Fernando Andacht y Esteban Valenti. Foto: Nicolás Der Agopián

La noche de 12 años: el regreso del relato tupamaro en clave de épica y lo latente de un nuevo debate sobre historia reciente

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Nº1985 - al de Septiembre de 2018
escriben Federico Castillo y Guillermo Draper

“Me estoy cagando”, se escucha en el cine con la voz inconfundible del expresidente José Mujica, con su tono, su cadencia al hablar, con el acento muy bien logrado por el actor español Antonio de la Torre. La pantalla grande proyecta la imagen de tres tipos muy reconocibles para el público uruguayo. Acaban de recibir una golpiza tremenda, con saña. Palos en las costillas, botas en el estómago. Están encapuchados, engrilletados y a bordo de un camión que los llevará desde la prisión en la que estaban al primero de los varios e incómodos destinos que tendrán en más de una década de cautiverio, de soledad casi absoluta. “¿Pepe, sos vos?” –“¿Ñato?” –“¿Ruso?”. Mujica, Eleuterio Fernández Huidobro y Mauricio Rosencof —de ellos tres se trata esta historia— se buscan en la oscuridad de sus capuchas, en el interior hostil de ese camión lleno de militares y metralletas. “Me estoy cagando, así que disculpen, compañeros”, se vuelve a oír la voz del actor español en la piel de Mujica. Y empieza entonces el viaje a la supervivencia que propone La noche de 12 años, una película dirigida por el  cineasta Álvaro Brechner y coproducida por la productora uruguaya Salado, que hace foco en el periodo de reclusión como rehenes de estos tres dirigentes tupamaros durante la dictadura militar, entre los años 1973 y 1985. El guion de la película está basado en el libro Memorias del calabozo, de Rosencof y Huidobro.

Búsqueda pudo ver el filme antes de su preestreno en Uruguay —que será el martes 11— y tras la proyección ambientó un debate sobre el impacto político y social que pueda tener cuando llegue a las salas comerciales. En la tertulia participaron el experto en semiótica y profesor grado 5 de la Facultad de Información y Comunicación estatal, Fernando Andacht, y el publicista y exdirigente político Esteban Valenti. Búsqueda invitó también a más de una decena de politólogos e historiadores que declinaron su asistencia. Algunos por razones de agenda; otros, por lo espinoso que les resultó el tema a abordar.

A la salida, cuando los créditos finales terminaban de subir por la pantalla, Valenti abrió el juego haciendo algunas aclaraciones. “No viví esa experiencia personalmente. No estuve preso en la dictadura, estuve preso antes y en otras condiciones”, dijo. “La primera cosa que quiero decir es que si hago abstracción de la política, es una historia impactante. Es una historia de tres seres humanos de un lado y una manada del otro que realmente impacta. Por el transcurso y por el final. Esa es la primera impresión, cinematográfica y humana”.  Agregó que es una película “sobre Uruguay y sobre uruguayos” y por eso no podía ser “neutro” en su análisis. “Como película es muy buena, como relato está muy bien construido, me mantiene a pesar de mi resistencia a estos filmes”, comenzó. “Como enfoque político es totalmente parcial. Le falta el 99% de la historia de este país. Le falta el hecho de que así como vivieron esos tres seres humanos, vivieron miles. Y algunos mucho peor, mucho peor. Algunos se murieron, algunos desaparecieron y algunos pasaron niveles de tortura absolutamente inenarrables”. Los periodistas de Búsqueda le recordaron que la película elige deliberadamente centrarse en la historia de estos tres presos. “Como todas las cosas. Es más, pone en evidencia qué mal contamos la historia de esos 12 años. Cómo está contada parcialmente”, respondió.

Andacht dijo que una cuestión que justamente le interesó antes de ver la película fue una entrevista a Brechner en la que el director declaró que podría “haber hecho 18 películas en esta que hizo”. “Había muchos relatos, tantas formas de contarla. Siempre va a haber una forma que va a ser parcial, que además va a ser incompleta y falible”, argumentó el semiólogo. “Creo que hay una victoria que es la redención de uno mismo, que es esa cosa loca que brilla en toda la película y más allá de cuál sea tu partido, tu posición, tu crónica previa, que es la esperanza en pasar al otro lado”, prosiguió. “Lo que le dice el personaje de Fernández Huidobro al milico cuando casi lo mató: ‘Yo por lo menos tengo una conciencia de lo que está pasando’ y que es lo que va a permitir que se rehaga con todos los problemas que puede haber traído esa izquierda. Y nada menos que uno de los tres sea presidente, que es algo insólito, que uno se acostumbra porque es uruguayo y es la cotidiana. Pero es algo extraordinario”, se entusiasmó Andacht. “Es el chiste ese de que el mundo es redondo porque el que era presidente está en cana y el que estaba en cana ahora es presidente. Entonces, eso te da como una cierta luz a pesar de todos los clarooscuros y todas las incompletitudes”.

