Carolina Cosse. Foto: Nicolás Der Agopián

El Frente Amplio “para nada” fracasó en educación y seguridad; el problema es que mientras hace cosas, “otros también juegan” y “no todos” son “buenos”, opina la ministra de Industria

Cosse siente que su candidatura es expresión del movimiento feminista

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Nº1995 - al de Noviembre de 2018
entrevista de Guillermo Draper y José Peralta

Carolina Cosse no acepta que se diga que el Frente Amplio fracasó. En educación y seguridad los problemas existen, dice, pero no son tan graves y en muchos casos, inevitables. Es que el mundo “cambió de manera impresionante” y mientras el gobierno toma medidas, los malos “también juegan”, justifica la ministra de Industria.

Cosse cree que puede ganar las elecciones internas y ser la candidata presidencial del oficialismo, aunque no tenga el apoyo de ninguno de los sectores más importantes del Frente Amplio. La aparición de nuevos movimientos sociales y los cambios entre los jóvenes le pueden permitir dar una sorpresa, asegura. Incluso, siente que su postulación es una “expresión” de un movimiento feminista que crece.

En una entrevista con Búsqueda, repleta de respuestas breves, sostiene que una de las características que la diferencian de los otros tres precandidatos oficialistas es que demostró “entender algunas trazas del futuro”.

—¿Por qué quiere ser candidata a presidenta?

—Uruguay está preparado para y necesita una segunda generación de cambios. El mundo cambió de una manera impresionante, es diferente del de hace cinco años, más duro en muchos sentidos, pero con algunos aspectos que con el desarrollo que tiene Uruguay podría emprender una nueva generación de cambios para seguir mejorando. Eso es lo que me interesa y para hacerlo decidí aceptar lo que el Plenario proclamó.

—¿Cuál fue la primera generación?

—Se llevó adelante en los tres gobiernos del Frente Amplio. Gracias a la acumulación de cuestiones que llevó adelante el Frente Amplio, se pueden encarar cosas nuevas. No una y en un solo rubro. Creo que hay que hacer una gran cantidad de cosas nuevas en todos los campos de acción. Va a ser una era de disrupción. Así como decimos en el área productiva o del conocimiento que es la era de la interdisciplina, creo que en la política también. Y creo que al ser la era de la interdisciplina, es de una fuerte coordinación y de poner por delante los resultados. Y no restringir un objetivo a una sola área del Estado. Como no hay temas en la realidad que una sola disciplina pueda resolver, en los términos de política pasa lo mismo. Es lo que he aprendido formando parte del gobierno.

—¿Qué objetivos concretos debe plantearse Uruguay en el próximo período?

—Hay que planificarlos bien y no largarlos a la marchanta, pero, por ejemplo, el tema de pobreza cero a tres años va a requerir mucho estudio y trabajo interdisciplinario. Ese es un objetivo. Y habrá otros.

—¿Por qué en este abanico de cuatro candidatos, un frenteamplista debería votarla?

—He demostrado entender algunas trazas del futuro. He demostrado en la gestión la concreción de varios proyectos. Creo que es importante que haya una mirada integradora, que formule equipos grandes, y yo he hecho eso. Y también me parece haber demostrado compromiso.

"El mundo cambió de una manera impresionante, es diferente del de hace cinco años, más duro en muchos sentidos, pero con algunos aspectos que con el desarrollo que tiene Uruguay podría emprender una nueva generación de cambios para seguir mejorando. Eso es lo que me interesa y para hacerlo decidí aceptar lo que el Plenario proclamó".

—Mujica y Bonomi han dicho que ninguno de los cuatro candidatos tienen un proyecto claro.

—Me parece que no han prestado atención. En la charla con los compañeros del MPP, una larga charla, me parece que sí tengo proyecto. Lo que no hay es un plan de gobierno, y me parece que está bien que no haya porque estamos lejos. Pero un proyecto sí.

—Usted destaca su capacidad de gestión como uno de sus puntos fuertes. ¿Tiene capacidad de negociación?

