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    Errores propios, problemas de coordinación y “operaciones políticas”: los obstáculos del gobierno para dominar la agenda

    El oficialismo no puede instalar la idea de que el país circula por buen rumbo, pese a que asegura tener “mejores indicadores” que la administración anterior

    Gobernar es una manera de hacer historia, y la historia, como dijo alguna vez Winston Churchill, la escriben los vencedores. Esa frase tan popular tiene implícito un mensaje para quien esté al frente de un país: la necesidad de construir un relato de lo que ocurre, un imaginario, lógicamente favorable, con el que la gente, con el paso del tiempo, recuerde a esa administración. Así lo hizo el expresidente Tabaré Vázquez con, por ejemplo, la Operación Milagro, un convenio con el gobierno de Cuba a través del cual logró brindar operaciones de ojos a miles de uruguayos con cataratas. También lo hizo su sucesor, José Mujica, instalando en el imaginario popular la promoción de la nueva agenda de derechos, pese a que no todas las leyes de ese talante provenían del Poder Ejecutivo.

    A casi 17 meses de gobierno de Yamandú Orsi, oficialistas y opositores coinciden en que el gobierno tiene problemas para construir el relato de la actual gestión, que cuenta con bajos índices de aprobación, inferiores a los de los gobiernos anteriores. La situación es aún más compleja: el gobierno tampoco ha podido controlar la agenda pública: lo que se habla en los medios, lo que se debate en las redes y hasta por momentos lo que se discute dentro del Parlamento. “Tenemos mejores indicadores que el gobierno pasado, pero la gente cree que estamos peor”, dijo a Búsqueda, a modo de síntesis, un jerarca de la Torre Ejecutiva.

    Los motivos que explican esta dificultad son variados, pero el politólogo Antonio Cardarello distingue básicamente dos. El primero, la serie de hechos que se sucedieron desde que comenzó la administración. Comenzó con la renuncia de la exministra Cecilia Cairo por obras irregulares en su domicilio, luego con la compra del campo María Dolores de Florida por parte del Instituto Nacional de Colonización, siguió con el desempeño en el ámbito privado del presidente de ASSE, Álvaro Danza, y terminó con el propio Orsi debiendo dar explicaciones, primero por una camioneta Hyundai que compró con descuento y después por deudas del Impuesto de Primaria y falta de regularización de obras en un domicilio familiar.

    El otro problema que identifica Cardarello es que el gobierno no tiene una “voz coherente” frente a los episodios que ocurren en el país, y a veces ni siquiera en temas de su propia agenda. “El presidente va por un lado, el secretario va por otro, y ni que hablar el Frente Amplio y las bancadas legislativas”, con sectores como el Partido Comunista o el Partido Socialista, lo que hace que el gobierno “pierda el control eficaz de la agenda o la dirección que debería tomar, a su juicio, la discusión”.

    Esto, ejemplifica, quedó de manifiesto cuando el ministro de Trabajo y Seguridad Social, Juan Castillo, cuestionó el uso de vehículos militares blindados para tareas de seguridad de la Policía; o cuando el secretario de Presidencia, Alejandro Sánchez, realizó un mensaje de video producido por el equipo de comunicación de Presidencia sobre la Rendición de Cuentas, un día después de haber difundido uno igual protagonizado por el propio Orsi. “Se le quita relevancia al presidente, y eso debilita la comunicación de gobierno”, opina Cardarello, y añade que eso también dificulta que se imponga un “rumbo de gobierno” e incluso un “relato”.

    El analista también diferenció esta situación de los mandatos anteriores del Frente Amplio, en los que había liderazgos más marcados, como los de Tabaré Vázquez, José Mujica o incluso Danilo Astori. “Tenían un peso diferente al de Orsi, que no es líder del Frente Amplio ni tampoco de la 609. Eso le cuesta más imponer un criterio más consensuado y articulado, y por allí falla la comunicación al exterior y la coordinación hacia la interna”.