El experto en comunicación insistió en que el filme logra captar “esa universalidad de la redención de lo humano en unas condiciones que estaban hechas para enloquecerlos. Es la historia de una autorredención, del ser humano que se levanta”.

“Como enfoque político es totalmente parcial. Le falta el 99% de la historia de este país. Le falta el hecho de que así como vivieron esos tres seres humanos, vivieron miles. Y algunos mucho peor, mucho peor. Algunos se murieron, algunos desaparecieron y algunos pasaron niveles de tortura absolutamente inenarrables”.

Valenti siguió haciendo hincapié en la mirada histórica y política. “A mí lo que me preocupa es la reincidencia en una historia totalmente parcial sobre el período más difícil en toda la historia nacional. Fue el período donde el Uruguay estuvo más al borde de desaparecer. Eso sí lo muestra la película. Para que las instituciones armadas lleguen a ese nivel de ferocidad, de asesinato… y no muestran la otra parte”, se quejó.  

Consideró que la película no va a ser recibida de la misma manera en Uruguay que en el Festival de Venecia, donde el público la aplaudió de pie durante 25 minutos. “En Venecia es leída como el mejor relato de un uruguayo sobre sí mismo en toda la historia del Uruguay. Vivo, además, porque cuando estás muerto los relatos son más fáciles. No hay ningún uruguayo en la historia que haya logrado trascender las fronteras con un relato como lo ha hecho José Mujica. Ninguno. Y el centro, por más que hay otros dos personajes, es ese”, señaló. “La película da para reaccionar. La parte que más me emociona, además del ingenio para vencer a la muerte y a la locura y a la barbarie, lo que más me emociona es cuando sale libre”. 

Antonio de la Torre interpreta a José Mujica en "La noche de 12 años"

La película que Uruguay vio antes de verla.  

Los cuerpos huesudos, la piel amoratada, los nudillos hinchados y ensangrentados por esas comunicaciones entre los presos a través de golpeteos en la pared. Los actores de La noche de 12 años aportan verosimilitud a la historia y eso es un detalle en que reparó y valoró especialmente Andacht. El experto en semiótica dijo que estuvo pensando el ángulo político durante toda la película. “Hay una cosa que siempre me pregunté y esta película me trajo la respuesta”, afirmó. “¿Cómo puede ser que este Uruguay que tan bien describe Carlos Real de Azúa —en una crítica aguda y refinada del Batllismo—, cómo ese país mesocrático, donde la clase media es idealizada a través de la educación, del iluminismo, el pequeño país modelo, votó a la cara más evidentemente totémica de la sedición?”, se preguntó Andacht sobre la victoria de Mujica en 2009, muy distinta a la de Tabaré Vázquez, el mesocrático por excelencia. “Mi hijo el doctor”. Andachat ensayó una respuesta. “Esta película tendría que haber sido dada antes de la presidencia de Mujica y eso explicaría su llegada al gobierno. Esta es la película que todos los uruguayos que lo votaron tuvieron en su cabeza”, subrayó. “Hay una película que es el antecedente de esta, que desfila por la mente de los uruguayos y que termina con ese hombre, con ese rehén, con ese sedicioso, nada menos que en la Presidencia”. Para el semiólogo, la película es “una reflexión después que pasó”. “Lo que se le ocurre al director a partir de esas memorias del calabozo me parece fascinante en cuanto reflexión política”. Dijo que esta es la “típica historia que lleva a alguien a la empatía y no al rechazo”. “Y eso pasó antes de la película. Brechner hace una reflexión colectiva de qué puede haber soñado ese Uruguay que votó a Mujica”.

