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En un país que desde hace décadas atraviesa un proceso de envejecimiento demográfico —Uruguay es el país más envejecido de Sudamérica—, las personas viejas son muchas veces maltratadas y las políticas públicas no logran responder a las necesidades de cuidados, cada vez más urgentes
La reciente noticia sobre el residencial clandestino en el barrio La Unión fue espantosa: más de 20 personas viviendo en condiciones de abandono, con falta de higiene, sin asistencia médica, sin contacto con el exterior. Y, encima de todo, les cobraban $ 30.000 por mes, que sacaban de sus jubilaciones. Un disparate, una falta de todo, una violencia difícil de procesar. En un país que desde hace décadas atraviesa un proceso de envejecimiento demográfico —Uruguay es el país más envejecido de Sudamérica—, las personas viejas son muchas veces maltratadas y las políticas públicas no logran responder a las necesidades de cuidados, cada vez más urgentes.
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Lo que se conoce como edadismo hacia las personas mayores o viejismo —básicamente la discriminación a las personas viejas por el solo hecho de tener más edad— se basa en la construcción de una imagen negativa de la vejez, muy extendida en toda la cultura occidental. Como afirmaba la activista uruguaya Elena Fonseca: “La sociedad no ve a la población mayor, para los medios somos invisibles”. Y se preguntaba: “¿Por qué no hay un imaginario positivo de la vejez?”.
Las producciones culturales transmiten valores, narrativas e identidades a la sociedad y es indudable la importancia de las representaciones culturales a la hora de desarmar estereotipos —ya sea de edad, de género, raciales, de clase o de diversidad sexual—. Las páginas brillantes de las revistas pocas veces muestran rostros envejecidos; las pantallas luminosas del cine o la televisión no suelen contar historias de hombres mayores, mucho menos de mujeres viejas o identidades disidentes.
Sin embargo, en los últimos años parece haber una tendencia a una mayor presencia de personas viejas tanto en las pantallas como en la industria de la moda. Y, aunque siempre hace falta preguntarse qué tipo de personas mayores aparecen representadas y cuáles siguen sin aparecer, a priori parecería tratarse de un cambio positivo.
Una de las producciones recientemente estrenadas que vale la pena mencionar es la serie The Boroughs: Jubilación rebelde, disponible en Netflix. El guion, que combina ciencia ficción con algo de terror y humor, cuenta la historia de un grupo de personas mayores que vive en una especie de barrio privado lujoso en el medio del desierto en Nuevo México, con la promesa de que allí vivirán “el mejor momento de sus vidas”. La trama se complejiza cuando descubren la presencia de unos seres “monstruosos” que se alimentan de los residentes, para beneficio de sus dueños.
Aunque los protagonistas perciben que en las casas pasan cosas raras, sus sospechas no son tomadas en cuenta, precisamente porque son viejos. Así, la serie muestra cómo las personas mayores van viendo cada vez más restringidas sus decisiones y su credibilidad dentro del residencial, y sufren infantilización, aislamiento y pérdida de control sobre sus propias vidas. Una buena metáfora de lo que en realidad sucede en muchos de estos lugares.
The Boroughs no es una serie sobre gente vieja que quiere ser joven, es una serie sobre gente vieja que atraviesa un montón de problemáticas, como la enfermedad o la pérdida de seres queridos, con la conciencia de que nadie vive eternamente. Tiene detalles geniales, como el romance entre una de las residentes viejas y un joven guardia de seguridad —que desmonta el estereotipo del hombre viejo con una mujer joven—, y un abanico de personajes relativamente inclusivo en términos de raza y orientación sexual.
Además, a contrapelo de todas las historias de ciencia ficción en las que el objetivo siempre es “matar al monstruo”, el protagonista de la serie se da cuenta de que lo que en realidad hay que hacer es salvarlo, o, mejor dicho, salvarla, porque en este caso se trata de una “monstrua”. Parece simple, pero es perfecto: el grupo de viejos y viejas comprende que los verdaderos monstruos son los otros humanos que explotan a otros en beneficio propio, mientras que los “monstruos” son simplemente formas de vida distintas, que también están siendo explotadas por los humanos y que tienen el mismo derecho a vivir —y morir— sin que nadie abuse de ellos.
The Boroughs no es solo “una serie sobre viejos”; es una propuesta entretenida y lúcida, con excelentes actrices y actores, para gente de distintas edades. Sin dudas, ni esta ni otras series por el estilo van a resolver el problema del desinterés que sufren miles y miles de personas mayores en todo el mundo, pero tal vez sean una señal de que algunas cosas están cambiando. Para que haya cada vez menos residenciales, literalmente, de terror.