—En el ambiente político siempre he sido muy unitaria, me parece que soy bastante reconocida por eso. Tengo la capacidad de generar equipos y de lograr acuerdos con posturas al principio bastante disímiles. Soy partidaria del trabajo en equipo. Y ninguno de los logros de gestión que lideré, pueden suceder por un mandato autoritario. No funciona así. Liderar no quiere decir solo mandar, ni quiere decir que las cosas pasen.

En un correo que envió a un comité virtual del Frente Amplio, el gerente de Innovación y Proyectos en la Agencia de Compras y Contrataciones del Estado, Adrián Manera, la acusó de falta de “ética” y de “valores”, y de aprovechar los cargos públicos para la “autopromoción”. ¿Qué responde?

—No le respondería nada porque no me lo dijo a mí. No tengo nada que responderle. Él sabe dónde encontrarme.

—¿Cuán necesario para sus aspiraciones es tener el respaldo de un sector grande como el MPP?

—No tengo aspiraciones personales, primera cosa. Tengo el honor de ser ministra de este gobierno y lo estoy haciendo porque tengo plena confianza en este gobierno, porque soy frenteamplista y porque hay objetivos marcados. Con respecto al apoyo de los sectores, cada uno va a decidir, pero finalmente las cuestiones las van a decidir los frenteamplistas en las urnas el 30 de junio. El Frente Amplio no son solo los sectores.

—Pero los sectores son una parte importante.

—Por supuesto.

"En el ambiente político siempre he sido muy unitaria, me parece que soy bastante reconocida por eso. Tengo la capacidad de generar equipos y de lograr acuerdos con posturas al principio bastante disímiles. Soy partidaria del trabajo en equipo".

—Y en una elección interna que no es obligatoria, ayuda tener una estructura partidaria para movilizar a los votantes.

—Más o menos. ¿Sabés qué? Estamos hablando de las elecciones internas como si fueran un tema legendario e históricamente son un fenómeno nuevo. Entonces, hay pocos elementos para deducir de eso una regla general. Así que quién sabe lo que va a pasar en estas elecciones internas, porque el mundo cambió, los jóvenes son otros, las ganas de participar son otras y hay algunos indicios de esas ganas de participar que vemos vuelta a vuelta. La marcha del 8 de marzo es uno de esos indicios. Esas mujeres de todas las edades que marchan ahí quieren participar, lo mismo la Marcha de la Diversidad, o en tantas otras expresiones espontáneas. Entonces, con la cantidad de elementos nuevos que hay y con una sociedad nueva, no creo que sea una fija inducir cómo va a ser la elección interna en términos de comportamiento. Vamos a ver.

—¿Cree que su condición de mujer puede facilitarle el acercamiento a ese movimiento feminista?

—Me parece que es al revés. Hay un fenómeno que está pasando en la sociedad que creo que es bueno, que se expresa en el 8 de marzo. Ese algo que sigue pasando todo el tiempo en la sociedad se expresa de distintas maneras, el tema de que yo sea precandidata es otra expresión de ese fenómeno social.

—¿Su candidatura es un emergente de ese fenómeno?

—Lo siento así.

—¿Eso puede redundar en un apoyo electoral?

—No tengo idea, no lo sé. No pienso en esos términos. No lo sé. No ando calculando qué voy a decir o hacer para ganar un voto u otro voto. Para mí es muy importante dormir tranquila todas las noches y ser honesta en lo que ejerzo y en lo que digo.

No es deshonesto que un político defina dónde están sus posibles electores. Una campaña electoral también es eso.

—Seguramente, pero yo todavía no estoy en campaña. Supongo que llegado el momento se hará el análisis correspondiente, pero no razono en estos términos.

—¿La sociedad uruguaya superó los prejuicios que existían como para que una mujer pueda ganar las elecciones?

—Sí, la verdad que sí.

—Mujica dijo que Martínez tenía el problema de que era poco conocido en el interior y que esa falencia no lo hacía el candidato ideal. ¿Usted es conocida en el interior?

