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Las autoridades del club afirmaron que quieren resolver este asunto “sin perjudicar a nadie”, pero claramente ya perjudicaron a la niña de 6 años que quisieron forzar a ir a un vestuario masculino “porque tiene pene”, aunque ella se siente niña, use vestidos y haya pedido que le cambien el nombre
Durante “más de una hora”, siete hombres y cuatro mujeres de edad madura (titulares de una comisión directiva) discutieron sobre el derecho a la inclusión de una niña trans en un club deportivo. “Es un tema delicado”, afirmó a los medios el presidente de la comisión. Vaya si lo es. Precisamente por eso, conviene consultar con personas que sepan del tema en profundidad y evitar así caer en el error de actuar y hablar desde el desconocimiento. Aunque, para empezar a comprender sobre una realidad que les resulta tan lejana, seguramente van a precisar bastante más de una hora de discusión.
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Respeto la trayectoria del Club BPS, pero lamento verdaderamente la forma en que sus autoridades están manejando este tema. “Nuestro Club es una Institución Social, Deportiva y Cultural dedicada a mejorar la calidad de vida de sus socios y sus familias”, declara orgullosa su página web, pero mejor debería decir “de algunos de sus socios”, porque, claramente, no todas las personas valen lo mismo en esa institución.
Desde hace décadas existe información disponible tanto sobre las identidades trans en general como sobre las infancias trans en particular, en textos académicos, artículos de prensa e instancias de divulgación general. En setiembre de 2022, por ejemplo, se organizó en Montevideo una charla sobre infancias trans en la Casa del Partido Colorado (dato relevante para quienes creen que estos temas solo le importan a los “zurdos”). Sin embargo, nada de esta información parece haber llegado al mencionado club, porque todas las declaraciones públicas que pude leer hasta ahora solo refuerzan la idea de una flagrante discriminación, aunque afirmen lo contrario. Voy a señalar, entonces, algunas de esas declaraciones, para arrojar algo de luz sobre nociones que todavía parecen estar confundidas.
“Somos un club que busca normas para todos por igual”, señaló el presidente de la comisión directiva. Es justamente esto, sin embargo, lo que les impide alcanzar la igualdad real. Porque, si se reconoce que no todas las personas tenemos las mismas oportunidades (ya que muchas veces el punto de partida es desigual), entonces puede comprenderse que, en algunas ocasiones, es necesario actuar de manera diferente. Esta es la definición misma de equidad: mientras que la igualdad supone dar el mismo trato a todas las personas, la equidad reconoce que, para alcanzar una igualdad efectiva, se precisan medidas diferenciadas. La equidad se puede ver, entonces, como el camino para llegar a la igualdad. Es decir, lograr que esa niña de 6 años pueda cambiarse en el vestuario sin ser rechazada, al igual que el resto de las personas, requiere la implementación de un trato diferenciado.
“Los vestuarios están hechos por sexo, no por género”, dijo el presidente del club a El Observador, y especificó: “Tenemos vestuarios para hombres y para mujeres”. Se pensó, tal vez, que con este juego de palabras se sortearía el entuerto de la discriminación, ya que el club “se hizo cuando no existía el concepto de género”. Para ser exactos, vale la pena aclarar que el Club BPS se fundó en 1970, mientras que el término “rol de género” fue acuñado en 1955 por el sexólogo John Money, y que es a partir de este trabajo que se comenzó a distinguir entre sexo biológico y género. Pero, incluso si el criterio fuera aferrarse a que “los vestuarios están hechos por sexo”, sería bueno saber qué entienden por sexo las autoridades del club. ¿Es acaso el nivel de testosterona de los socios? ¿Se les haría a las personas un test de cromosomas antes de definir a qué vestuario pueden ir? ¿O se asocia sexo simplemente con los genitales externos? Y en ese caso, ¿a qué vestuario debería ir una persona intersexual con genitales ambiguos?
Las autoridades del club afirmaron que quieren resolver este asunto “sin perjudicar a nadie”, pero claramente ya perjudicaron a la niña de 6 años que quisieron forzar a ir a un vestuario masculino “porque tiene pene”, aunque ella se siente niña, use vestidos y haya pedido que le cambien el nombre. No puedo imaginarme el nivel de violencia que puede implicar esa situación.
Cuando el presidente del club dice a El Observador que: “No es un tema de discriminar, tengo que ponerme en la situación de los otros cinco mil socios”, parecería que cree que absolutamente todas las personas que van al club piensan igual que él y los 11 integrantes de la directiva, algo bastante poco probable. Elijo imaginar que, entre esas cinco mil personas, habrá alguna más a favor de los derechos de las diversidades de género.
Pero lo que más me llama la atención es la insistencia en afirmar que no lo hacen “por discriminar”. El club es una institución privada y, como tal, tiene la libertad de tomar sus decisiones libremente, pero sería mejor que se digan las cosas por su nombre. Porque la actitud que tuvo el Club BPS ante el caso de esta niña es de discriminación y no hay dos lecturas. Porque si el club fuera una institución que abrazara los valores de la inclusión, se podrían haber pensado muchas soluciones para que Joaquina accediera a los vestuarios con su madre sin ser juzgada. Solo así se construye un espacio donde las diversidades puedan sentirse verdaderamente parte de la “gran familia” que promete el club.