Guido Manini Ríos. Foto: Javier Calvelo/ adhocFOTOS

Guido Manini Ríos, un general paracaidista e intelectual con don de mando y herencia política

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Nº1980 - al de Agosto de 2018
escribe Sergio Israel

No es alguien fácil de encasillar. A diferencia de la mayoría de los militares, no necesita el sueldo para vivir porque posee tierras productivas. Es paracaidista, pero también licenciado en Historia. Proviene de una familia colorada riverista, opuesta al batllismo, pero admira el pensamiento del trotskysta argentino Jorge Abelardo Ramos, cuyo ideario de patria grande conoció de la mano del filósofo Alberto Methol Ferré. 

De fuerte personalidad, convicción católica y que en agosto cumple 60 años, está casado y tiene dos hijos con Irene Moreira, una militante herrerista del departamento de Artigas, actual edila del sector de Luis Lacalle Pou e hija de un coronel del Ejército. 

Igual que buena parte de los que se formaron en el batallón de infantería paracaidista Nº 14, Guido Manini Ríos se alineó con la logia ultranacionalista Tenientes de Artigas, cuyos fundadores, anticomunistas y antimasones, tuvieron un fuerte protagonismo en el golpe de Estado de 1973. 

Hugo, uno de sus ocho hermanos, es un productor arrocero que apoyó al senador Rafael Michelini en 2004, pero que en la década de 1970, con pistola en la cintura, encabezó la organización de ultraderecha Juventud Uruguaya de Pie (JUP). 

Ingresó a la Escuela Militar en 1975, que la dictadura designó Año de la Orientalidad, y egresó con el grado de alférez en la promoción general Leandro Gómez en 1978, cuando el régimen sufría el rechazo del presidente estadounidense James Carter.

Manini ascendió a la jerarquía de general luego de haber sido director del Hospital Militar.

Fue entonces que, en línea con otros simpatizantes de los Tenientes de Artigas, que antes se habían enfrentado en combate con los tupamaros, desarrolló el vínculo con Eleuterio Fernández Huidobro, hombre de confianza de José Mujica y también influido por la concepción de patria grande latinoamericana.

El elogioso discurso, que el entonces flamante comandante pronunció en agosto de 2016 al pie de la tumba del exministro de Defensa Fernández Huidobro en el Cementerio del Buceo, impactó y desató polémica. Entre sus camaradas están los que apoyan la apología de quien consideran el mejor ministro en años, otros creen que exageró las virtudes de un tupamaro, mientras un tercer grupo piensa que a un militar no corresponde pronunciarse acerca de un superior, sino apenas cumplir órdenes. 

En todo caso, la muerte de Fernández Huidobro se convirtió en una chance de ascenso para el subsecretario Jorge Menéndez, que a pesar de los pronósticos fue designado ministro por el presidente Tabaré Vázquez.

El liderazgo en ascenso de Manini, sin embargo, representó una fuerte prueba para el dentista socialista de Durazno, que no tuvo ni el mando ni la misma llegada a los militares que su antecesor en el cargo.

Menéndez tenía que actuar no solo luego de Fernández Huidobro, al que los generales respetaban casi por unanimidad, sino ante un jefe del Ejército de fuerte impronta política.

No en vano, el comandante elegido era nieto de Pedro Manini Ríos, exministro de José Batlle y Ordóñez y fundador del Partido Colorado Riverista y de la Sociedad Editora  Uruguaya (Seusa), que publicó los diarios La Mañana y El Diario.

Aunque la familia se desarrolló en Treinta y Tres, Alberto, el padre del comandante, asumió como diputado por Montevideo en 1959 por la Unión Democrática Reformista, que se había presentado bajo el sublema Todo Nos Une Contra el Colegiado.

Carlos, tío del jefe del Ejercito, fue director de La Mañana, embajador de la dictadura en Brasil y luego ministro del Interior del primer gobierno de Julio Sanguinetti.

Aunque la actividad profesional alejó a Guido del mundo político, la llegada al generalato representó el despertar de un liderazgo que se proyecta más allá de los cuarteles.

“Ser artiguista hoy significa negarnos a ser ejecutores de un libreto elaborado en otras latitudes” ha dicho en el clásico discurso del 18 de mayo. 

Foto: Javier Calvelo/ adhocFotos

General desafiante.

Manini ha logrado una conducción exitosa de la fuerza, y el discurso del Día del Ejército de este año fue ovacionado por militares en actividad y retiro, que entendieron el mensaje  dicho con firmeza frente a lo que tanto tenientes de Artigas como masones u otros consideran una política de liquidación de las Fuerzas Armadas por el Frente Amplio.

Sin embargo, a pesar del reconocimiento de su liderazgo, no pocos rechazan la ofensiva católica, hecha al amparo de María Auxiliadora Delgado, la esposa del presidente y del cardenal Daniel Sturla. 

En esta avanzada destacan decisiones antes impensables: designación de un capellán, realización de misas de uniforme en la catedral, distribución de biblias a los soldados y el relanzamiento de una capilla en el Hospital Militar.

Manini ha seguido adelante con sus medidas a pesar de las protestas de algunos legisladores colorados, aunque también ha recibido críticas por  los conceptos expresados en sus discursos en los cuales desafía al poder civil, mientras que al mismo tiempo expresa subordinación de los militares al mando. 

Ya antes de asumir, Manini había acusado a la Universidad estatal de defender “intereses privados” que conspiran contra el Hospital Militar (Búsqueda Nº 1797).

Luego mostró talante de estratega cuando propuso que el Ejército se encargara de formar a los llamados “ni-ni”, jóvenes que no estudian ni trabajan, una posibilidad que llegó a entusiasmar al expresidente Mujica, pero que despertó críticas por estigmatizadora y que no prosperó.

Foto: Javier Calvelo/ adhocFotos

Derechos humanos y ley orgánica.

La relación entre Menéndez y Manini fue formalmente correcta, aunque distante.

Para los generales, sin embargo, la procesión va por dentro. Ganada a última hora la batalla para frenar el impuesto a los retirados y congelada la discusión sobre la reforma del sistema previsional, el nuevo escenario está marcado por otros dos asuntos delicados: la discusión de una nueva ley orgánica militar, que sustituya a la de 1974, cuando Manini era estudiante, y la cuestión de los derechos humanos que se ha reactivado con la creación de la Fiscalía  Especializada en Crímenes de Lesa Humanidad, a cargo de Ricardo Perciballe.

En los últimos días, la fiscalía pidió el procesamiento de ocho oficiales retirados por delitos de tortura a una treintena de detenidos en el centro clandestino conocido como “300 Carlos”, que funcionó entre 1975 y 1977 en un predio militar de Gruta de Lourdes.

Manini ha hecho esfuerzos por mantener un bajo perfil en este tema y, desde que asumió en el cargo, con el respaldo de Fernández Huidobro, desalentó expectativas revisionistas y los esfuerzos por encontrar restos de los desaparecidos, pero al mismo tiempo envió mensajes a los retirados para que no entorpecieran los esfuerzos que estaba realizando por presentar un Ejército al servicio de la sociedad.

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