—Creo que sí. Siento que tengo mucho contacto con la gente, tanto en Montevideo como en el interior. Siento que hay un contacto, una buena comunicación, un respeto. Siento que me respetan. Siento afecto. No me siento lejos de la gente, para nada. Lo siento así, la gente me lo demuestra.

—Dirigentes de la oposición y el oficialismo dicen que el gobierno se quedó sin agenda y está desgastado. ¿Qué opina?

—Me parece que la inauguración de ayer es una demostración ineludible de que eso no es así.

"Hay un fenómeno que está pasando en la sociedad que creo que es bueno, que se expresa en el 8 de marzo. Ese algo que sigue pasando todo el tiempo en la sociedad se expresa de distintas maneras, el tema de que yo sea precandidata es otra expresión de ese fenómeno social".

El Antel Arena comenzó en el período pasado.

—Sí, las cosas empiezan pero después se desarrollan y llevan años. Más una gran cantidad de cosas, por ejemplo, todo el paquete de estímulos que es muy fuerte para el sector audiovisual que estamos sacando. Eso es un cambio de segunda generación. Va a empezar como un piloto, con un fondo de dos millones de dólares, pero que es poner el foco sobre un sector brindándole condiciones nuevas. La promoción de la I+D que estamos promoviendo ahora también es parte de la segunda generación, porque es estructurante. Estamos dando una exención del I+D del 35% o 45% según cuán jugada sea la inversión. Todo el piloto que estamos haciendo de compras públicas para la innovación es segunda generación y es estructurante también; bien nuevo y disruptivo. Eso demuestra que hay una agenda.

Una de las críticas que se le hacen al Frente Amplio es que la economía sigue estando primarizada. ¿Qué le parece que se puede hacer para generar ese salto?

—No creo que el Frente haya fracasado porque las bases para generar una matriz productiva nueva están sentadas. La matriz tiene que cambiar, lo cual no quiere decir hacer borrón y cuenta nueva. Es tomar la matriz productiva que tenemos y a esa matriz acercarla mucho más a los sectores pujantes de la economía mundial, como son el mundo digital y de la tecnología. Hay que tener mucho empuje con nuevas medidas a sectores que ya están más que incipientes: software, diseño, audiovisual. Y hay que acercarlas al interior.

Usted habla de reformas de segunda generación, pero hay temas como la seguridad y la educación que generan preocupación en la opinión pública. ¿En esos casos no es necesaria una reforma de primera generación?

—Comparto la preocupación. Cuando hablo de segunda generación, no solo hablo porque las cosas sean cambios diferentes, sino porque implica el reconocimiento de que la realidad es diferente, de que la sociedad cambió porque el mundo cambió. Entonces, en tema de seguridad y también de educación, el problema no es un problema de un solo ministerio. Lo que hay que encarar —y creo que se ha avanzado en el proceso— es una coordinación muy fuerte en el territorio, en las políticas, para llevar adelante políticas de prevención en temas de seguridad. Lo mismo en educación. Por ejemplo, el tema tan triste de la deserción estudiantil en realidad hay que mirarlo en su integralidad y no echarle toda la tinta a Secundaria o a los docentes, porque ellos están inmersos en un barrio, en un contexto con una cantidad de problemas y que no se pueden resolver solo desde las aulas. Y ahí surge otra vez el tema de la coordinación.

—El Frente Amplio está por terminar el tercer gobierno. ¿Estos problemas que se ven ahora no eran evitables?

—No eran evitables. Porque son cambios nuevos en la sociedad que no estaban presentes antes. Y en el mundo tampoco.

—El deterioro en la seguridad en algunas áreas de la ciudad, las diferencias en los códigos culturales que existen ahí, según jerarcas del gobierno. ¿No eran evitables? ¿El Frente Amplio no fracasó en tratar de evitarlo?

—Para nada. Para nada. Porque tú estás queriendo expresar una realidad con afirmaciones que yo no comparto que se correspondan con la realidad totalmente.

