Para Mariela Peña, propietaria de Guarida, tallerista y escritora, en la casa de libros la poesía ocupa un lugar "totalmente protagonista". "Creemos y militamos la poesía", asegura en diálogo con Galería. Habla rápido, con la pasión y verborragia de quien lleva años defendiendo una causa. Y, en cierto modo, eso es lo que hace.
Nacida en Argentina, Peña llegó a Uruguay hace ocho años. Durante mucho tiempo coordinó talleres literarios en distintas librerías y centros culturales. Pero sus cursos empezaron a llenarse. Notó que había muchas personas interesadas en escribir y aprender a hacerlo; y, junto con su pareja, el músico Mauricio Sepúlveda, decidieron abrir un lugar propio.
La idea era sencilla: construir un espacio donde la literatura no se sintiera intimidante. "Sobre todo, desescolarizar el concepto de la poesía como un género elevado, inalcanzable. El que te enseñan en las escuelas, justamente", explicó. Así fue como, hace dos años, su proyecto se materializó en un espacio que, además de vender libros —sobre todo de editoriales independientes y autores emergentes—, alberga talleres de narrativa y poesía, clubes de lectura, un coro, propuestas de tejido, ajedrez y otras actividades culturales.
Los talleres de poesía son los que más convocan y, al finalizar cada año, derivan en publicaciones colectivas. Peña siempre incentiva a sus alumnos a que se organicen, armen colectivos, viajen, lean en público y ocupen espacios para democratizar la poesía.
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Emilia Estela, Franco Bitancort, Ariela Peretti e Inés Pírez leen y escriben poesía.
Adrián Echeverriaga
Pandemia de poetas
Muchos jóvenes comenzaron a escribir en 2020 o 2021, cuando la llegada del Covid-19 obligó al encierro, incrementó el tiempo libre y alimentó una cierta necesidad de procesar, desde lo emocional, lo que estaba pasando. Inés Pírez (30), una de las poetas que asiste a los talleres de Guarida, contó a Galería que siempre le gustó escribir cuentos. Pero, cuando se instaló la pandemia en Uruguay, sintió la necesidad de "descargar un poco a través del arte".
Fue en ese momento que se encontró con la propuesta de talleres que dictaba Mariela Peña de forma virtual y se inscribió en uno, no muy convencida, porque era de narrativa y poesía. "Uf, poesía…", pensó entonces. Hasta que, por obligación, tuvo que escribir un poema, y se dio cuenta de que era lo que más le gustaba, aunque no lo supiera.
Algo parecido le ocurrió a Tamara Serantes, de 22 años, autora del poemario Tregua a la ternura e integrante del colectivo de poetas La Reposera. También llegó a Guarida durante la pandemia, primero a un taller de narrativa y luego al grupo de poesía.
La experiencia colectiva aparece una y otra vez como algo central. Más que la imagen romántica del poeta aislado, encerrado, escribiendo en soledad, lo que surge en estos relatos es la idea de comunidad. "Nos dimos cuenta de que, estando juntos, uno lee, otro escucha, intercambiamos, y todo se potencia mucho más", dijo Serantes.
La poeta Ariela Peretti (33), coordinadora del club de lectura de poesía de Guarida e integrante del colectivo de poetas Agua Mansa, lo plantea de forma similar. "La escritura siempre es un acto muy solitario. Pero Guarida tuvo un impacto muy grande en pensar este espacio de taller desde el lado del grupo".
Franco Bitancort, de 20 años, integra el colectivo de poetas La Reposera, surgido también a partir de uno de los talleres de Guarida. En diálogo con Galería, recordó que su primer contacto con la poesía fue a través de la lectura de la obra de Delmira Agustini y de Juan Gelman, gracias a una profesora de Literatura del liceo. La primera le parecía algo acartonada en su manera de escribir. Pero Gelman, "a pesar de la época en la que escribía, de acartonado no tenía nada", resaltó. Primero leyó, luego comenzó a escribir sus propios poemas.
Emilia Estela (24), en cambio, descubrió la poesía casi por accidente, en una edición de la Feria del Libro de Montevideo. Encontró un libro polvoriento, lo tomó en sus manos y en cuanto lo abrió descubrió un tipo de poesía "muy disruptiva". "Nada que ver con lo que me enseñaban en el liceo", dijo. A ese tipo de poesía, que es también la que luego ella misma comenzó a escribir, la define como "poesía mugrosa": menos solemne, más desordenada, más libre.
Tamara Serantes poeta
Tamara Serantes, poeta y autora de Tregua a la ternura.
En esto insiste Peña en cada uno de sus talleres. Es muy crítica de la enseñanza tradicional de la literatura y cuestiona que los programas educativos sigan centrándose solo en autores clásicos. Los adolescentes "no tienen ni idea de quién es Natalia Carrizo, no saben quién es Natalia Parodi. No conocen a poetas y escritores jóvenes que la están rompiendo", lamentó. La consecuencia, según ella, es que muchos adolescentes creen que la poesía es algo que les es ajeno.
