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Cuando las prioridades de todos los partidos en la campaña electoral se centraron en la pobreza infantil y la inseguridad, plantear obras de revitalización del entorno del Palacio Legislativo en un marco de restricción fiscal deja de manifiesto la desconexión con las urgencias reales
Es verdad que el entorno del Palacio Legislativo no es el mejor. Es verdad también que un espacio verde alrededor y una zona de campus estudiantil quedaría precioso y seguramente sería mucho más disfrutable para estudiantes y vecinos del barrio. Ni hablar de un CAIF para los niños de la zona. Fantástico. Y verdad es también que el Parlamento ahorró y tiene un presupuesto para invertir. Todo eso es cierto. ¿Quién no quiere una ciudad linda, disfrutable, iluminada, llena de parques y espacios públicos? Lo vemos en cualquier parte del mundo y nos maravilla. Pensamos en lo linda que sería Montevideo si se invirtiera más en su aspecto y su desarrollo. No hay dudas sobre eso.
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Pero no menos cierto es que la idea que presentó la vicepresidenta Carolina Cosse para revitalizar la zona es, por lo menos, inoportuna. Y esto no tiene que ver ni con quién lo plantea, ni con el deseo de mejorar la ciudad, ni con cuestiones partidarias. Nada más lejos. Tiene que ver con la conexión, o mejor dicho, con la desconexión con la gente. Sí, ya sé que “la gente” es mucha gente y que no todos pensamos igual ni tenemos las mismas necesidades e intereses. Pero no podemos desconectarnos tanto de la situación del país.
La campaña electoral pasada, que quizás parece lejana, pero está ahí a la vuelta, llenó a los uruguayos de mensajes de austeridad, de prioridades lógicas como dejar todo para mejorar la situación escandalosa de pobreza infantil, la inseguridad, la eficiencia en el gasto público para que la mayor parte de los recursos de todos se destinen a los dramas de miles de personas que viven o sobreviven en este país.
¿Y por qué tanto escándalo cuando surgió esta propuesta? Bueno, es bastante obvio. El asunto no es la cantidad de dinero que se planea invertir. En términos generales no parece ser tanto si hablamos de unos US$ 10 millones, o quizás un poco más, que no moverían la aguja si se destinaran a políticas de pobreza. No podemos caer en la falsa contradicción de que, mientras haya personas que esta noche no van a tener qué llevar para comer a sus casas, el país debe detenerse y ninguna inversión en otra cosa es aceptable. Claro que no. De esa forma se debería dejar de lado casi todo lo que no es imprescindible. Pero hay imprescindibles e imprescindibles. No parece haber ninguna necesidad urgente de hacer reformas edilicias adicionales en el Parlamento, ni parques alrededor, ni peatonales ni campus estudiantiles. ¿Lindo? ¿Deseable? Claro, pero no urgente.
¿Qué pasaría, por ejemplo, si, como política de Estado, todos los organismos públicos que no ejecutan la totalidad de los recursos destinados a distintas áreas decidieran ahorrar —como hizo el Parlamento— para apuntalar las políticas que hagan que la gente viva mejor? ¿Qué tal si las prioridades siguen siendo prioridades y dejamos de lado un rato lo accesorio? Preguntémonos, y que también se lo pregunten los administradores de la plata de todos, cuál debería ser el destino de los fondos públicos. ¿Es un parque, otro edificio anexo y una peatonalización de una avenida? Seamos sinceros. No lo es. Y claro que este no es el único caso en el que se plantea usar el dinero de todos para planes no urgentes. Pasa todo el tiempo. Pasa con los gastos en las oficinas del Estado y sus caterings, sus viajes. Millones de pesos que se van en gastos superfluos y completamente innecesarios. Pasa con la asistencia a la caja militar, que ningún gobierno termina de solucionar, y ahí sí que hay millones y millones.
Pero ahora estamos discutiendo sobre este tema y, en un escenario de restricción fiscal como el que atraviesa el país, es imperante que las prioridades estén claras. ¿Cuánto ayudaría un poco más de dinero, por ejemplo, al plan Más Barrio para mejorar el día a día de quienes hoy viven en Cerro Norte? ¿Cuánto ayudaría un poco más de plata destinada a la mejora de las viviendas de bloque y piso de tierra? A hacer veredas en los barrios en los que la gente tiene que caminar entre cunetas; a dejar impecables las escuelas y liceos para que estudiar no sea una remada más, entre tantas otras. Esto es invertir en lo que se dijo que se iba a invertir. Pobreza, infancia, adolescencia, seguridad. Priorizar a los más débiles. Claro, esos ejemplos mencionados tienen su presupuesto desde otros organismos, pero cuánto ayudaría que los ahorros de un poder del Estado se destinaran a fines realmente urgentes. ¿Verdad?
No es demagogia, créanme. Es incredulidad ante la desconexión. Porque cuando algunos integrantes del sistema político —en esta y otras administraciones, vamos, siempre hubo algún despilfarro achacable— se preguntan por qué tanta gente descree de los políticos, acá hay una respuesta.
La vicepresidenta dijo que no esperaba “la operación de prensa que sucedió”. No queda claro a qué se refiere Cosse cuando habla de “operación de prensa”. ¿A que quienes cuestionan esta idea lo digan? ¿A que se le dé espacio al tema y se consulte a integrantes del propio Poder Legislativo? En todo caso, es oportuno escuchar todas las voces. ¿O no? No han sido muchos, al momento, los que salieron en respaldo de la propuesta. No hubo, hasta ahora, un abroquelamiento de las bancadas frenteamplistas para defenderlo. El propio ministro de Economía, Gabriel Oddone, afirmó sin dudar que, en el contexto actual del país, él no lo haría. ¿Cuál es la operación de prensa? ¿Decir que hay otras prioridades? En fin.
Hay algo de lo que Cosse dijo en la conferencia de prensa en la que habló de esta idea, enmarcada en los 100 años del Palacio Legislativo, que es real. Esta discusión hay que darla con seriedad, no “al grito” y que nos va a hacer bien como sociedad. De acuerdo. Estos debates siempre suman. Pensar el lugar en el que vivimos y cómo podemos mejorarlo siempre debería estar en los planes. Ampliar el centro CAIF que apoya el Parlamento es una iniciativa interesante si tenemos en cuenta los más de 200 niños que esperan su lugar. Eso sí es prioritario y una inversión enmarcada en las urgencias de las que hablamos. El resto podemos pensarlo como un proyecto a largo plazo, cuando esas urgencias hayan sido atendidas y no tengamos que escuchar cada día los dramas de las personas que, a unos pocos kilómetros del palacio, la sufren en serio todos los días de su vida.