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¿En qué se ve en este primer año de Orsi como presidente su cercanía con masones y tupamaros? En la forma de ejercer el poder y de ir construyendo su liderazgo
No hubo sorpresas en este primer año. Eso es lo primero a destacar. El presidente Yamandú Orsi está haciendo, con más o menos eficiencia según las distintas áreas, lo que muchos se habían imaginado que haría. No hay grandes anuncios, no hay grandes cambios, no hay grandes reformas. El barco torció un poco el rumbo pero no giró 180 grados. Está muy lejos de hacerlo.
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Es verdad también que eso fue lo que la mayoría de los uruguayos votaron. Orsi no se alejó demasiado del centro político durante su campaña electoral. Tampoco presentó planes refundacionales ni nada que se le parezca. Su sector, el Movimiento de Participación Popular (MPP), basó su discurso proselitista en la frase “La revolución de las cosas simples”. Así que nadie puede decir que no estaba avisado.
Es más, el único ministro que anunció Orsi antes de ganar fue el de Economía y ese lugar lo reservó para Gabriel Oddone, un economista de centro y que se desempeñó a lo largo de su carrera profesional en la actividad privada. Dicen los que integran la primera línea de gobierno que Oddone ha adquirido un rol muy protagónico y algunos de sus colegas de gabinete hasta lo definen como una especie de “primer ministro”. Eso también define al gobierno en curso.
A su vez, también hay quejas importantes y fundadas sobre la actuación de Orsi. Una de las principales refiere a sus problemas de comunicación y a su poca claridad al momento de marcar la cancha en temas importantes. Otra es que trata de estar bien con Dios y con el diablo, lo cual también tiene asidero en la realidad, pero tampoco es nuevo. Ya era así cuando se desempeñó durante 10 años como intendente de Canelones. La única diferencia es que ahora está mucho más expuesto.
Sin embargo, sí pasaron cosas importantes en este primer año de Orsi como presidente. Porque Orsi asumió sin un liderazgo claro de su fuerza política, el Frente Amplio, y con un frente incierto por delante con respecto al manejo del poder. Y, pasados los primeros 12 meses, ha demostrado que sí está construyendo poder, aunque de una forma lenta y conversada, fiel a su estilo.
El espacio está. Eso terminó de ocurrir luego del fallecimiento de José Mujica, líder indiscutido del MPP, el 13 de mayo del año pasado. Mujica era el referente de la inmensa mayoría de la izquierda y era el encargado de marcar la línea y mantener ordenada a la tropa. No lo hacía desde un lugar autoritario pero sí desde la credibilidad y el respeto entre los suyos, logrado con años y éxitos políticos. Sin Mujica, uno de los grandes responsables del triunfo del Frente Amplio en las últimas elecciones, se abrió una gran interrogante sobre de qué forma iba a manejar el poder Orsi, a cargo nada más y nada menos que de la Presidencia de la República.
Él había dado algunas pistas primero durante la campaña electoral y después durante su discurso, la noche que ganó las elecciones en la segunda vuelta. Fueron mensajes puntuales, que al volver a repasarlos hoy explican mucho de lo que ha pasado el último año y que sigue pasando. Lo primero es su condición de exintegrante del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) y su formación tupamara. Y lo segundo su vínculo muy cercano con lo masonería, por más que no sea masón. Es una mezcla extraña y por eso muy significativa. Habla de una persona pragmática y muy apegada a determinados códigos y a un manejo particular del poder.
Antes de ganar las elecciones internas, a mediados de junio de 2025, Orsi relató entrevistado en el ciclo Desayunos Búsqueda cuál era su formación política que más lo había influido. Habló, por ejemplo, de lo significativo que había sido para él integrar el MLN durante su juventud, los años posteriores a la dictadura militar. Pero no lo dijo para reivindicar su condición de tupamaro, porque aclaró que “hace años” que no participa.
Lo que Orsi destacó en esa oportunidad fueron las enseñanzas que le dejaron los viejos tupamaros. “Aprendí muchísimo”, dijo y definió al MLN como “una gran usina de pensamiento de la izquierda” que le “aportó muchísimo”.
Mencionó, además, como referentes ideológicos, al expresidente José Mujica, al exministro de Defensa Eleuterio Fernández Huidobro y a otros “no tan conocidos”, como Pepe Martínez. La principal enseñanza que destacó de los tupamaros fue a cuestionarse todo lo que tenía incorporado como “verdades” y a revisar constantemente las cuestiones ideológicas que consideraba irrefutables. En otras palabras, a tratar de ser pragmático y no atarse a esquemas preestablecidos.
A los masones se refirió, de forma indirecta, en su primer discurso como presidente electo. En el momento en que todo era euforia y festejos, Orsi dedicó unos minutos a los agradecimientos y reconocimientos, pero también entreveró una frase que claramente tenía preparada desde antes. “Triunfa una vez más el país de la libertad, de la igualdad y de la fraternidad”, dijo con énfasis.
Libertad, igualdad y fraternidad, en ese orden. Esa es la tríada que define a la masonería a nivel internacional y también en Uruguay. Todo un guiño viniendo de un presidente electo. Tanto que muchos pensaron que Orsi es masón. No lo es, pero sus allegados lo definen como “el más masón fuera de la masonería”.
¿En qué se ve en este primer año de Orsi como presidente su cercanía con masones y tupamaros? En la forma de ejercer el poder y de ir construyendo su liderazgo. De hecho, en muchos de los episodios del último año está el sello de esas enseñanzas pasadas del presidente de la República. Esa es la forma que está utilizando para moverse desde las alturas.
De los masones tiene esa forma de rodearse de personas de su extrema confianza y confiar mucho en ellos, pero con determinadas reglas muy claras y preestablecidas. A Orsi no le gusta mucho el ruido mediático ni que las decisiones se tomen mediante discusiones que se hagan públicas. Tiene esa forma de trabajar, que apuesta a mantener algunas cuestiones en secreto mientras no están definidas.
También de masón es su forma de construir y sumar. Uno de los puntos fuertes de Orsi es el mano a mano con otros dirigentes políticos. Sale a buscar afuera de su círculo, le gusta establecer acuerdos puntuales recurriendo a viejos códigos de la política, a reglas que no están escritas pero que los que ejercen el poder las saben, como en la masonería.
De los tupamaros tiene ese pragmatismo, visto como excesivo por una parte importante de la izquierda, y esa forma de generar en determinados momentos acciones de alto impacto, aunque a veces no se midan demasiado las consecuencias. Eso fue lo que ocurrió, por ejemplo, con la conferencia de prensa sobre Cardama o al poner como ejemplo a analizar lo que está haciendo en El Salvador el presidente Nayib Bukele. También hay vestigios de los viejos tupamaros en su relacionamiento con las Fuerzas Armadas y con Cabildo Abierto.
Esas son solo dos influencias para un presidente que tiene muchas otras y que, sobre todo, se maneja de una manera muy discreta. Tanto que es acusado por muchos de no mandar y de ser manejado por otros. Sin embargo, no parece tenerle miedo al poder. Al contrario. Lo que surge, analizándolo con más detenimiento, es una persona consciente de sus virtudes y limitaciones y tratando de buscar el mejor espacio desde ese lugar. Subestimarlo es un error, como ya quedó demostrado en la campaña electoral, pero falta mucho todavía como para poder evaluarlo con más propiedad.