¿Y qué puede pasar ahora con la película en este contexto preelectoral? Para Andacht no solo habrá dos visiones de la película acá y afuera. Sino dos visiones de Mujica acá y afuera. “Acá va a ser distinto, el país atraviesa elementos económicos, sociales, políticos confusos. Hay un momento de debilidad evidente del Frente, de pérdida de pureza. La opinión va a ser fragmentaria. La ovación masiva es la que te da el lejos. Pero acá al indeciso emocional, que no es un rabioso anti, le va a llegar porque está muy bien hecha”, consideró. “Tiene una pegada emocional que se basa en ese bastión sobre el cual no hay discusión, que es el cuerpo, que es la última garantía de la credibilidad. Esta gente lo sufrió en carne propia. Incluso en los que no son fans, va a llegar algo. La empatía es difícil de resistir, porque el cuerpo está en juego. Es un simulacro icónico pero es muy convincente, los gritos, las tinieblas de ese mundo que te deja pensando: ¿Eso era Uruguay? Eso era Uruguay, así”. 

¿Y qué puede pasar ahora con la película en este contexto preelectoral? Para Andacht no solo habrá dos visiones de la película acá y afuera. Sino dos visiones de Mujica acá y afuera.

Valenti discrepó con Andacht. “Yo no creo que a Mujica lo hayan elegido por lo que fue como guerrillero. Se combinaron dos factores: el resultado del gobierno, que había cumplido, y el personaje que le agregó este relato”. Por eso, dijo, esta película “es la explicación en el mundo de una parte del asunto”. Dijo además que Mujica ganó las elecciones “porque se hizo frenteamplista” y que el filme “va a chocar con lo que es el frenteamplismo hoy”.

Fue inevitable que la discusión derivara en cuestiones de la historia reciente. Hacia ahí fue Valenti. “Esa relación entre los que sufrieron y lo milicos me pega en las pelotas. Porque para mí la redención es que hubiera justicia hasta las últimas consecuencias. Algunos estuvieron en cana, no estuvieron los suficientes, porque si de un lado hubo un presidente, del otro quedaron muchos hijos de puta afuera, que violaron mujeres, que mataron mucha gente. ¿La venganza o la justicia es que llegaron a ministros de defensa o presidente? Qué querés que te diga…”.

Mujica, el heredero de Galeano. 

Y además de la historia reciente, la conversación también fue yéndose como en un embudo hacia lo que representa Mujica. Andacht pidió prestada una figura para explicar su punto. Recordó que el prólogo de Memorias del calabozo fue escrito por Eduardo Galeano. “El filósofo de la calle Darwin Desbocatti dice una cosa interesante: Entre los que deberían darles un dinero a los deudos de Galeano, el número uno en la fila debería ser Mujica. Porque él se galeaniza, toma exactamente ese lenguaje. Toda esa frase que la gente deslumbrada ya fueron todas, las encontrás todas en la obra de Galeano”.

—Todas no, pero es cierto —interrumpió Valenti.

—Todas no, pero las principales. Y son una especie de best seller de la izquierda. Y es lo que hoy el mundo más necesita, porque siguen dando una esperanza en una especie de humanismo tardío, donde lo único que vale no sería cuántas apps tenés o si tenés el último celular, sino que habría otro camino, otra vía, como antes se hablaba de la tercera vía.

Andacht insistió en su visión y asumió que no convergía con la de Valenti. “Pero me parece que no le bajaría el volumen a esa aura épica que trae Mujica”, dijo. Puso énfasis en esa mirada que el mundo tiene sobre el expresidente. “Van a la casa de él, a la chacra y tratan de ver si hay algo atrás, si es una fachada. Y es irresistible para la gente de todo el mundo que no hay una chacra de lujo atrás, que no hay un Rolls-Royce escondido detrás del escarabajo”, señaló. “Creo que lo que la película esta de la larga noche lo que más va a tocar en los públicos del mundo, incluido Uruguay, es la autenticidad. Y ese es el santo grial del siglo XXI, aunque no lo crean”.

Selva Andreoli, la esposa de Valenti, que lo acompañó en la función, intervino entonces en la discusión y tiró la última pregunta. “¿La película los emocionó?”

 —Un par de minutos —respondió Valenti.

—Me juego a que mucha gente se va a emocionar y que sí va a impactar, aunque obviamente va a estar ese núcleo que no… —dijo Andacht, hasta que lo interrumpió Valenti.

—No, no, no creo que sea el núcleo. Creo que hoy la sociedad uruguaya mayoritariamente no se conmueve con esto.

—Ah, yo creo que sí.

—No, no, no.

—Creo que sí.

—Absolutamente.

—Vamos a esperar. Vamos a esperar —concedió Andacht.

—Vamos a esperar. Pero yo creo que no se conmueve con esto. ¿Ta?

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