Luis Lacalle Pou. Foto: Nicolás Der Agopián

El candidato blanco dice que “cuánta más información” comparta la administración saliente “menos auditorias van a ser necesarias”

Lacalle Pou negociará la “ley de urgencia” con los otros partidos para que sea la “hoja de ruta” de un eventual gobierno de coalición

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Nº2027 - al de Julio de 2019
entrevista de Federico Castillo y Guillermo Draper

Antes de empezar la entrevista, Luis Lacalle Pou muestra dos cosas en su teléfono. Podrían no tener nada que ver. Pero sí, hay una relación. Lo primero, es una tabla de surf que se hizo traer de Estados Unidos y que va a estrenar ahora nomás cuando se tome unos días de vacaciones. Lo segundo, es el último spot de su campaña, uno que relata la noche de la victoria en las internas y que se detiene especialmente en el anuncio de la fórmula, en las palabras que eligió para presentar a Beatriz Argimón como su candidata a vicepresidenta. Si algo tiene satisfecho y tranquilo a Lacalle Pou —tanto que ahora puede proyectar su cabeza en el mar y las olas— es haber abrochado su plan A con precisión quirúrgica. Dice que la dupla con Argimón es algo en lo que venía pensando desde hace un año y que logró concretar en la misma noche del domingo gracias al peso de los votos y también a la negociación fina con los otros precandidatos. En entrevista con Búsqueda, el candidato blanco a la presidencia pone sin pudor la mira en el 1º de marzo de 2020, habla sobre la ley de urgente consideración que será la hoja de ruta de su hipotético gobierno multicolor y avisa que espera una transición en buenos términos para evitar conflictos judiciales. “Eso va a definir mucha parte de lo que va a pasar en el gobierno: la apertura de la información, la colaboración, el tener todos los datos. Cuanta más información se tenga, menos auditorías van a ser necesarias”.

—Fue un final de campaña intenso, quizás con algo de incertidumbre. ¿Imaginó una noche como la que terminó ocurriendo, ganar con esa holgura?

—Nos pasó algo parecido a la interna pasada con respecto a los estudios de opinión pública, que son estudios a los que muchas veces se le da capacidad de verdad revelada o verdad anticipada. Y, de nuevo, los números que nosotros manejábamos, con el conocimiento del territorio y de las estructuras del Partido Nacional, nos daba otra cosa. Pero tratamos de ser muy profesionales y prever todos los escenarios. A veces, los escenarios de derrotas son los más fáciles porque los tiene que aceptar uno, perdés y ya está, tenés que aceptar. Los escenarios más complejos son los de victoria, porque ahí ya no dependés solo de ti. Aunque en este caso entiendo que el porcentaje ya era suficiente para decir cuál era la fórmula. Pero era una victoria de corto plazo, porque si no sos capaz de cohesionar y convencer, es muy complejo. Esta foto que ustedes vieron el domingo tiene tres etapas. La primera tiene un año cuando se le ocurre a una persona muy cercana a mí que Beatriz podía ser candidata a vice. Fue simplemente una idea que quedó ahí. Como era una idea que estaba dentro de las posibilidades, ella —sin saberlo— no integró ninguna de las listas del sector, fue a los actos de todos los precandidatos y después se convirtió por sus cualidades en negociadora, cohesionadora, en alguien que supo mantener el humor, y eso ayuda mucho en momentos de tensión. La segunda etapa fue hace 15 días. Me reuní con ella y le avisé que quería usar su nombre. Le dije que dependía de muchas cosas, pero que manejaba dos nombres y uno era el suyo. La tercera etapa se da desde el viernes hasta el domingo de noche con reuniones entre los precandidatos para expresarles mis puntos de vista, mis escenarios posibles y de darse el escenario A cuáles eran los nombres que yo manejaba.

—¿Y hubo alguna resistencia de los otros precandidatos?

—Ahí es muy difícil que haya resistencia porque todavía no estaban los resultados. Todo el mundo analiza según su esquema mental de cuál resultado va a ser.

—Fue más un aviso que una negociación.

—Fueron distintas reuniones con los distintos precandidatos, está claro. Con algunos tengo relación, con otros no. Algunos fueron más a nivel informativo y otros con más significado de cohesión, de afecto y de relación personal. Después, el domingo de noche, me reuní acá en el comando con los cuatro cabezas de lista y les dije: “¿Ya está, no? Vamos para adelante con esto”. Si teníamos el porcentaje que nos avalaba, podíamos empezar una negociación y se llamó a los tres precandidatos, se hicieron cinco llamadas, y en media hora estaba resuelto.

—¿Cinco llamadas?

—Tres precandidatos, cinco llamadas. O sea que hubo chequeos y rechequeos, pero bien, bien, bien.

