Hay muchas incertidumbres que sobrevuelan el destino de la patria.
Se eliminan o no las AFAP, se construye el complejo faraónico al lado del Palacio Legislativo, Peñarol y Nacional siguen o se van de la Copa Libertadores, le llegarán al presidente Orsi las camisas un talle más grande para que se las pueda abotonar en el cuello, en fin, muchas alternativas pendientes de resolución
Hay muchas incertidumbres que sobrevuelan el destino de la patria.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáSe eliminan o no las AFAP, se construye el complejo faraónico al lado del Palacio Legislativo, Peñarol y Nacional siguen o se van de la Copa Libertadores, le llegarán al presidente Orsi las camisas un talle más grande para que se las pueda abotonar en el cuello, en fin, muchas alternativas pendientes de resolución y en busca de un destino, fabricantes de la angustia de la indefinición… Pero falta otra en esta lista: qué pasará con los restos de la lancha patrullera que estaba construyendo el astillero Cardama allá por Galicia y que se quedaron en eso cuando el gobierno decidió rescindir el contrato de fabricación.
Las enormes estructuras a medio construir están juntando polvo y herrumbre en las costas españolas, y el dueño del astillero les ha mandado ya muchos mensajes a las autoridades uruguayas para que le vayan a sacar del dique seco los grandes moldes de acero, latón o chapa de lo que sea, porque le están ocupando mucho espacio, que él necesita para seguir construyendo barcos.
—Lo mío no es un depósito de chatarra, por más que ya hayan pagado por ella más de 30 millones de dólares —le dijo Cardama en un WhatsApp al Pacha Sánchez hace unos días, aunque no recibió respuesta. Pero de pasada el secretario de la Presidencia se lo comentó al presidente, quien decidió (cosa rara en él) convocar una reunión entre los tres que habían dado aquella recordada conferencia de prensa en la que anunciaban la apocalipsis del contrato, por lo cual también el prosecretario fue invitado.
Durante ese encuentro, el presidente dijo que había que buscar una manera de sacar esos fierros del astillero, y evaluó algunas soluciones posibles.
—Podemos abrir una licitación, a ver a quién le interesa una chatarra así —dijo el presidente, y muy en su estilo prosiguió con otras posibilidades—. Las podemos rifar, vendiendo boletos a beneficio del Mides, o si no también ponerlas de premio en una doma en Canelones, que incluya asado y venta de artesanías, o más bien traerlas para acá y ponerlas en el puerto hasta que se decida qué hacer con ellas, o si no también…
Y a esa altura Jorgito lo cortó en seco a Yamandú y le dijo que lo mejor que se podría hacer es un concurso de propuestas para el destino de las estructuras navales inconclusas, que las propuestas fueran anónimas y que un jurado eligiera la mejor, momento en el que se develaría el nombre del autor de la idea y se le entregarían las chapas para que hiciera con ellas lo que quisiera.
Como era de esperar, esta fue la solución elegida, porque todas las grandes ideas de la Presidencia provienen invariablemente de la lúcida mente del Dr. Jorge Díaz.
El concurso se promovió en todo el país, por radio, televisión y prensa escrita, y se puso fecha de cierre a las propuestas.
El éxito de la propuesta fue formidable.
Un participante, de seudónimo Sibilita, propuso que las chapas se destinaran a armar unos refugios, poniéndolas como techos para albergar a las personas en situación de calle. Otro, de seudónimo Bergantín, sugirió que las chapas se utilizaran para instalarlas en forma de auditorio acústico, como la estructura del Teatro de Verano, y se colocaran en el predio de la costa frente al Club de Golf, ahí donde la intendencia anterior organizaba tremendos festivales musicales para poder rivalizar en calidad auditiva con los que organizaron entonces. Muy original también resultó la propuesta de un tal Polvorita, que propuso que las chapas se las entregaran a él sin necesidad de divulgar su seudónimo, para mantener el anonimato, y que las destinaría a la fabricación de armas —las fundiría y transformaría en rifles y revólveres— que luego serían utilizadas por una supuesta “brigada de seguridad barrial” que supervisaría los barrios Casabó, Borro y Cerro Norte, suplantando a la Policía, que tendría así más tiempo para dedicarse a perseguir a los ladrones piraña.
Hubo mucho divague por el estilo, como el del seudónimo Piseneté, que propuso usar las chapas para blindar el frente de la central sindical de la calle Jackson “para protegerla de probables ataques de adversarios desconocidos, en estos tiempos de tanta violencia y agresividad imperialista”, o el del seudónimo el Fóbal Es Paz y Armonía, quien sugería usar los enormes armatostes para instalarlos en los estadios en los que jugaran Peñarol y Nacional con el fin de separar las hinchadas y evitar así indeseadas agresiones.
Pero finalmente, tras la decisión del tribunal, el ganador resultó ser el proyecto de quien figuraba como Caroli-sí-sí-sí, y proponía que las chapas se fundieran en acero líquido para construir a partir de ese material una gran estatua femenina de 20 metros de altura, tocada por una corona de laureles, vestida con una toga de sacerdotisa, con el brazo izquierdo extendido hacia arriba y la mano entrecerrada, señalando hacia el cielo con el dedo índice. Agregaba el proyecto de este concursante que la propuesta incluía la exigencia al astillero Cardama referida a que, además de las chapas, devolviera los 30 millones de dólares que había cobrado indebidamente por aprovecharse de un contrato trucho y que los fondos se dedicaran no solo a la construcción de la estatua, sino también a embellecer la zona circundante al Palacio Legislativo, frente a cuya escalinata central se construiría una explanada gigante, sobre la cual se erigiría la enorme estatua.
Los dejo a ustedes adivinar quién estaba detrás del seudónimo ganador.