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    ‘Tout va très bien’

    En esta apacible y tranquila capital del Uruguay, el mundo académico está expectante de los resultados de un simposio que se está llevando a cabo en París

    Montevideo, 20 de noviembre de 2033. (De nuestras agencias). En esta apacible y tranquila capital del Uruguay, el mundo académico está expectante de los resultados de un simposio que se está llevando a cabo en París.

    En efecto, se trata de un encuentro que ha organizado el Instituto de Sociología y Politología de la Universidad de la Sorbonne en el que técnicos y expertos en estas materias, venidos de diversas partes del mundo, analizan el curioso fenómeno institucional y sociológico que se ha producido en este país sudamericano.

    En realidad, la expresión mundo académico no es tan ampliamente representativa como su nombre lo indica, ya que el ambiente académico del Uruguay se ha reducido de forma considerable en estos últimos años a una veintena de interesados en profundizar la curiosa evolución institucional uruguaya.

    En paralelo, y esta podría ser una de las causas de esta situación, han aumentado en el Uruguay los festivales, los conciertos, los recitales y las “juntadas” —como suelen decir los jóvenes— que reúnen a miles de personas para escuchar y brincar al compás de raperos, grupos de rock alternativo, baladistas turcos, cantantes colombianas, combinadas con porros, fentanilo, pastillas de éxtasis y mucha mucha agua.

    A ello se agrega un fenomenal aumento de programas televisivos de gran fervor popular, como Gran Hermano, Gran primo, Las adivinanzas de Pirulín, Los macacos mágicos y otros entretenimientos de enorme rating.

    Lo que se estudia en el seminario de París es el curioso espíritu de conformismo, abulia, desinterés y desinformación que la población uruguaya, de todas las edades, exhibe al mundo, el cual ha sido marcado por importantes fenómenos políticos y sociales que han pautado la mismísima institucionalidad política nacional.

    En efecto, y como todos recuerdan, el elemento rupturista fue el clima preelectoral que pautó las elecciones de 2029.

    El Uruguay había elegido en el 2024 un presidente que, al principio de su gestión, desconcertó a los uruguayos por sus respuestas ambiguas, sus expresiones no comprometidas ante los fenómenos más trascendentes del ámbito nacional e internacional y su falta de liderazgo político y social. Pero, con el pasar del tiempo, los ciudadanos uruguayos empezaron a disfrutar de aquellas ambigüedades, a tomarlas con humor y simpatía, que dieron lugar a la creación de innumerables memes que circulaban por las redes sociales, despertaron afecto y adhesión, y generaron, como se dice en este país, “buena onda”.

    Tanto fue así que la campaña preelectoral de 2029 estuvo pautada por una salvaje crítica de la oposición, que fue olímpicamente ignorada por la ciudadanía, compensada por el entusiasmo de los políticos oficialistas, que promovían continuar aquella paz y alegría llena de desinterés por los grandes temas nacionales, algo que algunos de los sociólogos en la reunión de la Sorbonne califican como “el efecto Pinchinatti”, aludiendo a un politólogo uruguayo del siglo pasado.

    El partido gobernante propuso votar en las elecciones un proyecto de reforma constitucional que permitiría la reelección del presidente tan querido por todos, quien durante la campaña recorría el país compartiendo asados, partidas de truco, festivales de bailes folklóricos (en los que él participaba y demostraba gran destreza), y era aplaudido y apreciado por todos los ciudadanos, fueran del partido que fueran.

    En el acto electoral ocurrió lo esperado, y el presidente renovó su mandato con un discurso muy breve desde el balcón de su casa en un balneario próximo a la capital, en el que dijo, textualmente: “Y como han visto, hay que ver si la cosa camina o no y, si los que opinan saben, por más que haya otros que opinan distinto, aquí tenemos que aceptar que, como ya lo hizo la Jutep, se laudó el tema, y asunto concluido”.

    Ovacionado por el país entero, el presidente reelecto asumió que había algunas cosas complicadas, pero lo importante era seguir adelante y asumir la realidad como venía, sin mayores discusiones o enfrentamientos.

    Meses más tarde, un grupo de narcotraficantes copó el Instituto Nacional de Rehabilitación, el INR, desalojó a sus autoridades y colocó al frente de la institución a un sobrino del Betito, quien procedió a designar al Toto Albín como director general de Cárceles y determinó la liberación de un grupo de presos, los cuales ocuparon la Fiscalía General de la Nación, expulsaron a sus autoridades y congelaron todos los procedimientos fiscales por un lapso de 20 años. Como no hubo ni muertos ni heridos, estos episodios fueron aceptados por la ciudadanía, tras la aprobación tácita del presidente, que apenas comentó entonces que “las cosas son como son, y hay que ver y estudiar esto, pero por el momento en principio no habrá cambios, y ya veremos más adelante”.

    Dos barrios de Montevideo fueron copados por los narcodelincuentes, quienes negociaron con el intendente Bergara (que también había sido reelecto) un pacto de no agresión consistente en que un barrio era para cada uno de los grupos rivales, pero ninguno de ellos atacaría al otro en la medida que la Intendencia de Montevideo recogiera la basura, mantuviera la higiene y el pavimento de las calles, y vigilara que los niños pudieran seguir yendo a la escuela sin problemas.

    Dentro del oficialismo, y aprovechando la situación de tolerancia manifiesta, grupos sindicales adoptaron medidas de gran importancia para sus intereses, como por ejemplo la nacionalización del Fondo Social de la Construcción, el Fosvoc, el cual volvería a ser administrado por la compañera Stella Rey, quien ya había sido excarcelada y homenajeada con una recepción a la que habían asistido el Boca Andrade y demás directivos del gremio. El millón de dólares faltante apareció y fue distribuido entre los afiliados al sindicato como aguinaldo extra, fraterno y solidario.

    Se espera que, a lo largo de los años que siguen, este sistema de administración se consolide, para lo cual, estiman los académicos reunidos en París, es esencial que el presidente actual siga al mando del país con el apoyo y la aquiescencia de una población adormecida y entretenida que ha perdido casi totalmente la conciencia cívica, y que lo seguirá votando y apoyando.

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