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¿Necesita el Partido Colorado hacer un striptease más de sus diferencias internas? Si quieren fortalecer al partido, están haciendo todo lo contrario, lo que inevitablemente los puede llevar al destino final, la desaparición; están a tiempo de darse cuenta y dejar los egos en el cajón, al menos por un rato
La última foto es solo una más de una seguidilla que parece no tener fin en la interna del Partido Colorado. Una competencia constante entre quién es más rápido en presentar proyectos, en salir a contestar al oficialismo, en marcar perfil, en quedar en el lugar del que manda. No lo ve quien no quiere verlo y viene desde bastante antes de la última elección.
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Pero vayamos a la última foto. Por un lado, legisladores de Vamos Uruguay que intentan negociar cambios en un proyecto de ley clave para el futuro de los profesionales uruguayos, y, por otro, legisladores de Unir para Crecer que montan una conferencia de prensa para advertir que bloquearían lo que consideran un aumento de impuestos en el proyecto de ley que se enviaría luego a la Cámara de Representantes. Molestia, enojo, comunicado. “Rechazamos en forma tajante, tanto en el fondo como en la forma, dichas manifestaciones, realizadas sin consulta ni deliberación con los demás integrantes de la bancada parlamentaria del Partido Colorado”, escribieron los diputados de Vamos Uruguay, Conrado Rodríguez y Adrián Juri. Y agregaron, en referencia al secretario general del Partido Colorado y senador, Andrés Ojeda, y al diputado Felipe Schipani, que “nadie puede atribuirse la potestad de decidir” por la totalidad de los legisladores del partido y “mucho menos hacerlo de forma inconsulta y unilateral”.
Después, unos cuantos salen a decir que prefieren no atribuir intenciones, que son chisporroteos momentáneos y que en realidad todo el partido está alineado en la misma postura. Y uno piensa: ¿y si se hablan antes? Pero no, claro, porque justamente ese no es el espíritu del que quiere marcar perfil. Si se hablan antes, no hay perfil, no hay conferencia, no hay uno que sobresalga sobre otro y así sucesivamente.
Claro que no es la primera vez que esto sucede, en especial entre estas dos alas del partido. No existiría esta columna si así fuera, si se tratara de un mero desencuentro. Esto viene de antes, pero no se detiene.
Podríamos marcar como mojón la campaña hacia la primera vuelta electoral, cuando Andrés Ojeda fue electo en la interna y, mientras duraba la algarabía de una parte del partido, apareció la sombra de Pedro Bordaberry, que no iba a ser candidato —porque no se había presentado en la interna—, pero sí podía sumar unos cuantos votos para que su sector lograra más presencia en el Parlamento. De hecho, fue lo que sucedió. Su llegada perjudicaba a Ojeda y también a Robert Silva, que perdió unos cuantos dirigentes en manos del viejo-nuevo líder.
Pero vayamos un poco más adelante. Precisamente al 28 de noviembre del año pasado. Yamandú Orsi hacía cuatro días que había sido electo presidente y en medio de las interminables reuniones de esas horas en el Hotel Hilton se hizo lugar para recibir a una delegación de la lista 10 de Bordaberry, quienes le plantearon algunas iniciativas en las que pensaban trabajar. Escándalo. Los integrantes del partido que quedaron fuera de la reunión masticaron la rabia y no la ocultaron públicamente. Ojeda publicó en la red social X un fragmento del Martín Fierro, el de los hermanos unidos, el que da nombre a esta columna. Bordaberry contraatacó con una de sus columnas en el diario El País y trató de vagos a quienes lo criticaban, básicamente. “Parece no haber caído bien en algunos amantes de hacer la plancha”, escribió, y unos cuantos hirvieron de bronca. Robert Silva, molesto, también le contestó y advirtió que al partido “le ha hecho mucho mal cuando se actúa desde la visión sectorial y no partidaria, desde la visión de algún dirigente político, por más encumbrado que él sea, y no en una lógica de partido político”.
