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    Bien atendidos

    Ni bromas ni chistes; ordinariez, desubique y violencia; sígannos tratando de histéricas, locas, feminazis; vamos a seguir hablando

    Columnista de Búsqueda

    Algunos días atrás bajaba en un ascensor con un grupo de amigas periodistas. En ese ascensor también había otro grupo de personas, dos hombres y dos mujeres. Resulta que uno de los señores identificó a las periodistas y decidió que era buena idea hacerles comentarios sobre su trabajo. Lo primero fue “los periodistas son mala gente”. Nos reímos, claro, pensando que era un chiste. Pero la cosa siguió y le habló directamente a Patricia Madrid. “Vos sos picante, pero desde que tenés novio estás más tranquilita”. ¿Cómo? No puedo recordar ni qué contestamos porque el impacto de lo inesperado e inapropiado fue total. Es algo que no ves venir. Un señor que, de la nada, cree que tiene derecho a decirte una guarangada así solo porque sabe que no va a tener consecuencias. Porque puede. Porque nadie le va a decir nada. Pero su compañero de ascensor sí le hizo un comentario que no logré escuchar y la respuesta fue: “Que se jodan, ¿para qué son famosas?”.

    Esta anécdota no es porque sí. Esta semana hubo dos episodios que seguramente todos los lectores conocen. Dos hombres hicieron comentarios ordinarios, desubicados y violentos sobre dos mujeres en dos medios de comunicación. Y que, por supuesto, después dijeron que era una broma, un chiste. Qué exageradas las feministas. Pero, claro, esto no pasa solo en los medios. Esto pasa todos los días, en todos lados, y nadie se entera. Esto que causó el revuelo, con total justicia, pasa todo el tiempo. En el ascensor, en los trabajos, en las reuniones, en los centros de estudio, en las casas.

    Entonces, como es un chiste o una broma, Sofía Romano tuvo que soportar al aire que el exfutbolista Juan Ramón Carrasco se hiciera el listo, el gracioso. Primero, ante un comentario de Romano, que en un programa deportivo —Llenos de mística, un streaming de El Observador— quería hablar de fútbol y no de chistes sobre cómo toma el helado una mujer en tanga, malla entera o hilo dental, apareció el primer desubique. “Correte”, dijo Carrasco cuando ella intentaba llevar el programa al hecho del momento, que era, nada más y nada menos, que España había ganado el Mundial. “Correte”, a la periodista en su propio programa. “Correte”, el invitado a la conductora. Sin palabras. Pero, como todo puede ser peor, no tuvo mejor idea que soltar una de las frases más machistas que conocemos y que se siguen repitiendo como un mantra. “Se ve que la muchacha está mal atendida”. ¿Por qué? ¿Por qué una mujer que está trabajando tiene que someterse a esa ordinariez? Fácil. Porque Carrasco, como el señor del ascensor, puede. La respuesta de Romano fue impecable, seria, plantada. Créanme que no es sencillo enfrentar estas situaciones por más triviales que parezcan. No lo es. Sos la que rompe la magia, rompe el clima divertido, sos un embole, una histérica, mal atendida. Feminazi.

    Pero, como todo siempre puede escalar, el otro episodio cruzó todavía más los límites del respeto. En el programa Buscadores en Canal 5, durante una discusión entre los panelistas, Antonio Maeso, ante una interrupción de Daniela Bouret, le dijo a viva voz: “¿Cómo hace para hablar en su casa? ¿No la agarran a patadas? ¿No le pegan a usted? ¿No le pegan para decirle ‘callate’?”. No necesita ni comentarse, ¿verdad? En un país en el que cada 12 minutos hay una denuncia por violencia de género estos comentarios lejos están de ser chistosos. El nivel de violencia —en broma, según el propio Maeso— es inaceptable. Ni en broma ni en serio ni nada. Inaceptable.

    Y como las acciones tienen consecuencias, llegaron las disculpas. Menos mal. Siempre bienvenidas las disculpas. Temí que en algún momento apareciera la frase “si ofendí a alguien…”. No apareció. Gracias.

    Muchos ponen el foco en los integrantes de los paneles de ambos programas. A pesar de coincidir con que la actitud pudo ser otra, o, más bien, debió ser otra, no creo que sea el foco. Estas cosas impactan, en el momento no todas las personas saben cómo actuar, qué decir, cómo frenar lo que ya se fue completamente de mambo. No los justifico, tampoco los juzgo. Podemos defendernos solas, aunque quizás a veces a algunas nos gustaría que nos apoyen. Pero insisto, creo que no es el foco. Sé que muchos no compartirán esta postura, pero es la que me sale. No me afilio a la cultura de la cancelación. No me gusta, no la comparto. Todos nos equivocamos, todo el tiempo. Cometemos errores, decimos cosas inapropiadas. Pero tenemos que hacernos cargo. Las disculpas son parte de hacerse cargo. Y después de la disculpa, necesariamente, urge una reflexión. Aprender del error. Ojalá así sea.

    Y ojalá, sinceramente, que estos episodios desafortunados y completamente fuera de lugar dejen de perpetuarse. Que se entienda de una vez que no es gracioso, que es violento, que está mal y que, si las mujeres a las que nos llegan esos mensajes lo estamos diciendo, por favor, escuchen. Esto no le pasó solo a Patricia Madrid, a Sofía Romano y a Daniela Bouret. Esto nos pasa en general a todas las mujeres, en público y en privado. Y esto no es nada en comparación con todo lo que nos pasa desde que somos niñas, en público y en privado. Pero algo bueno tiene todo este revuelo, insisto, más que justificado. Ya no cuentan con nuestro silencio.