Viviste desde los 17 hasta los 20 sola en Nueva York. ¿Qué tan de película fueron esos años?
Edad: 25 Ocupación: Cantante, compositora Señas particulares: vivió varios años en Nueva York; una profesora de literatura enmarcó un escrito suyo; le cuesta escribir canciones sobre amor o desamor
Viviste desde los 17 hasta los 20 sola en Nueva York. ¿Qué tan de película fueron esos años?
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En caso de que tengas dudas o consultas podés escribir a [email protected] contactarte por WhatsApp acáPor un lado Nueva York es como en las películas. Todo ese mundo subterráneo es tal cual. Es verdad que está más sucio, hay bastantes ratas. Al no ser americana, me mudaba cada dos o tres meses, entonces viví en muchos barrios distintos. Sin duda está todo lo que uno ve en las películas. Lo que es mentira es que es una ciudad que nunca duerme. Después de las 3 a. m. no hay nada. No ves movida como acá a las 3 a. m. de un viernes. Yo pensaba: estamos en la ciudad que no duerme, ¿cómo que no hay nada? En Nueva York me divertí mucho, pero me metí en lugares donde no me debería haber metido.
¿Por ejemplo?
Salía mucho de noche y era chica. Estaba muy de fiesta. Hoy, de más grande, me doy cuenta de que hay cosas que por ahí no daban. La vida nocturna era más peligrosa de lo que yo podía ver. Me creía la protagonista de una serie. Hoy soy mucho más miedosa. Pero ese nivel de inconciencia fue lo que me permitió irme siendo tan chica.
¿Te dio más miedo volver a Uruguay que irte?
Sí. Irme fue algo que venía planeando desde que tenía 14. Me había enterado de que existía esa universidad de comedia musical y venía averiguando cómo eran las becas. En el momento en que volví estaba en una relación muy tóxica con alguien de allá, se vino la pandemia, los teatros se cerraron, no me quedó otra que volver. No pensaba volver a Uruguay y me había distanciado de todo el mundo. Me borré, tenía que volver a reconectar y enfrentar que fallé. Después de estar tres años sola tuve que volver a mi cuarto de adolescente. Tuve una regresión, me conecté más con mi familia, dejé que me estuvieran encima. Fue mi peor momento de salud mental. Empecé con ansiedad y ataques de pánico, que nunca había tenido. No me gustaba estar sola.
¿Qué te ayudó a atravesar los ataques de pánico?
El ataque de pánico no es lo mismo que estar ansiosa o nerviosa. He llegado a estar en la emergencia diciendo que me estaba muriendo. Lo más importante es estar con alguien que te dé la atención que necesitás. Se me aceleraba el corazón hasta marearme y vomitar. No podía creer que eso fuera solo ansiedad. Después me sentía muy ridícula, muy culpable, que había molestado a todo el mundo. Ahora tengo recordatorios por si me vuelve a pasar: esto ya te pasó, sentiste náuseas, mareos, no duró más de tanto. Ahora, las sustancias que alteran, desde el alcohol hasta cualquier otra, me hacen sentir una pérdida de control que me recuerda a los ataques de pánico, y no me gusta. Después de esos episodios soy mucho más miedosa con todo. Todo es una escuela. Me tenía que pasar eso para empezar a cuidarme un poco más.
¿Sentís que esas experiencias te convirtieron en una mejor artista?
No y sí. No creo que haya que sufrir para hacer buen arte. Pero sí obviamente desarrolla tu sensibilidad y el entender a otros. Cuando alguien me decía que había tenido un ataque de pánico pensaba: no entiendo. Esas experiencias en las que pasás tan mal te ayudan a entender a otra gente. Y así como yo tuve ataques de pánico, si el día de mañana alguien me dice que tiene un trastorno obsesivo compulsivo, lo voy a entender.
¿Un elogio y una crítica a la generación de cristal?
La transparencia, animarse a hablar de todo. Pero a veces sentimos que tenemos que decir algo porque todo el mundo lo dice. Se te hace difícil formar tu propia opinión. Hoy ves a referentes que salen a defender algo que está sucediendo y automáticamente creés que tenés que pensar lo mismo. Hay un efecto dominó en el que todos se convencen de algo, y después terminás solo con tus amigos íntimos siendo honesta y diciendo lo que de verdad pensás, y con la otra gente siendo supercorrecta. A veces siento que perdimos un poco la autenticidad. No creo que nada sea cancelable si la opinión se da desde el respeto.
¿De dónde viene tu rechazo hacia los comestibles con colorantes?
Nunca comí un chicle en mi vida, ni un caramelo. Me dan fobia. Mi madre es adicta a unos caramelos y a veces no me gusta tener el paquete cerca, no me agrada. No sé cuánta plata me tendrías que ofrecer para que me coma un chicle. Es mucha la fobia. Mi madre recuerda que en los cumpleaños llegaba la piñata y yo desaparecía. Antes no lo contaba mucho porque me daba vergüenza.
De niña llegaste a ganar un concurso de cuentos y te gustaba escribir poesía. ¿Se repiten los temas en tus canciones?
En primero de escuela gané un concurso de cuentos que era de todo el país. En literatura, porque me divertía, contestaba en forma de poema. Recuerdo que una profesora me dijo: tengo un escrito tuyo enmarcado. De chica escribía novelas sobre los artistas que me gustaban, inventaba historias de Justin Bieber y mucha gente las leía online. Me cuesta mucho escribir sobre el amor y el desamor. Siento que no vivo los vínculos amorosos tan intensamente. Pero sí todo lo que es más existencial desde chica lo vivo muy a flor de piel: cómo funcionamos, cómo es el mundo. Todo lo más introspectivo o filosófico es de lo que más me sale escribir. Ahora, para el segundo álbum, me puse como desafío escribir sobre amor y desamor.
¿Estás aprendiendo algo?
Sí. El otro día estaba escribiendo sobre alguien que me hizo mal, y mientras lo ponía en palabras me di cuenta de que yo había hecho algo parecido con otra persona. Estoy aprendiendo a ponerme en todos los roles. Cada relación es un mundo: en unas uno se siente más víctima; en otras, la persona mala. En el amor también hay mucha relación de poder y de dependencia. La misma persona puede en una relación ser supersumisa y en otra ser superconfiada y sentir que tiene todo el poder. El amor nos muestra distintos lados de nosotros mismos