—¿Jorge Larrañaga le planteó la posibilidad de ir de vice?

—No revelo conversaciones privadas.

—¿Usted planteó todos los escenarios en las reuniones previas con los precandidatos?

—Con la única persona que manejé el escenario de perder fue con Sartori.

—Y le dijo que no quería ser vicepresidente suyo.

—Exactamente.

—¿Sartori le planteó que quería ser vicepresidente?

—No, no me lo planteó porque además tampoco le pregunté. Yo expuse. Empecé con el plan C, que era perder, y después fui con el plan A.

—En definitiva, esa noche, y con el peso de los votos, se cerró la fórmula.

—Sí, pero no fue por eso. Debo reconocer que los tres precandidatos, con distinto calor, pero los tres aceptaron la candidatura a vicepresidenta de Beatriz.

—¿Enrique Antía tuvo una actitud proactiva en ese proceso?

—Sí, muy proactiva. Antía, Sergio Botana y parte de ese grupo.

—En su discurso para presentar a Argimón usted habló de sus características…

—(Interrumpe) Perdón, yo vengo hablando de la importancia del vicepresidente de la República. Siempre dije que tenía que ser un buen candidato a vice, pero tiene que ser un buen vicepresidente de la República. Es una doble condición. Capaz que sos el mejor candidato y el día de mañana te ponen en esa función y no rendís.

—¿Raúl Sendic es un ejemplo?

Seguro… Pero pónganse a pensar la tarea de vicepresidente en un gobierno multicolor. Yo cuando rescato el tema del humor lo digo en serio. Tenés que tener una persona de buen humor, de buen talante, de mucha paciencia. Obviamente, conocimiento jurídico, porque se trata el tema legal muchas veces, con capacidad negociadora.

—¿Pero no carece de ciertas características electorales que le reclamaban: medio tanque, pueblo, el interior del país?

—Con todo respeto, miren el mapa electoral.

Lacalle Pou
Foto: Nicolás Der Agopián

—¿Y qué nos dice el mapa electoral?

—Dice que nuestro sector ganó en 17 departamentos.

—Eso es en las internas del Partido Nacional, no obligatorias. ¿Usted cree que eso se puede repetir en octubre?

—Y alguien de afuera del Partido Nacional no va a elegir. Todos los que fuimos candidatos del Partido Nacional tuvimos la oportunidad de competir. El que va a comparecer ahora es el Partido Nacional; yo, por ejemplo, creo que va a jugar un rol importantísimo el grupo de los intendentes desde el punto de vista territorial, no me cabe la menor duda. La participación de Larrañaga va a ser muy importante.

—¿Y qué rol va a ocupar Sartori?

No… No me corresponde a mí decir, pero entiendo que va a ser con una lista al Senado.

—Está bien, ¿pero puede ocupar un rol importante? Salió segundo.

—Salió segundo parejo, ¿no? Con Jorge es casi un empate.

—Tiene un 20%, es la segunda lista más votada.

—No, no, está bien, y Jorge tuvo un 17%.

—¿Observa que Sartori penetra en un público electoral al que usted no llega?

—Estamos haciendo un análisis electoral, circuito por circuito, del que aún no tengo los resultados.

"Pero pónganse a pensar la tarea de vicepresidente en un gobierno multicolor. Yo cuando rescato el tema del humor lo digo en serio. Tenés que tener una persona de buen humor, de buen talante, de mucha paciencia. Obviamente, conocimiento jurídico, porque se trata el tema legal muchas veces, con capacidad negociadora".

—Se habló mucho de los votos huérfanos de Mujica que van a Sartori.

—En teoría se habló, puede ser, no lo descarto. También el último informe, creo que fue de Ignacio Zuasnabar, decía que gente iba a votar en la interna a Sartori y que en octubre no necesariamente iba a votar al Partido Nacional. Por eso, a mí me gusta hacer un trabajo muy acabado, yo me mandé a hacer un trabajo de la votación de algunos sectores del Frente Amplio por circuitos y por zonas.

Usted habla de Antía, habla de Larrañaga, ¿a Sartori no lo visualiza como un aliado?

—Formalmente, es un aliado.

—¿Pero no hay resabios de una campaña agresiva?

—No, no hay resquemor. Simplemente que yo no tengo un relación personal, cercana.

—¿Y no tendría que cultivar algún tipo de relación de cara a las elecciones nacionales?

—Él va a participar de la elección nacional y va a presentar su lista al Senado. Yo soy el candidato del Partido Nacional.

—O sea que a usted le va a acumular de cualquier manera.

—Claro, pero… Yo trato en mi vida política de conducirme igual que en mi vida personal. Entonces…, no, no…

—¿Pero la parece que esto le pudo servir como aprendizaje al Partido Nacional en cuanto a las facilidades que tuvo alguien ajeno a la colectividad para alcanzar el segundo lugar?

