José Mujica junto al director Emir Kusturica en el Festival de Venecia. Foto: AFP

Treinta horas en Venecia y “una historia de amor”

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Nº1985 - al de Septiembre de 2018

Se levantó un poco antes de las siete de la mañana en Mantova, un pequeño pueblo medieval al norte de Italia en el que nació el poeta romano Virgilio. Finalizaba un viaje de dos semanas por España e Italia en el que había pronunciado discursos ante auditorios de miles de personas y conversado con varios líderes políticos y sindicales europeos, entre cientos de firmas, fotos y demostraciones de afecto. Pero faltaba lo más intenso: el Festival de Cine de Venecia, con dos películas en cartel referidas a su vida. Así comenzó el expresidente José Mujica el domingo 2, y dos horas después bajaba de un taxi-lancha en su destino.

“Voy por mi amigo Kusturica”, insistía esa mañana. Imaginaba una demanda importante de entrevistas y de fotos durante las 30 horas que pasaría en las islas más turísticas de Italia, pero la realidad superó sus previsiones.

Ya en el muelle al llegar a la isla de Lido, cercana a Venecia, estuvo rodeado por fotógrafos y cámaras de televisión. Antes del mediodía de ese domingo se reunió con el director de La noche de 12 años, Alvaro Brechner, y los actores Alfonso Tort y Antonio de la Torre, que asume su papel. Fotos, reportajes, conferencia de prensa conjunta, todo fue multitudinario y emotivo esa mañana. La película había generado una ovación la noche anterior en el festival más antiguo del mundo.

En la conferencia habló de sus años de calabozo y de política, alargando mucho los silencios y recurriendo más de una vez a la ironía: “No soy una estrella, soy un estrellado”.

Bajo protesta, posó con el actor que lo interpreta en la película. El fotógrafo —un francés que no hablaba español— intentó hacerlo cambiar de posición más de una vez pero siempre recibió un no como respuesta.

Almorzó con todo el equipo de la película y a las dos de la tarde lo pasó a buscar la producción de Emir Kusturica. Lo alojaron en el Hotel Excelsior, que tiene a las principales estrellas como huéspedes.

Hay tramos del documental de Kusturica que no resultan tan halagadores, como una pelea a los gritos con un opositor en un bar y una reivindicación que realiza Mujica de ciertas acciones armadas de los tupamaros, en especial a los bancos.

Durmió una siesta y a media tarde salió con una comitiva a dar un breve paseo por Venecia. Lo acompañaron el equipo de la película y el actor argentino Leonardo Sbaraglia junto a su novia, con mate y termo como forma de acercarse a su ídolo uruguayo.

Recorrió algunas calles de la ciudad de los canales y se quejó por la cantidad de turistas. Además, se le dificultaba mucho caminar porque los transeúntes le pedían fotos o lo abrazaban o querían saludarlo. La mayoría de ellos eran europeos.

De regreso al hotel tuvo el primer encuentro con Kusturica y luego cenaron juntos en un restaurante cercano. Entre platos típicos y vino italiano, el director serbio le insistió para que fuera otra vez candidato presidencial y Mujica se sonrió. Entonces le dijo que lo iba a proponer en la conferencia de prensa conjunta al otrodía, pero su homenajeado le pidió que no lo hiciera.

A la mañana siguiente volvió a levantarse muy temprano y se puso un traje color celeste. Se encontraron con Kusturica en el lobby del hotel. Ya había muchos fans esperándolos. Caminaron hasta el lugar en el que se desarrolla el festival y atendieron a la prensa internacional durante toda la mañana: más de 30 medios de 15 países distintos. Una periodista griega se puso a llorar de la emoción en la mitad de la entrevista.

Foto: AFP

Luego se trasladaron a la conferencia de prensa oficial del festival, en la que los esperaban medio centenar de periodistas acreditados, muchos de los cuales aplaudieron de pie las palabras del expresidente uruguayo.

A esa altura del día, Mujica se mostraba fastidiado por tanta demanda. Después de la conferencia de prensa intentaron llevarlo a una sala acondicionada para las imágenes gráficas. “No quiero más fotos”, gritó y se fue caminando solo.

De todas formas, media hora más tarde apareció de nuevo con Kusturica en la puerta de la sala principal del festival, en la que se proyectaría El Pepe, una vida suprema. En el trayecto previo de 150 metros soportó cientos de flashes de los fotógrafos, de fans y otro llanto emotivo, esta vez de una joven italiana. La canción A don José, de Los Olimareños, lo agasajó sonando en la calle principal de Lido a todo volumen. Una vez más se enfrentó a un batallón de fotógrafos.

Vio la película junto a Kusturica, que terminó llorando. El contenido consta de largas entrevistas al propio Mujica, a Lucía Topolansky, a Eleuterio Fernández Huidobro y a Mauricio Rosencof, con flashes al pasado, imágenes de la vida cotidiana y reconstrucciones de hechos históricos. El guion manifiesta una obvia admiración, pero hay tramos que no resultan tan halagadores, como una pelea a los gritos con un opositor en un bar y una reivindicación que realiza Mujica de ciertas acciones armadas de los tupamaros, en especial a los bancos.

Apenas finalizó la película, que se estrenará en marzo comercialmente, Mujica se retiró de la sala, colmada por unas 1.500 personas que lo aplaudían de pie. Se fue rodeado por el director serbio, algunos integrantes de la producción del filme y decenas de fans que querían acercarse a tocarlo.

Media hora después ya estaba iniciando su viaje de regreso a Montevideo. Todavía emocionado por lo que había vivido, dijo: “Es una historia de amor, eso es lo más importante”.

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