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La ministra que llora y una generación que recoge el guante

El poder femenino es imparable. Ese impulso que viene de generaciones anteriores se encuentra con mujeres jóvenes dispuestas a aceptar el desafío de reivindicar el feminismo

Editora Jefa de Galería

Marzo es sinónimo de mujer. Eso ya quedó establecido hace tiempo. Y cuando se acerca el tercer mes del año empezamos a poner el foco en ellas, en lo que están haciendo, en quiénes son, en dónde están (para eso se ha constituido el 8 de marzo). Por suerte, o porque es parte del avance, siempre encontramos grandes ejemplos a seguir, mujeres que ponen manos a la obra y que inspiran. El poder femenino es imparable. Ese impulso que viene de generaciones anteriores se encuentra con nuevas generaciones dispuestas a recoger el guante.

“Como médica pediatra me presenté a un trabajo y teniendo más méritos quizás que otros dos colegas, eligieron a un varón porque no se iba a embarazar, ni tener licencia maternal”. Esto lo cuenta Cristina Lustemberg, la ministra de Salud Pública, cuyo cargo actual demuestra que logró sortear esos obstáculos para llegar a ocupar el sillón con más poder en el ámbito de la salud. Una muestra de que las puertas se han ido abriendo para ellas, pero no para todas, porque hay que tener carácter, tesón y mucho apoyo del entorno para salir a dar la batalla.

Lustemberg es la figura que elegimos para ilustrar la tapa de la edición de Galería que se suma a la conmemoración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora. Porque es una de las cinco ministras mujeres (de un total de 14 ministros), responsable de una de las carteras más sensibles, que desempeña un trabajo directo con la sociedad, en un área de alta importancia para el bienestar de todas las personas como es la sanitaria.

En oposición a lo que se podría esperar de una persona en su puesto y con una profesión como la pediatría, y al igual que la cartera que comanda, Cristina es una persona muy sensible. Es una ministra que llora y se conmueve. Una característica muy femenina. La necesaria y fundamental para ejercer el cargo que ocupa; para conmoverse y así comprometerse a cambiar las cosas. Y lo más importante es que lo hace con perspectiva de género, poniendo el foco en los sectores más relegados, como los niños, que son su especialidad y su desvelo, y las mujeres, a quienes las investigaciones en la ciencia le deben mucho.

Cristina es una persona muy sensible. Es una ministra que llora y se conmueve. Una característica muy femenina. La necesaria y fundamental para ejercer el cargo que ocupa; para conmoverse y así comprometerse a cambiar las cosas.

Lustemberg se preocupa de la mujer en la salud, pero también en la política, uno de los sectores donde a las mujeres más les cuesta llegar y desarrollarse por las lógicas masculinas tan arraigadas, pero que son pieza clave, en todos los partidos, para la verdadera democracia.

Afortunadamente, las más jóvenes han nacido en un mundo bastante más igualitario de lo que era hace tan solo unas pocas décadas, y no permiten que el simple hecho de pertenecer al género femenino les impida hacer lo que se propongan. Para este número enfocado en la mujer también miramos hacia dos ámbitos en los que mujeres jóvenes vienen trabajando duro: los videojuegos y el cambio climático.

A sus 23 años Valeria Sarro fundó Women in Games Uruguay, una comunidad que cuenta con más de 150 participantes, cuyo objetivo es reunir a las mujeres que forman parte de la industria de los videojuegos para que tengan un espacio de encuentro seguro para hacer una consulta, pedir un consejo sobre el mundo laboral o compartir experiencias. Por esto, Valeria recibió el Premio Sofía, que entrega la Embajada de Francia por su aporte al ecosistema tecnológico y creativo. En un rubro totalmente masculinizado (solía ser la única de la clase en UTU, en la universidad y también en el ámbito laboral), se animó a crear lo que estaba faltando.

La crisis ambiental, por su lado, también tiene a sus líderes mujeres que impulsan el feminismo climático. En Uruguay, tres mujeres jóvenes le ponen rostro a la lucha por la justicia ambiental y el liderazgo femenino: Victoria Solé (32), coordinadora regional de The War On Climate (TWOC); Lucila Pizzarulli (34), jefa de oficina de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), y Agustina Syrowicz (18), representante de la Red de Jóvenes para la Justicia Climática. Ellas son parte de una generación que no solo analiza la crisis climática, sino que exige cambios estructurales y trabaja activamente para alcanzarlos. Los desplazamientos forzados por causa de eventos ambientales como inundaciones o sequías afectan de forma muy diferente a mujeres y a hombres. Ellas quedan mucho más expuestas a situaciones de vulnerabilidad económica, de discriminación, de explotación y de trata de personas. Por eso, hay otras mujeres organizadas para salir en su defensa y trabajar para que esto no siga pasando.

El mundo está cada vez más convulsionado, caótico, ansiógeno, conflictivo. Trabajar organizadamente por un objetivo claro parece ser el mejor rumbo. Se estableció el 8 de marzo como una jornada de reflexión sobre la brecha de género, la justicia y el empoderamiento de mujeres y niñas en todo el mundo, la violencia y la participación social. A ese llamado nos unimos para seguir difundiendo desde estas páginas la situación de la mujer en todas sus dimensiones y el esfuerzo constante de los movimientos feministas en pos de la igualdad.

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