—No soy partidario de hacer estos análisis en medio de un proceso electoral. Nuestra tarea ahora es otra, es ser el mayor partido de oposición, ser gobierno, y gobernar bien. Después del proceso electoral, el Partido Nacional —no el gobierno— podrá hacer algún tipo de análisis si es que lo tiene que hacer. Participo en un partido muy abierto, muy libertario. Y a mí me gusta eso.

—En su entorno había gente que sostenía que detrás de Sartori estaba José Mujica.

—No, a mí no me consta. Por lo general, no veo conspiraciones, si no vivís siempre desconfiando de todo el mundo. Yo creo que las acciones humanas son mucho más simples, que no quiere decir que sean muchos más buenas. O mejores. Simplemente, son más simples.

—Usted en su primer discurso como ganador reivindicó la política como herramienta. ¿Fue un mensaje dirigido a alguien?

—No, no, fue un mensaje de lo que yo siento, de lo que yo soy. Obviamente, en esta campaña hubo momentos en los que no se reivindicó la política. Y no estoy acusando a nadie porque no tengo pruebas. Pero la campaña falsa, la difamación, ensuciar, falsificar un libro, todo eso no ayuda. Puede eventualmente ayudar a una persona, pero seguro no ayuda a la política. ¿De qué nos jactamos en todo el mundo? De que Uruguay tiene una democracia bien sólida, de respeto. Yo reivindico el instrumento. Reivindico la política, reivindico al Partido Nacional. Y aparte, a mí la política me hizo mejor persona. Es mi testimonio. Es el mío. No sé si es el de los demás. Si le pedí a Sebastian Bauzá, o a Azucena Arbeleche o Pablo Bartol que vengan conmigo, no lo hice para envilecerlos, para que sean peores personas. Yo creo en la política. Y a mí lo que me enojó fue que se ataque al instrumento. Yo quiero que mis hijos cuando me vean llegar a mi casa tarde estén contentos de lo que se dedica su padre. Yo quiero que mis hijos se sientan orgullosos de lo que yo hago.No puedo permitir que ensucien lo que elegí como vocación de servicio.

—¿Le sorprendió la llamada de Tabaré Vázquez?

—Sí, gratamente. La verdad que sí. Estuvo bien. Así como yo le doy más palo que en las llamadas, soy muy crítico.

—¿Qué tipo de mensaje le transmitió?

—Saludos, felicitaciones. Bien. Republicanismo puro. Y está claro que no tenemos buena relación, él no ha querido tener una buena relación conmigo; yo la he buscado, y él no ha querido. Pero estos momentos son los de hipótesis de mínima en los que estuvo. Y no tendría por qué haberme llamado, y me llamó.

—Usted siempre habló de un gobierno multicolor. Ahora cambió un poco el escenario, apareció Ernesto Talvi, Guido Manini Ríos, hay nuevos actores.

—Diría que el único elemento distinto, real, es la votación de Cabildo Abierto. Todo el resto, no varía mucho. No creo que el voto del Partido Independiente o el de Edgardo Novick sea el voto que va a tener en las nacionales. Pero, aparte, creo que la importancia de algunos partidos, específicamente el Partido Independiente, no está solo dada por el peso electoral. Está dada por una línea de pensamiento, por una ubicación ideológica, que hace que el nuevo gobierno tenga las tensiones naturales de distintos espectros de la sociedad.

—De todas formas, ¿esperaba que Talvi le fuera a ganar a Julio María Sanguinetti?

—Capaz que al principio no. Capaz que lo de Talvi es similar a lo que me pasó a mí la vez pasada. Ya las últimas encuestas empezaron a decir que era posible.

—¿Y cómo se ubica ahora con Sanguinetti en un segundo plano y teniendo que negociar con Talvi?

—Con Talvi tengo buena relación personal. En el 2013 fui a hablar con él. También lo llamé cuando los encuentros ciudadanos. Él explícitamente ha dicho que quiere un gobierno de coalición. Nos vamos a poner de acuerdo. Creo que va a ser mucho más simple de lo que muchos creen.

—Talvi ha sido duro con Manini Ríos y Mieres también; usted, no tanto.

—No, no. Yo a priori no me amputo ningún acuerdo. Obviamente que tenemos que tener coincidencias en las cosas importantes. Es un partido nuevo y es un gran signo de interrogación. Veremos. Seguramente su electorado esté más vinculado a la familia militar. No tengo esos datos, los vamos a tener.

—¿Usted va a negociar con toda la oposición esa ley de urgente consideración que planea al inicio de un eventual gobierno?