"Siento que tengo mucho contacto con la gente, tanto en Montevideo como en el interior. Siento que hay un contacto, una buena comunicación, un respeto. Siento que me respetan. Siento afecto. No me siento lejos de la gente, para nada. Lo siento así, la gente me lo demuestra".

—¿Como cuáles?

—Esto que estás diciendo de que está todo mal.

—Nadie dijo que está todo mal. Pero hay algunas zonas de la ciudad…

—…Bueno, lo que acabás de decir. Porque los gobiernos del Frente Amplio han desarrollado también una cantidad de programas igualadores y que abren oportunidades. Hace tres días estuve en la olimpíada de robótica que organiza el Ceibal, participaron 1.500 niños y jóvenes de todo el país, y ahí había niños de la periferia de Montevideo. He hablado con padres y madres de la periferia de Montevideo ese mismo día que me decían: “Mis hijos están por llegar porque están en la olimpíada del Ceibal”. Y esos botijas están teniendo una oportunidad igualadora y que además les va a asegurar un trabajo sustentable. O sea que para nada creo que el gobierno haya fracasado. Lo que sí sucede es que mientras hace estas cosas, la realidad también juega y otros también juegan. Y no todos somos buenos. Hay otros intereses que están jugando en la realidad y contra los que hay que ir desplegando, una y otra vez, acciones represivas y acciones constructivas. Pero para nada creo que haya un fracaso.

—El Frente Amplio había prometido en la campaña electoral bajar los delitos y mejorar los resultados educativos.

—Con respecto a los objetivos trazados por el programa de gobierno, lo que hay que medir es no solamente el alcance de la cifra concreta del objetivo, sino qué políticas se tensaron para conseguir esos objetivos y si se fueron ejecutando. Porque te puede pasar que desarrolles planes para conseguir un objetivo y que aparezcan nuevos elementos en la realidad que te la vayan complicando cada vez más. Otra cosa es que vos no hagas nada y esperar a que los objetivos se cumplan solos.

—Usted dice que no hay fracaso. ¿A qué atribuye entonces el descontento que surge en las encuestas con la seguridad y la educación? ¿Por qué aumentan los delitos en las zonas donde también hay problemas con los logros educativos?

—Creo que hay de las dos cosas. Por el lado de seguridad, creo que es un problema y no es un problema. Es un problema porque hay lugares donde la cosa se ha complicado muchísimo y creo que hay que tener esa visión integral y mejorar la coordinación. Hay que reconocer que es así. También me ha pasado… hace poco estuve en un pueblo muy chico del interior porque íbamos a tener una reunión con compañeros. Llegamos en el auto con una amiga y nos dicen: “Dejá el auto abierto”. Cuando tenemos la reunión, empiezan a decir que ahí tienen problemas de seguridad. Entonces le digo que me dijeron que dejara el auto abierto. “Bueno, en realidad no hay problemas de seguridad”, me responden. Entonces, ¿por qué esa gente que estaba ahí, que no tiene problemas de seguridad en ese pueblo me estaba hablando de los problemas de seguridad? No lo sé.

Tema educación, también: es y no es. En educación nunca se va a terminar, siempre vamos a tener que mejorar y cambiar. Pero no creo que se esté haciendo todo mal en la educación. La gente no cree que se esté haciendo todo mal la educación. La gente real, que tiene a los hijos en la educación o la gente que estudia. Veo a la universidad en todo el interior, la visito, la conozco. Participo en actividades con la universidad y la verdad que el cambio cualitativo, profundo que significa tener la universidad en todo el interior es muy fuerte. La carrera de Ingeniería en Fray Bentos de la Utec, por ejemplo, pasó de 50 estudiantes a 500. Los polos tecnológicos de la UTU en el interior... yo no veo que eso se esté haciendo mal. ¿Que habrá cosas que cambiar? Seguramente. Y quizás una de ellas sea poder avanzar en la descentralización en la educación y que los centros de estudios tengan más libertad de acción. No creo que sea todo negro ni mucho menos en la educación.

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