Pero la cosa siguió. Bordaberry dijo que discutir sobre esto le parecía “una pelotudez” y allí desató otra ira, que hizo que el tema escalara a niveles impensados. Raúl Batlle, el Mono, hijo del expresidente Jorge Batlle, le envió un mensaje también a través de X después de leer la columna del líder colorado en El País. “Pedro, la verdad no me quería meter en esta ‘pelotudez’ que armaste pero no me queda otra, luego de leer este artículo. Estás cada día más parecido a tu padre que al mío”. No le fue gratis a Raúl Batlle ese comentario que comparaba a Bordaberry con su padre. Más bien se transformó en un triste hilo de dirigentes peleando ante toda la audiencia tuitera, alimentando la sangre en los colmillos de los ajenos.
“Lo malo no es eso estimado Batlle, lo que te debería preocupar es que vos no te pareces en nada a tu padre, si fuera así serías un triunfador y estás bien lejos de eso, nunca pudiste llegar con votos a nada, porque directamente no los tienes”, le contestó Walter Verri, en defensa de Bordaberry. “Walter con todo lo que te estimo, se ve que sos un ignorante absoluto de lo que es triunfar en la vida. Abrazo”, retrucó Batlle. Todo eso en medio de colorados anónimos que les pedían no caer en el barro, o que hinchaban por uno o por otro. Como una pelea en el patio de la escuela. O peor, una exposición brutal de una interna irritada.
Y cuando parecía que las aguas empezaban a calmarse, otra internilla. Ante la falta de candidatos de peso para sumarse a la coalición hacia las elecciones municipales, el sector de Ojeda propuso a Bordaberry, sabiendo de sobra que la negativa era obvia. Muchos lo interpretaron como una “bajada de precio” al líder colorado, como una exposición a propósito a otra elección que iba a perder. Sabían que no iba a suceder. Chicana va, chicana viene, la herida siguió profundizándose.
En medio de todos estos hechos públicos que erosionan sin pausa al partido, tanto Bordaberry como el expresidente Julio María Sanguinetti exigen ir en coalición a la próxima elección departamental en todos los departamentos. No está mal, saben que es la oportunidad para, quizás, lograr acordar un candidato a alguna intendencia, con la natural resistencia que opondrá el casi dueño del interior, el Partido Nacional. Pero en el plano nacional la cosa cambia. ¿Y el riesgo de que se licúen sus símbolos, que se vayan perdiendo? El saco de Pepe Batlle, las ocho horas, las reivindicaciones históricas de los colorados de toda la vida. ¿Cómo hacer para separarlas del poncho de Saravia? ¿Cuáles serán sus banderas comunes? ¿Como hueso de bagual o como sangre de toro? Me dirán que ya hubo coalición y que no se perdió identidad, que pudieron haber ganado en otros departamentos, que el Frente Amplio también es una coalición y que cada sector tiene su propia impronta. Es verdad, pero son cosas diferentes, parten de lugares históricos diferentes. Y por eso también es que los principales líderes no se afilian a ese plan, al menos por ahora.
Entonces, ¿necesita el Partido Colorado en este momento hacer un striptease más de sus diferencias internas? Es sabido que a Bordaberry muchos no lo quieren en la interna y también es sabido que a Ojeda tampoco. Nadie se asombrará ni negará este concepto porque estaría mintiendo. Me disculpan, pero creo que la exposición permanente de chicanas solo los daña. Y, si los daña, con el magro porcentaje de votación que hoy tienen después de haber sido la mayor fuerza política del Uruguay, cometen un error que la historia seguramente no olvide. Si los colorados quieren fortalecer al partido, están haciendo todo lo contrario. Lo que inevitablemente los puede llevar al destino final, la desaparición. Están a tiempo de darse cuenta y dejar los egos en el cajón, al menos por un rato.