responsabilidad Fiscal que plantea Lacalle Pou?

—Sí, y eso es lo más importante: que todos los partidos que conformen un gobierno multicolor estén de acuerdo en determinada restricción para el gasto. Importa que haya una ley que diga que el déficit estructural no supere tal valor, con respaldo político. Si no, no se va a cumplir y es un ejercicio teórico de un grupo de economistas que no sirve para absolutamente nada.

Lo más importante en política económica no es el detalle de cómo diseñar esa regla, o si el ahorro será de 10% o 15%, sino el encontrar esas grandes coincidencias, que son claras.

Foto: Nicolás Der Agopián

—¿Es mejorable el sistema impositivo vigente, reformado en 2007 por el Frente Amplio?

—Nosotros ponemos el foco en las mipymes, que han quedado fuera en la política económica del Frente Amplio.

El principal cambio propuesto es en la forma de tributar: en lugar del pago de IVA mínimo, planteamos que tributen de acuerdo a lo que facturen. Junto con esto, pasan a tributar IRAE a tasas fictas, menores, con la idea de que tributen en relación con lo que se facture. Además, si una empresa que tributa IRAE le compra a esa pequeña empresa, puede deducir ese gasto; así sacamos a la mipyme de su microuniverso. Es un cambio tributario significativo.

Otra propuesta incluida en la agenda es que el Impuesto al Patrimonio se deduzca del Impuesto a la Renta; tener menos tributos ciegos y más impuestos relacionados con la actividad. Este es otro aspecto mejorable del sistema.

—Son propuestas referidas a las empresas. ¿Plantean algún alivio para las personas?

­—El IRPF sí es mejorable, por ejemplo, a través de las deducciones. Pero no estamos proponiendo cambios porque la frazada es corta.

Recuadro de la entrevista

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