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Algunas razas pequeñas tienden a morder y atacar más que las razas grandes o potencialmente peligrosas; pero probablemente ese caniche o ese salchicha no te mate si te muerde; el pitbull sí, y ahí está la diferencia
Escucho y tiemblo. “Mi hijo duerme con el perro en la cama”. Sigo escuchando. “Nunca le hizo nada a nadie, es manso”. Y sigo. “No es agresivo para nada, lo llevo suelto y si le grito, frena”. Hay más, y quizás esto es lo peor. “No son los perros, son los dueños que no saben educarlos”. Bueno, no puedo seguir escuchando. Y después lo peor: “No sé qué pasó, nunca había atacado a nadie”. Ustedes saben de qué hablo. Sí, de los dueños de los perros pitbulls. Hoy son los pitbulls, pero antes fueron los dóberman, los dogos argentinos o los rottweilers.
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Pero el que nunca había atacado atacó, y una mujer murió pocos días atrás con sus dos piernas amputadas. Y antes había muerto un niño, y antes un hombre, y antes un bebé. Y muchos tuvieron lesiones graves, rostros desfigurados, tendones deshechos. Generalmente en su casa, generalmente de la nada. Y a veces en la calle, porque sí, porque justo pasaba y justo al dueño no le había parecido importante tenerlo sujeto. Basta con buscar en internet, no les pido mucho. Anímense y busquen “pitbull muerte de niños”. Es un ejemplo, usen el que quieran. No la van a pasar bien. Claro que no pasa solo en Uruguay, aunque hay otros países con legislaciones mucho más severas.
Y no es que acá no se haya intentado, de hecho hay un proyecto de ley de la diputada colorada Nibia Reisch en el Parlamento que prohíbe la cría, reproducción, comercialización, transferencia, adopción e importación de perros potencialmente peligrosos, pero al momento sigue en análisis. Hay algunas iniciativas de otros legisladores también. El tema de la prohibición hace dudar a algunos parlamentarios e incluso al director del Instituto de Bienestar Animal (INBA), Esteban Vieta, que propone que el camino sea la prevención y la exigencia de responsabilidades. En su cuenta de X aseguró que las mordeduras de perros en Uruguay aumentaron un 173,8% entre 2021 y 2025, y que en ese período el Ministerio de Salud Pública registró el crecimiento de 1.666 a 4.561 casos. Solo el año pasado hubo un promedio de más de 12 mordeduras diarias y dos niños murieron como consecuencia de ataques de perros. Dos niños murieron. ¿Podemos pararnos en este dato? Uno de cinco años y un bebé de uno.
Para argumentar su oposición a la prohibición de razas e ir por el camino de la regulación, Vieta indicó que no cree que eso constituya por sí solo una respuesta adecuada para proteger a la sociedad, y advirtió que existen perros mestizos que pueden presentar comportamientos de riesgo similares a los de determinadas razas y, a la inversa, ejemplares de esas razas que nunca han manifestado conductas agresivas. Está bien, analicemos esto también, pero no debería ser un impedimento para evitar que razas potencialmente peligrosas se sigan reproduciendo y comercializando como si nada porque están de moda o quién sabe por qué. Ah, ahora no les decimos más “peligrosos”, les decimos “de especial manejo”. En fin.
En medio de esta situación días atrás la Academia Nacional de Medicina emitió un informe lapidario. Veamos solo algunas de las conclusiones como para seguir avanzando: Uruguay es el país del mundo que tiene la mayor cantidad de perros por ciudadano. En el censo del año 2023 se contabilizaron casi un millón y medio de perros con dueño. Un perro cada dos personas y media (sí, es raro pero así son los números). Y si contamos a los perros sin dueño, hablamos de un perro cada dos personas.
Y vean esto: Uruguay ocupa el segundo lugar en el mundo de muertes cada 100.000 habitantes por año por ataques de perros. Segundo en el mundo. El informe destaca que en una carta firmada por el exdecano de la Facultad de Veterinaria Alberto Cirio y el profesor en medicina Carlos Salveraglio, un relevamiento de la prensa uruguaya señala que de 12 casos de muerte por mordedura de perro con raza conocida, desde el 2012 hasta la fecha, nueve correspondían a la raza pitbull. Y más: aseguran con datos provenientes de estudios en Estados Unidos y Canadá que si bien los pitbulls son el 6% de la población canina, son responsables del 68% de los ataques graves registrados y del 52% de las muertes relacionadas con perros. La mitad de las muertes, así nomás.
La Facultad de Veterinaria, la Sociedad de Medicina Veterinaria y la Academia Nacional de Veterinaria han afirmado que “si bien existen diferencias en la frecuencia de razas implicadas en eventos de agresividad canina, la raza no es un factor determinante de la misma” y que hay otros elementos, por lo que entienden que no se debería prohibir ninguna raza.
Claro, hay otros elementos que tienen que ver con la tenencia responsable, entre otros. Pero hay un ejemplo bien gráfico. Distintos veterinarios aseguran que algunas razas pequeñas tienden a morder y atacar más que las razas grandes o potencialmente peligrosas. El punto es que probablemente ese caniche o ese salchicha no te mate si te muerde. El pitbull sí. Y ahí es donde está la diferencia.
Por eso es que la Academia Nacional de Medicina considera que impedir la presencia de algunas razas que han demostrado ser particularmente agresoras, incluso mortales, e impedir la reproducción de las ya existentes en el país, podría incidir en la conciencia colectiva del riesgo que ellas implican y disminuir los altos casos de muerte. Como ha planteado el médico José Pedro Perrier, integrante de la academia, no se plantea el sacrificio de ningún animal, sino la supresión paulatina de estas especies en el país.
Una especie de camino del medio entre prohibir y avalar la situación actual es evitar la cría y la venta, y tener especial control sobre los perros que ya existen. Nadie habla de matarlos ni “dormirlos”, como les gusta decir a algunos. Vaya eufemismo. Quienes creemos que los animales son parte de nuestra familia y así los tratamos y los cuidamos no los sentimos como un accesorio, como algo descartable. Los que están, que vivan el tiempo que tengan que vivir con sus familias, con los cuidados necesarios y los controles imprescindibles. Pero ya basta de impulsar la tenencia de perros peligrosos. No le temamos a la palabra, son peligrosos. Algunos serán buenísimos, pero tienen la posibilidad de matar por su condición física, por su mandíbula y su fuerza. ¿No alcanza con esto para poder tomar decisiones?
Si pensamos que los perros no nacen siendo asesinos pero tienen la capacidad de matar, ¿qué estamos esperando? Nadie plantea matar a sus pitbulls ni a sus dogos. Sí evitar más víctimas impidiendo su reproducción. No es tan difícil.