En enero de 1972 salió el primer número de Búsqueda.
En enero de 1972 salió el primer número de Búsqueda; hasta la semana pasada, yo tenía el secreto orgullo de haber escrito en todos los números, sin faltar ni una vez… pero por fin se rompió el récord de la continuidad
En enero de 1972 salió el primer número de Búsqueda.
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáHasta la semana pasada, yo tenía el secreto orgullo de haber escrito en todos los números, sin faltar ni una vez… pero por fin se rompió el récord de la continuidad.
Por razones de esas que se explican en el comunicado que figura en esta página, la culpa no fue mía. No fue que me haya dormido, olvidado, o que la columna se haya perdido en la etérea nube de internet; pero, bueno, algún día tenía que pasar. Mi columna llegó, no salió, pero en su lugar salió una muy buena columna de un señor, Leandro Folgar, a quien no conozco, pero firmada por Kid Gragea. Me enteré de que él era el autor, porque el mismo texto salió, ahí sí con su firma, en la página 12 del semanario.
Las reacciones de mis lectores fueron muy variadas.
Hubo uno que me conoce, pero no sabe de mi vida familiar, y que me llamó para felicitarme por el cambio de estilo de la columna y decirme que se despistó al principio, pero que le gustó mucho igual, y, asimismo, que se asombró de que yo tuviera dos hijas de cuatro y siete años. Tuve que explicarle que ya ni nietos de esa edad me quedan… Ese es de los de mi barra brava, porque abren el semanario en la página 47, y recién después, algunos, que no todos, leen algunas otras columnas y artículos. Hubo otro que se enojó mismo, y quería mandar una carta criticando al semanario por tremenda e inaceptable omisión, y pidiendo la intervención de la fiscalía para analizar un posible delito de censura a la libertad de expresión. Hubo muchos más (por suerte que fueron muchos) que me comentaron el episodio descontando lo que realmente pasó, y que aquí mismo se explica por separado.
Pero el que se calentó realmente, y mal, fue Fortunato.
Porque la columna que no salió era uno de esos episodios en los que el pobre se quedaba dormido, y soñaba que a Orsi, además de la camioneta, y la otra camioneta, y todo el enjuague ese, Trump le había regalado un yate, que se llamaba El Canario, pero el presidente no lo aceptaba, y le decía que quería pagárselo, aunque fuera con un descuento, y finalmente terminaba efectivizando el pago con la entrega a Trump de los pedazos de acero de la frustrada lancha patrullera, por la que el país ya pagó 30 palos verdes, y que yacen en el astillero de Cardama en España. Tenía razón en enojarse.
Yo dialogo mucho con Fortunato, porque tengo que prestar atención a lo que sueña para tenerlos al tanto a ustedes, pero en este caso tuve que calmarlo. “No puede ser”, me dijo, “que les hayas hecho perder a tus lectores que Orsi después invitaba a sus excompañeros de clase de la escuela a navegar en el yate, organizando campeonatos de pesca y de truco, porque a él lo enternecen los niños de la escuela, y qué mejor que los niños grandes para recibir la donación del yate para trasladarse”, me protestó Fortu, y yo no supe qué decirle.
Lentamente, porque nuestra conversación fue tarde en la noche, después de cenar, Fortunato se fue quedando dormido (como lo es su inveterada costumbre) y empecé a registrar en una libretita algunos de sus nuevos sueños.
—Mmme parece que cuando te diste cuenta de que no había salido la columna estaban llegando noticias para el informativo… —dijo mientras se le iban cerrando los ojos, y el sueño se instalaba en su sitio habitual.
El informativo dio entonces la noticia de que, ante el imperdonable olvido del semanario Búsqueda de publicar la columna habitual de Kid Gragea, el Consejo de Seguridad de la ONU se había reunido en forma urgente para analizar el episodio y tomar algunas medidas ejemplarizantes. El informativista dijo que el asunto había sido declarado de interés internacional, y que Naciones Unidas recurriría a los cascos azules para que rodearan el local del semanario y exigieran que la columna fuera publicada la semana siguiente en doscientos periódicos del mundo, entre los cuales el New York Times, Le Monde, el ABC de Madrid y el China Today de Beijing, versión en inglés. Como era de esperar con cualquier decisión de las Naciones Unidas, ninguna de las resoluciones adoptadas se puso en práctica, pero Fortunato parece haber tomado con satisfacción las medidas, por su evidente justicia.
También trascendió, según el informativo, que Trump y Netanyahu se habían reunido con los ayatolás en Teherán para analizar este grave episodio, aprovechando uno de los 127 ceses del fuego proclamados por ambos bandos, tras considerar que la columna de Kid Gragea bien merecía un alto el fuego para analizar la grave falta del semanario. En plena reunión recibieron la llamada de Putin, así como la de los jefes de Hezbolá y de Hamás, quienes habían apoyado desde ya cualquier medida de desagravio que se tomara al respecto, incluyendo rebautizar al estrecho de Ormuz como estrecho Kid Gragea. Se constataron, asimismo, fuertes rumores de que el papa León XIV se reuniría con Kid Gragea en los próximos días para expresarle su preocupación por este triste episodio y asegurarle que él mismo oficiaría una misa de desagravio, a llevarse a cabo en el Campeón del Siglo, después de la misa en el Estadio Centenario que tendrá lugar en noviembre cuando el santo padre visite el Uruguay.
No les voy a seguir contando los sueños de Fortunato, pero reconozcamos que su fastidio tenía razón de ser. Que justo en uno de los espacios que le tocan a él se haya dado este curioso episodio de la ausencia de la columna semanal.
Pero seguramente no se volverá a repetir.