• Cotizaciones
    jueves 12 de marzo de 2026

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, tu plan tendrá un precio promocional:
    $ Al año*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    En Búsqueda y Galería nos estamos renovando. Para mejorar tu experiencia te pedimos que actualices tus datos. Una vez que completes los datos, por los próximos tres meses tu plan tendrá un precio promocional:
    $ por 3 meses*
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá
    * A partir del cuarto mes por al mes. Podés cancelar el plan en el momento que lo desees
    stopper description + stopper description

    Tu aporte contribuye a la Búsqueda de la verdad

    Suscribite ahora y obtené acceso ilimitado a los contenidos de Búsqueda y Galería.

    Suscribite a Búsqueda
    DESDE

    UYU

    299

    /mes*

    * Podés cancelar el plan en el momento que lo desees

    ¡Hola !

    El venció tu suscripción de Búsqueda y Galería. Para poder continuar accediendo a los beneficios de tu plan es necesario que realices el pago de tu suscripción.
    En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] o contactarte por WhatsApp acá

    Una lanza por Campiani

    N° 1749 - 23 al 29 de Enero de 2014

    ¡Qué fácil es pegarle a Campiani y transformarlo en el chivo expiatorio del desastre que es Pluna! Campiani no reúne ninguna de las características que enorgullecen a los uruguayos: no es pobre, no es humilde, es empresario, es un trabajador empedernido, no concurre a tablados, probablemente no tome mate, pero sí se corta las uñas de los pies. Con estas cualidades, ¿quién podrá defenderlo?

    Pero su peor condición —estando al dictamen del fiscal Gómez y a la sentencia de la jueza De los Santos— es que a Campiani lo mueve “el ánimo de lucro”. El negocio de Campiani (como el de tantos otros profesionales en el mundo) es tomar empresas fundidas, reordenarlas, inyectarles dinero o inversores, mejorar los procesos y generar nuevos negocios, para luego venderlas. Su legítima ganancia la obtiene por el valor agregado que aportaron al proceso, no por robarse unas monedas en el camino. De hacerlo, su prestigio se vendría al suelo y no podría captar ningún proyecto más.

    “Siendo ese el norte de los indagados, necesariamente, muchos de los sucesos ocurridos en el desarrollo de la gestión empresarial están ligados indefectiblemente con dicha finalidad y es más, la única explicación de que hubieren sucedido debe encontrarse en ese ánimo de lucro que guiaba a los nombrados”, según lo estampó el fiscal Juan Gómez.

    El cadáver de Pluna les fue ofrecido a todas las empresas aeronáuticas del mundo, no solo por parte del broker Paul Elberse sino también por todas las embajadas que Uruguay tiene en el mundo: desde la solidaria Conviasa venezolana, hasta la lejana Qatar Airlines, pasando por la ”hermana” Aerolíneas Argentinas. Ninguna de ellas puso un centavo.

    Campiani, como gerente general de Pluna, fue exitoso: triplicó la cantidad de pasajeros, tuvo récord de ventas, aumentó las frecuencias, redujo la deuda, consiguió nuevos inversores y, por primera vez en 60 años de gestión estatal, tuvo un plan de negocios creíble. Tan es así, que todo esto figura elogiosamente en el “Balance de Gestión 2005-2009” de Pluna Ente Autónomo y se puede bajar de este link: http://www.plunaea.com.uy/component/docman/cat_view/17-balances.

    En ese camino debió lidiar con el precio de los combustibles más caros de la región (Ancap), y como no tenía amigotes políticos en Argentina (o no dio con los precios), no obtuvo las licencias para operar en ciudades claves del país de los “K”. La errática política exterior del presidente Mujica y de su canciller Almagro tampoco facilitó las cosas.

    Si algún obstáculo más le faltaba, fue un sindicato que jamás se bajó del caballo y hasta pretendían que Pluna gastara un millón de dólares para poner hornos microondas en los aviones y así el personal podía comer calentito en el largo trayecto de dos horas que une Montevideo con San Pablo.

    El gran error de Campiani fue pensar en grande, en un país que piensa en chico. Tan chico como piensan el fiscal y la jueza cuando creen que cobrar U$S 17.000 por gerenciar este monstruo es una fortuna. Fortuna son los U$S 5.000 que cobraban los directores puestos por el Estado, careciendo de mérito y currícula para ocupar unos cargos que, a todas luces, les quedaron grandes.

    El gran culpable de las pérdidas multimillonarias en Pluna no es Campiani, sino el Estado. Desde que se estatizó esta empresa en 1951 (gobierno del Partido Colorado), nos ha ido de mal en peor. Nos mintieron al hacernos creer que el Estado tiene que meterse en actividades empresariales, lo hicieron nuevamente al sostener que un Estado es más soberano si tiene una línea de bandera, siguieron estafándonos con el remate trucho, con la ley inconstitucional para vaciar la empresa, así como con la mosqueta del “caballero de la derecha”, que exhibió sus apellidos cambiados “por izquierda”.

    Esta decisión judicial contra Campiani va mucho más allá de condenar a una persona. Al tenor de los argumentos exhibidos, esto parece una condena al legítimo afán de lucro, a pensar en grande y a echarles las culpas de este fracaso a los empresarios, siempre inescrupulosos, siempre aprovechándose de un Estado incauto y bien intencionado.

    Si se prueba que Campiani se quedó con un solo centavo que no le correspondía, que reciba el castigo que merecen los hombres perjuros.

    Pero aún así, los uruguayos deberíamos aprender de una buena vez que el Estado no debe meterse a gestionar empresas, que toda actividad empresarial implica asumir grandes riesgos y que sería bueno comenzar a apreciar un poco más a las personas dispuestas a correrlos.

    Y por sobre todas las cosas, recordar que ha sido el afán de lucro (no el “afanar” los lucros de otros, que es lo que hace el Estado) lo que ha permitido crecer material, social y moralmente a toda la humanidad cada vez que lo ha libremente practicado.

    // Leer el objeto desde localStorage