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    A las patadas

    La relación entre oficialismo y oposición no pasa por su mejor momento, y podemos resumirla con algunos sencillos posteos de legisladores hacia sus propios colegas: atrevida, pelotudo, Judas, vendepatria, inútil, traidor, machirulo, mentiroso, metemultas, payaso, vendehumo, mezquino, cobarde, rostro de piedra. Excelente clima laboral

    Columnista de Búsqueda

    Les planteo un ejercicio simple. Pensemos rápidamente cuántas veces vimos al actual Parlamento, al que acaba de cumplir un año, lograr acuerdos unánimes o al menos, por una mayoría importante en algún tema relevante. Cuesta, sí, ya sé. Tenemos un reciente gran ejemplo que es el acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea, pero ese casi que no vale. Todos los partidos intentaron lograrlo en los últimos 25 años. Al que le tocaba le tocaba.

    El otro caso grande fue el Presupuesto Quinquenal, que después de tires y aflojes logró una mayoría bastante superior a la que necesitaba. Nobleza obliga, los parlamentarios trabajaron horas y horas para conseguir acuerdos y reasignar recursos de la manera más justa posible con lo que había. La vieja y querida frazada corta.

    Pero estos dos casos lejos están del clima armonioso y colaborativo que avizoraba el presidente Yamandú Orsi en su acto de asunción del 1 de marzo del año pasado. Sus elogios a los partidos políticos y su llamado a trabajar en conjunto quedaron como expresiones de deseo que rápidamente el paso de los meses fue dejando atrás hasta llegar a hoy, un año después, con los bloques completamente divididos, incluso en ocasiones entre ellos mismos, y cruces e insultos prácticamente diarios. Una pena.

    Claro, el tema de que en Diputados ninguno de los bloques tenga mayoría obliga a negociar mucho más, a que a veces haya que ceder de uno u otro lado más de lo que se querría, pero incluso con ese hecho que muchos valoran como positivo el vínculo entre el gobierno y la oposición es de una tirantez inocultable.

    Podemos pensar y analizar muchos momentos y situaciones que llevaron a este clima hostil que vemos a diario. Podemos pensar que el cambio de signo político dejó heridos a unos y envalentonados a otros, que tal como en el período anterior, donde también hubo cambio de partido en el gobierno, al perdedor le costó asumirse en el rol de oposición, o que simplemente muchos consideran que la chicana y la peleíta diaria en Twitter o cualquier medio que prenda un micrófono hay que capitalizarla a su favor.

    Pero hay un hecho difícil de discutir: el quiebre que significó el caso Cardama. Hasta el momento en el que el gobierno anunció que iría por la rescisión del contrato con el astillero español los cuestionamientos venían más por lo que la oposición ha considerado como un gobierno tibio o que no toma medidas de impacto, o que hace la plancha en temas tan graves e importantes como la seguridad pública. Se cuestionaba la forma de hablar del presidente, su expresión dubitativa, la falta de envío de propuestas concretas que habían sido planteadas en campaña, la creación de nuevos impuestos o la falta de rumbo. Pero el quiebre fue Cardama.

    La advertencia sobre la rescisión del contrato y su concreción posterior transformó en cuasi enemigos al gobierno y al Partido Nacional. Unos defendiendo a capa y espada la decisión de, a pesar de posibles consecuencias jurídicas negativas, decirle que no al astillero y empezar de cero, y los otros, claro, defendiendo con la misma vehemencia el contrato firmado por el gobierno anterior a pesar de los hallazgos de garantías falsas y un sinfín de hechos que podrían haber hecho saltar las alarmas antes de poner la firma. Acá sí que no hay términos medios. Unos de un lado de la cuerda y los otros del otro. Tanto que durante algunos días todo indicaba que el Parlamento crearía dos comisiones investigadoras para abordar el mismo tema. Sí, dos. Pero claro, cada comisión estudiaría exclusivamente el callo en el pie del contrario. Lo propio no, está todo perfecto, el otro tiene la culpa y lo vamos a demostrar. Como si sobraran recursos y no faltaran discusiones de fondo para dar en el palacio. En fin.

    Finalmente primó la cordura y se creó una comisión bicameral para estudiar un largo período en el que los distintos gobiernos intentaron comprar patrullas oceánicas. ¿Tema resuelto? De ninguna manera. Esperen a que empiecen a llegar las versiones taquigráficas de esas sesiones. Spoiler, el Frente Amplio sugerirá que algo non sancto llevó a firmar ese contrato y el Partido Nacional dirá que el gobierno quiere destruir todo lo que hizo el mandato de Luis Lacalle Pou.

    Algo no menor en todo esto es la actitud del Partido Colorado, que en este caso ha optado por mantenerse bastante al margen. No le duelen prendas, no hubo ni uno de los suyos en este entuerto así que silbando bajito se corrieron del medio. Lo bien que hicieron.

    Saliendo de Cardama (de nada), hubo varios episodios que generaron cruces mucho más intensos que lo necesario o esperado. Claro que siempre vale el debate, el cuestionamiento, pero se han pasado y se siguen pasando límites casi todos los días. El caso de la compra de la estancia María Dolores es otro de esos ejemplos que dejó un recuerdo tristemente memorable con un agravio homofóbico. Sí, ese que todos recordamos, qué necesidad de volver a escribirlo. En el Parlamento se suelen ver dardos de un lado al otro de las bancadas e incluso dentro de las más cercanas, pero este sí que pasó los límites. Es interesante también lo que sucede en la propia oposición porque lejos de estar abroquelada, tiene internillas bastante notorias dentro de los partidos. Pero ese será tema de análisis de otra columna.

    Y si queremos salir de los mármoles del palacio, lo que no pasa en la cámara sí que pasa en Twitter. Y ahí sí que es de todos los días y de todos los partidos sin excepción. Hay ejemplos diarios. Vean: atrevida sin límites, pelotudo, Judas, vendepatria, inútil, traidor, machirulo, mentirosos, metemultas, payaso, vendehumo, mezquino, cobarde, rostro de piedra inmutable. Puedo seguir, ¿eh? Todo eso de legislador a legislador, insisto, de todos los partidos. Excelente clima laboral.

    Todo esto se abona con una completamente inusual temporada de verano parlamentaria en la que desfilaron ministros del gobierno mucho más que en cualquier otro período, lo que marca también la tónica opositora de cuestionar y exponer todo lo posible, y la oficialista de defender con la misma intensidad. Tengan o no razón, los unos y los otros.

    Recién se cumplió un año y este el clima. Lamento tener bastantes elementos para pensar que el camino solo es el de la escalada y temo también que nos acostumbremos a que cambiamos el debate por el insulto y que el agravio ya es parte del paisaje.

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