    Agustín Canzani, presidente de la Fundación Liber Seregni, un think tank del Frente Amplio, considera que el gobierno tiene que “hacer el esfuerzo” para manejar la agenda y para eso es “fundamental” tanto “mantener la iniciativa en varios campos” como mostrar “articulación en las diferentes iniciativas”. A su juicio, eso es posible en la medida que el Ejecutivo tiene más recursos comunicativos que la oposición, como proyectos de ley, rendiciones de cuentas o la difusión de medidas novedosas.

    No obstante, Canzani considera que hoy es “más difícil manejar la agenda que 10 o 15 años atrás”, y que existe una “tendencia” que tiende a resaltar más “las noticias negativas sobre las positivas”.

    Las múltiples voces de la oposición

    Dentro del gobierno se considera, en cambio, que la oposición tiene cierta facilidad o “supremacía” para dominar la agenda y así imponer su relato. “Consultan a uno y a otro, habla el diputado de un partido o del otro pero todos representan lo mismo, y cuando habla el oficialismo habla uno solo. Así te llenan la agenda, sin proporcionalidad entre oficialismo y oposición”, opinó un jerarca de la Torre Ejecutiva, que se quejó de que es “muy difícil luchar contra esa lógica a nivel mediático”.

    Otro jerarca de Presidencia sostuvo que a su entender la oposición, además de tener “más cantidad de voceros” y “en armonía”, también tiene “más potencia en el mundo mediático”. A su vez, en el Ejecutivo atribuyen a la oposición una “clara intención de dañar la imagen del gobierno”. Esta fuente reiteró la idea de que el gobierno “tiene mejores datos en la gestión que en la percepción”, aunque lo admitió como una “falla” propia vinculada a la gestión política y no a la comunicación.

    Para el senador socialista Gustavo González, el “problema” es bastante claro: “Hay una operación política contra el gobierno” por parte de la oposición, que se evidencia en el hecho de que sus legisladores no están dispuestos a votar el proyecto de ley de Rendición de Cuentas, y en el récord de interpelaciones y llamados a sala. La operación, sostiene, consiste en “denostar al presidente y tratar de hacer implosionar al Frente Amplio”.

    Para poder “desatar” tal operación, González asegura que es necesario “legislar, sacar todos los proyectos que favorezcan a la gente y no darle importancia a la agenda que quieren” imponer. No obstante, también subrayó que es necesario “homogeneizar la propuesta”, para lo cual ayudaría “que el gabinete se reuniera más seguido”. “Llevamos un año y casi seis meses en el gobierno y no recuerdan cómo nos dejaron la seguridad o las personas en situación de calle, parece que hubieran aparecido ahora”, ironizó sobre la oposición.

    Las conferencias mañaneras de AMLO y las audiciones de Mujica

    Darío Mendiondo, director nacional de Coordinación del Interior del Ministerio de Trabajo y autor del libro Cómo ganar la batalla mediática. El dilema de la izquierda, evitó hacer comentarios críticos con el gobierno, aunque resaltó la experiencia del gobierno mexicano de Manuel Andrés López Obrador, quien ya desde sus tiempos de jefe de gobierno de la Ciudad de México daba a diario conferencias de prensa popularizadas como mañaneras, que luego llevó a su mandato presidencial. La experiencia, dijo en diálogo con Búsqueda, fue exitosa y le permitió al mandatario marcar la agenda a tal punto que la actual presidenta, Claudia Sheinbaum, también las implementa.

    Mendiondo además recordó las audiciones que Mujica realizaba semanalmente en M24 o el programa Aló presidente conducido por el extinto presidente venezolano Hugo Chávez como ejemplos de herramientas que usaron con éxito gobiernos para incidir en la agenda pública. Según el jerarca, se trata de “espacios que se van ganando gradualmente” y que deben responder a una “política consistente, que se mantenga en carácter, en intensidad y con una lógica permanente”.