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    Enemigo íntimo

    Lo que antes pudo ser, y fue, una competencia sana entre blancos y colorados por sumar la mayor cantidad de votos posible dentro de la coalición republicana se transformó en una lucha frontal, personalizada y un tanto peligrosa, teniendo en cuenta lo que queda por delante

    Director Periodístico de Búsqueda

    Al principio fue un zumbido lejano. Ahora es un ruido bastante intenso y difícil de ocultar. Ya no se trata de una anécdota, o dos, o tres. Ya no son “episodios aislados” o de algunos dirigentes “salidos de tono” o un arranque de furia que, así como llega, desaparece en unos pocos minutos. Hay mucho más que eso.

    Los protagonistas son algunos de los principales dirigentes del Partido Nacional y del Partido Colorado. Quizás no sean demasiados, aunque sí ocupan lugares importantes y han generado un clima complicado. Porque lo que antes pudo ser, y fue, una competencia sana entre blancos y colorados por sumar la mayor cantidad de votos posible dentro de la coalición republicana se transformó en una lucha frontal, personalizada y un tanto peligrosa, teniendo en cuenta lo que queda por delante.

    Los primeros episodios públicos ocurrieron luego de que el candidato presidencial Álvaro Delgado ganara las elecciones internas de su colectividad política por un amplio margen y eligiera como compañera de fórmula a la exdirigente sindical Valeria Ripoll. El anuncio público de esa decisión, la misma noche del domingo 30 de junio, causó el enojo de dirigentes blancos, que hicieron fuerza para no exponerlo de forma pública, aunque sí se quejaron en privado.

    No todos se contuvieron. Algunos, como la exfiscal Gabriela Fossati, que apoyaba la precandidatura dentro del Partido Nacional de Laura Raffo, declaró públicamente que no votaría a Delgado y que había decidido sumarse al candidato del Partido Colorado Andrés Ojeda. Lo hizo criticando el camino adoptado por Delgado con dureza y con el explícito aval de Ojeda, lo que produjo molestias en filas nacionalistas. Blancos con Ojeda, le puso a su nuevo movimiento. Una tormenta que luego se transformó en una lluvia apenas perceptible. Pero por poco tiempo.

    Ya desde sus primeras apariciones luego de ganar la interna colorada, se hizo evidente que Ojeda había tomado la decisión de pescar en la pecera del Partido Nacional. Es lógico y predecible que así suceda si lo que pretende Ojeda es ganar las elecciones nacionales, como siempre dijo. Su objetivo para octubre fue, es y será quitarle algunos votos al Partido Nacional y de esa forma procurar ingresar a la segunda vuelta y competir con el candidato de la oposición, el frenteamplista Yamandú Orsi.

    Por eso empezó criticando al Frente Amplio y diciendo que su principal meta era lograr que esa fuerza política no volviera al gobierno. También definió como su principal referente político al presidente Luis Lacalle Pou, líder indiscutido del Partido Nacional. Después sumó a su campaña el concepto de que las elecciones nacionales de octubre son también una interna dentro de la coalición republicana, lo que funcionó como una delimitación de terreno y una guiñada a los que tienen claro que no quieren al Frente Amplio en el poder pero que dudan de cuál es la mejor forma de lograrlo.

    Al mismo tiempo, Ojeda aumentó sus críticas a Delgado. Para poner solo un ejemplo, durante la entrevista que le realizamos a fines de agosto en el ciclo de los Desayunos Electorales de Búsqueda, se definió como el único representante de “lo nuevo” en política y dijo que si Delgado es la “renovación”, él es “la Madre Teresa de Calcuta”.

    Los cometarios de ese tipo se siguieron sumando, alimentados por encuestas que le otorgan un crecimiento al Partido Colorado y una caída al Partido Nacional. Ante ese nuevo escenario, Ojeda avanzó un paso más al decir que el candidato que le puede ganar al Frente Amplio es el que “sube” en las encuestas y no “el que baja”, en referencia a Delgado. Y así parece que será su tónica hasta el domingo 27 de octubre.

    Por supuesto que esa estrategia, muy clara, tiene una contracara. Porque, por más que Delgado ha dicho más de una vez que no discute con Ojeda, es obvio que no se siente cómodo siendo uno de los principales blancos de su principal socio en la coalición republicana. Ni él ni su entorno más cercano. Todo eso queda, se va acumulando, y en un momento se manifiesta. Con un agregado no menor: Pedro Bordaberry.

    ¿Por qué Bordaberry? Porque Bordaberry se sumó a la contienda después de las elecciones internas y dificulta en parte la estrategia de Ojeda. Bordaberry tiene un perfil más asociado con la política tradicional y su discurso electoral es muy distinto al de Ojeda. Parecen estar dirigiéndose a públicos distintos, aunque compiten dentro de la misma colectividad política. Eso ayuda a crecer al Partido Colorado.

    Pero el problema es el día después al 27 de octubre. Porque, según todas las encuestas hasta el momento, la segunda vuelta es casi un hecho. Allí todos los partidos de la coalición republicana se van a tener que agrupar detrás de un solo candidato presidencial y algunas heridas serán difíciles de sanar en tan poco tiempo. Capaz que no tanto para los dirigentes de primera línea, pero sí para algunos votantes, a los que les suele costar más trabajo cicatrizar.

    Y con otro agregado no menor que dificulta el escenario del oficialismo para esa segunda vuelta. Según las últimas mediciones de opinión pública, el Partido Colorado crece y se acerca al 15% y el Partido Nacional ronda el 25% y está bajando. Ese también puede ser un problema para noviembre. Porque, si el candidato que pasa a la segunda vuelta lo hace con menos del 25% del electorado, tendrá que convencer al menos a otro 25% para poder ganar. Y no es fácil. Mucho menos si se tiene en cuenta el clima interno que está registrando la coalición en este tramo final de la campaña.

    Claro que todo eso es muy cambiante y lo que hoy fueron chisporroteos lógicos ante una elección que parece más pareja que antes mañana pueden quedar en un recuerdo borroso. De todas formas, quedan algunas preguntas en el aire para una eventual segunda vuelta. Si el abanderado es Delgado, como adelantan las encuestas, ¿podrá convocar tan fácilmente a todos los votantes de Ojeda después de que muchos de ellos recurrieron al candidato colorado como representante de la nueva política o fastidiados con la fórmula nacionalista? ¿Será Ojeda el interlocutor con la fórmula blanca si finalmente en la interna colorada termina obteniendo más votos Bordaberry? Y si termina siendo Ojeda, ¿logrará convencer a todos los votantes blancos después de que a algunos los trató de anticuados y representantes de la vieja política? ¿Logrará la pasión y el entusiasmo que necesitará de los más nacionalistas para poder superar a Orsi?

    Delgado siempre dice, con razón, que su adversario es el Frente Amplio y Orsi y que los demás postulantes de la coalición republicana son sus compañeros. El problema es que en este momento, más que compañero, Ojeda parece haberse transformado en su enemigo íntimo. ¿Cuánto de enemigo y cuánto de íntimo tiene? Es probable que de esa respuesta dependa la elección del oficialismo en la segunda vuelta de noviembre.

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