—Bueno, vamos a ir avanzando. Esto no es partido, revancha y final. No es tan estructurado. Y hay ritmos distintos según los tiempos de los partidos. Capaz que Draper y Castillo con Lacalle Pou tienen distintas velocidades, el tema es cuándo se cierra. Se cierra cuando estemos todos. No a las velocidades de cada uno de nosotros.

—¿Pero antes de noviembre le van a presentar este documento a todo el arco opositor?

"Con Talvi tengo buena relación personal. En el 2013 fui a hablar con él. También lo llamé cuando los encuentros ciudadanos. Él explícitamente ha dicho que quiere un gobierno de coalición. Nos vamos a poner de acuerdo. Creo que va a ser mucho más simple de lo que muchos creen".

—Obviamente, obviamente.

—¿Puede ser el documento fundacional de un gobierno de oposición?

—Es una hoja de ruta necesaria.

—¿Y qué no baja de sus propuestas?

—Bueno, si empiezo a negociar así… A ver, yo voy a ir escuchando los discursos de los demás.

—Ustedes tienen que transmitir que pueden gobernar en un gobierno de tantos colores, ¿cómo convence a la gente de que eso es posible?

—Por eso hablo de hacer una campaña de coincidencias, no de diferencias.

—Pero de acá a octubre tienen que marcar diferencias.

—¿Por qué? Eso es una estrategia vieja.

—¿Usted dice que Talvi no va a querer pelear un balotaje?

—No, no. Acá todo el que compite quiere ganar. Ahora, sin perjuicio de eso, algunos optarán por una estrategia de diferenciarse y otros optaremos por una estrategia, que yo ya dije y no escondí, de ser los mejores intérpretes de las coincidencias entre los partidos.

—¿Puede correr para ustedes esa expresión de colcha de retazos que alguna vez definió al Frente Amplio?

—Nunca usé esa expresión. Creo que la diversidad está lejos de ser un problema. Es una fortaleza. Si dejamos de lado los egos y los personalismos, la diversidad de ideas es una fortaleza. De todos lados vienen los orientales.

—¿Cómo se imagina los primeros meses de un eventual gobierno? ¿Con qué cree que se puede encontrar?

—Depende mucho de qué empiece a suceder el 25 de noviembre a las tres de la tarde —por si a acaso es lunes—, el día después del balotaje. Cuando el presidente electo entre con su equipo y el presidente saliente lo reciba. Eso va a definir mucha parte de lo que va a pasar en el gobierno: la apertura de la información, la colaboración, el tener todos los datos. Eso va a ser directamente proporcional a la profundidad o no de las auditorías. Cuanta más información se tenga, menos auditorias van a ser necesarias. Auditorías van a haber, pero si tenemos la información antes van a ser menos profundas.

—¿Cree que esa transición se va a dar en buenos términos?

—Espero, espero. Va a ser una transición distinta, son 15 años de un gobierno único.

Lacalle Pou
Foto: Nicolás Der Agopián

—Usted hablaba de hacer los cambios rápido. ¿El fallido gradualismo de Mauricio Macri en Argentina fue un aprendizaje?

—No necesariamente. Muchos cambios a veces sugieren ciertas incertidumbres durante la aplicación de la medida. Si yo estoy convencido que la aplicación de la medida tiene una consecuencia virtuosa, tengo que hacer que el proceso de la aplicación dure lo menos posible.

—Pero una ley de urgente consideración no incluye temas presupueatales.

—No, ese es el límite. Pero todo el resto: regla fiscal, agencia de evaluación y monitoreo de políticas públicas, derogación de la obligación financiera, modificación de la ley de educación con los sindicatos fuera de los gobiernos desconcentrados, legítima defensa policial, liberación del monopolio de los combustibles. Y podríamos seguir.

—Es una lista ambiciosa.

—Y larga.

—¿La agenda de derechos no se va a tocar?

—No. Lo que yo no comparto es el subsidio a algunas actividades como el sistema elegido para la marihuana.

—¿Podría haber marcha atrás ahí?

—No, no. Creo que el sistema no es tan bueno como se dice, obviamente no logró los resultados que quería lograr.

—¿Qué tipo de campaña se imagina ahora tras una interna desgastante?

—No le tengo miedo a la dureza si es sobre las ideas y los programas. No me gustaría que sea una campaña de descalificación. Yo no la hago por respeto a la gente. Si no, somos gallitos de riña para que la gente nos mire.

—¿Cree que habrá un uso del aparato estatal para mantener estos 15 años de gobierno frenteamplista?

—Ojalá que no, puede ser que sí, creo que la gente no es tonta.

—¿Qué diferencias ve con la elección pasada?

—Yo creo que esta vez hay una voluntad de cambio en los uruguayos.

—La vez pasada creyó lo mismo.

—Obviamente, no había hecho el análisis. Cuando analizás el humor de la campaña pasada, no hubo motivo de cambio aparente, no había elementos.

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