Amores y desamores, los vínculos, la vida, la muerte. Las pequeñas cosas que nos rodean. "Desde los griegos, los temas son los mismos de siempre. Las preguntas, en el fondo, son las mismas. Y eso está bien, porque quiere decir que seguimos siendo serios con este paso por el mundo", destacó Peretti.
Cada poeta escribe de lo que le gusta o, más bien, de lo que lo interpela. Pero las formas ya no son las mismas que las de los poetas del siglo pasado o el anterior. El verso es libre, ya nada tiene que rimar con nada, no hay estructuras rígidas.
"El mundo nuestro no es el mundo de Idea (Vilariño). Seguimos en Montevideo, la rambla sigue siendo la rambla, pero todo alrededor es distinto. También a nivel conceptual, ideológico, los titulares no son los mismos. Nuestra poesía es distinta porque el mundo es distinto, no podemos hablar de lo mismo que hablaba Idea porque ya no está vigente", concluyó Serantes respecto a los cambios que se sucedieron en los temas y las formas de hacer poesía en las últimas décadas.
Hay nombres que se repiten entre los referentes de los jóvenes poetas uruguayos. El de Idea Vilariño, el de Cristina Peri Rossi, o el de Marosa di Giorgio. "Pero tratamos de leernos a nosotros, a quienes estamos escribiendo hoy", dijo Peretti. Y entre quienes están escribiendo hoy destacan a Vivianne Artigas (@vivianneairlines), la uruguaya que organiza un ciclo de poesía performática llamado Poeta Soporta Poeta, en el que distintas personas recitan poemas en vivo ante un micrófono en algún lugar de la ciudad o del país. También mencionaron a Magdalena Portillo y a Lalo Barrubia.
Mayela Arteaga_FOTO MANUEL SERRA
Mayela Arteaga, actriz, gestora cultural y poeta, organizadora de Poesía en Tu Sofá en Uruguay.
Manuel Serra
Militar la poesía
Uno de los rasgos más visibles de la nueva escena de la poesía uruguaya es la proliferación de colectivos literarios. Los poemarios y las publicaciones colectivas de La Reposera y Agua Mansa son una muestra de ello. De Agua Mansa surgió una antología publicada en diciembre de 2025, con poemas de 15 autores distintos y unos 500 ejemplares impresos que ya se están por agotar. El colectivo cuenta con una agenda de actividades de difusión y presentación de su libro, y una agenda aparte para realizar acciones de promoción y lectura de poesía en general. De la segunda agenda surgió un club de lectura de poesía, que en la actualidad integran más de 70 personas y que se reúne una vez al mes en distintas librerías de Montevideo.
La Reposera apareció mediante el proceso inverso. Primero, Peña propuso un proyecto de publicación de una antología a quienes asistían a un taller los viernes. Como resultado, 17 poetas reunieron algunas de sus obras en un libro y se juntaron ellos en este colectivo, que apunta también a fomentar y divulgar la poesía.
Existe, además, un "colectivo de colectivos" llamado El Bus, donde representantes de los distintos grupos coordinan actividades en conjunto. De Guarida, estos grupos de poetas rápidamente egresaron y comenzaron a funcionar como grupos autónomos que organizan lecturas, encuentros y actividades de difusión.
A eso se suman las actividades permanentes organizadas desde la propia casa de libros: micrófonos abiertos, jornadas literarias, meriendas poéticas, lecturas colectivas y recitales. También hay encuentros organizados por adolescentes, clubes de lectura itinerantes y actividades que mezclan distintos colectivos.
Guarida representa uno de los epicentros de la poesía escrita y colectiva, pero no es el único. Otro fenómeno paralelo ayudó a sacar la poesía de sus espacios tradicionales y a llevarla a públicos más amplios: el de la poesía performática y oral. El puntapié fue también la pandemia, ese período de tanta incertidumbre en el que muchos encontraron en el arte una forma de refugio y conexión.
En marzo de 2020, cuando el encierro recién empezaba, la poeta, actriz y gestora cultural Mayela Arteaga estaba por cumplir años. Ante la imposibilidad de hacer un gran festejo, un amigo poeta fue a su casa y le propuso hacer un vivo en la red social Instagram para leer poemas juntos. Durante esa transmisión, un usuario les comentó que en España existía un festival llamado Poesía en Tu Sofá.
Arteaga, intrigada, comenzó a investigar y se encontró con que la poeta española Elvira Sastre organizaba este festival virtual en el que poetas españoles leían textos en Instagram por turnos, pasándose la posta unos a otros. Alucinada, sin entender del todo de qué se trataba, sintió el impulso de enviarle un mensaje a Sastre, sin ninguna esperanza de que ella, que contaba con millones de seguidores en la red social, fuera a leerlo. Mucho menos, a contestarle.
