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    martes 23 de julio de 2024

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    Ruido interno

    Los tres principales partidos políticos uruguayos tienen por delante desafíos igual de importantes o más que elegir a su candidato presidencial en las próximas elecciones internas del 30 de junio. Por más que en ese acto eleccionario estarán anticipando en gran medida su suerte electoral futura, la del 30 de junio será solo una escena más de una película que no empieza ni termina ese día.

    Por supuesto que el candidato o la candidata que se elija en las elecciones internas, especialmente en el Frente Amplio y en el Partido Nacional, puede hacer la diferencia. Poner en duda eso es no entender la idiosincracia uruguaya, en la que sigue siendo fundamental quién es el que lleva la bandera. Más aún cuando los perfiles en disputa son tan distintos.

    Pero igual de importante es de qué forma esas colectividades políticas arriban a la disputa electoral interna y de qué forma salen. La historia reciente muestra que en los casos en los que los partidos sufren divisiones profundas entre los distintos dirigentes y sectores que los integran los resultados electorales no son buenos. Por eso la otra interna, la subterránea, la que no se dirime en las urnas, también cuenta.

    Y con respecto a eso, el Frente Amplio tiene por delante un panorama complicado, quizá más que el de sus competidores. No por la definición de la fórmula presidencial, como le ocurrió en las últimas elecciones de 2019. Eso ya está bastante avanzado y surgirá del resultado que muestren las urnas en la noche del domingo 30 de junio. Será Yamandú Orsi-Carolina Cosse o viceversa y ese es un punto a favor para ellos.

    El problema es otro y es de muy difícil resolución. Parecen habérselo buscado, además. El asunto que provoca serias divisiones, y que se irán incrementando a medida que se acerque la fecha de las elecciones nacionales del último domingo de octubre, es el plebiscito constitucional sobre la reforma previsional.

    El PIT-CNT anunció en las últimas semanas que había logrado alcanzar la cantidad de firmas necesarias como para plebiscitar junto con las elecciones nacionales una reforma constitucional que incluye la baja de la edad de retiro a 60 años y la eliminación de las AFAP, entre otras cosas. Los promotores de esa iniciativa son algunos grupos políticos y sindicales, liderados por el Partido Comunista, y muchos de los sectores más importantes del Frente Amplio se oponen, incluido el Movimiento de Participación Popular.

    No es un tema menor. Una vez que la discusión está instalada, no es tan fácil mirar para el costado. Va a ser uno de los principales asuntos de debate durante la campaña electoral posterior a las internas y dentro del Frente Amplio hay una grieta abierta sobre cuál es la mejor postura a adoptar al respecto. Por más que intenten taparla con todo lo que esté a su alcance, que es lo que procurarán hacer, a esta altura ese quiebre parece muy difícil de disimular.

    Y ese es un punto débil importante. Es exponerse ante la opinión pública con discrepancias en una cuestión de fondo como lo es la jubilación e incluso los ahorros previsionales personales. A todos los votantes, a algunos más y a otros menos, los involucra ese tema. Y la incertidumbre es un aderezo difícil de tolerar para los indecisos.

    También están mostrando señales negativas con respecto a la unidad interna el Partido Nacional y su principal socio en la coalición de gobierno: el Partido Colorado. El primero, cuyo triunfador en la interna tiene serias chances de llegar a la segunda vuelta electoral e incluso transformarse en presidente, dejó entrever diferencias sobre cómo armar la fórmula presidencial. El favorito según todas las encuestas, Álvaro Delgado, evaluó en los últimos días distintas posibilidades para cerrar la fórmula, mientras la segunda en intención de voto, Laura Raffo, sostiene que lo ideal sería que los dos principales competidores integren la dupla. Parece un tema menor pero no lo es, porque puede dejar heridas importantes hacia octubre. Esta semana hubo un acercamiento entre los distintos postulantes blancos para tratar de evitar un escenario complicado de cara a las elecciones nacionales. Habrá que esperar al domingo 30.

    En el Partido Colorado la competencia se hace por momentos un tanto feroz. Son seis precandidatos y varios de ellos tienen pretensiones fundadas de ganar, y eso lleva a que los debates internos se vayan muchas veces de tono. Se cruzan las acusaciones, se habla demasiado por lo bajo, se rompen los puentes y la mayoría piensa en el minuto a minuto en lugar de tener la vista puesta en octubre. Imposible que eso no deje secuelas.

    En una elección ajustada, de final incierto, lo que puede hacer la diferencia son detalles mínimos, y el ruido partidario interno suele molestar a muchos votantes, en especial a los indecisos, que son los que terminan definiendo. Quien logre acallarlo de la mejor manera correrá con ventaja.