Para su sorpresa, en solo 15 minutos, la española respondió con enorme generosidad. "El festival es de ustedes", le dijo, explicándole en detalle su funcionamiento y celebrando haber recibido mensajes de interesados en varias partes del mundo.
Así nació la versión uruguaya de Poesía en Tu Sofá, primero como algo completamente virtual. Pero, al ir levantándose las restricciones de la pandemia y retomarse los encuentros masivos, Arteaga decidió llevar esta iniciativa a la presencialidad y volver a verse las caras con esos cientos de personas interesadas en leer o escuchar poemas recitados.
En la actualidad, Poesía en Tu Sofá Uruguay lleva 20 ediciones y llenó las salas del Museo Zorrilla y el Teatro Solís, con más de 200 personas. Actores, músicos, figuras mediáticas y artistas alejados del circuito literario se suman, edición tras edición, a leer poesía en escena.
Para Arteaga, la poesía vive "en un clóset" dentro de los géneros literarios. Todas las personas tuvieron algún contacto con algún poema, pero quizás no lo dicen. "El momento en el que vos le decís al otro ‘yo leo poesía’ es una salida del clóset", dice entre risas. La organizadora de Poesía en Tu Sofá sostiene que cada vez más gente se interesa por este género, que está cada vez más extendido. Y los encuentros de "poesía performática", en los que hay personas que se paran sobre un escenario y leen, y cargan las palabras de emoción, de gestos, de pausas, a veces hasta de música, son grandes responsables de ello.
La escena de la poesía uruguaya contemporánea parece ya bastante consolidada. El género no es nuevo, pero sí lo es la forma de expresarlo y compartirlo. "La poesía se convoca en festivales, como si fuese un arte escénico más. Que lo es, pero no se consideraba algo para ser escenificado", explicó Arteaga. Escenificar, aprenderse los versos, darles una intención. Eso es lo que hace al costado performático de esta nueva poesía.
Poesia en tu sofa_FOTO VICTORIA TAMIS (2)
El festival Poesía en Tu Sofá ya lleva unas 20 ediciones en Uruguay, con más de 200 asistentes en cada ocasión.
Victoria Tamis
La poesía virtual
La circulación actual de la poesía sería difícil de entender sin las redes sociales. Plataformas como Instagram y TikTok funcionan como canales de difusión, espacios de descubrimiento y, muchas veces, puerta de entrada para nuevos lectores.
Sin embargo, la relación de los poetas con las redes a veces no es del todo sencilla. Varios de ellos hablan de una tensión constante entre mostrar lo que hacen y convertir la escritura en un producto pensado para conseguir likes. "A mí me pasó y por eso lo dejé", contó Pírez sobre publicar poemas en Instagram. "Me di cuenta de que estaba escribiendo peor", reconoció.
Bitancort resaltó la importancia de entender que en las redes sociales uno no se muestra siempre tal cual es, y que muchas veces hay una cierta construcción de un "personaje". En la misma línea Estela reconoció que, durante mucho tiempo, sintió miedo de que la gente confundiera los poemas con su vida real. "Pensarán que estoy todo el día retriste", se cuestionaba al publicar poesía sobre desamores.
Arteaga observó algo similar, aunque desde otro lugar: para ella, internet aceleró el consumo, pero también ayudó a democratizar el acceso a la poesía. "Todo lo que está en internet es de consumo rápido", dijo. "Pero sí entiendo que son los medios de producción y de visibilización que tenemos en nuestra época".
Para Peña, las redes son una herramienta inevitable y muy útil en la difusión de las obras literarias. "Cuando tenía 20 años y quería que alguien leyera mi poema que no fuera mi mamá, era imposible", recordó. Hoy, en cambio, un texto puede llegar en un instante a lectores de cualquier parte del mundo.
Además, en la democratización de la poesía, las redes juegan un rol fundamental. Estela admite que las personas interesadas en poesía siguen siendo una minoría, y Serantes es todavía más directa: "La poesía es re de nicho".
Pero todos coinciden en que la situación empezó a cambiar desde hace unos años, y que parte de ese cambio tiene que ver con la circulación actual de la poesía: redes sociales, editoriales independientes, espacios culturales y comunidades de lectura. A esto se suma la posibilidad de leer autores contemporáneos que hablan desde experiencias reconocibles, cotidianas.
"Queremos que haya poetas actuales que también sean referentes", expresó Bitancort. "Y que puedas leer y decir '¡qué bueno esto que escribe!', y entenderlo de primera", añadió.
Pero Pírez advirtió sobre la importancia de que las redes sociales no sustituyan a las actividades presenciales ni se conviertan en el único medio de encuentro, publicación y difusión. "Porque la comunidad está en los espacios, en las librerías, en los centros culturales", dijo. "Al final del día, todos queremos lo mismo", resumió la joven poeta. "Promover la literatura, pasarla bien. Queremos escribir y poder generar un espacio seguro para las personas".