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Alfredo Fratti: "Soy el menor de tres hermanos, y el más mimoso"
Edad: 69 • Ocupación: Veterinario, productor rural y ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca • Señas particulares: Le dicen Canario; suele llevar un sombrero de ala ancha y cuando quiere que no lo reconozcan, se lo saca; de monaguillo solía robarse hostias
Hasta los seis años vivió en el campo en Cuchilla Grande (Cerro Largo), donde no tenían luz ni agua corriente. ¿Qué recuerdos tiene de esa infancia? Recuerdo los baños, por ejemplo, porque, como no había agua, se traía en un barril. Mi madre entibiaba el agua y uno se bañaba con la palangana y tenía que tener un tacho grande abajo porque los pisos eran de tierra, de cupí, que es una cosa que hacen las hormigas en campaña.
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Es el menor de tres hermanos. Soy el menor, y el más mimoso. Siempre dije que tuve la suerte de ser herniado de muy chico, y en esa época no se operaba a los niños enseguida, me operaron cuando tenía como nueve años. En todo ese tiempo, ni mis padres ni mis hermanos me podían dejar llorar porque era peligroso para la hernia. Entonces me tenían que consentir. A su vez, mi hermana me llevaba 10 años y era como un hijo para ella.
En su adolescencia fue monaguillo en la Iglesia del Carmen, en Melo, ¿le gustaba? ¿Consideró alguna vez convertirse en cura? Yo, vestido de monaguillo, era el que tocaba siempre la campanilla. Me gustaba. Había varios amigos que éramos monaguillos, y para nosotros era como un juego, robábamos alguna hostia con la ingenuidad de aquella época. Pero no, nunca consideré ser cura, me faltó fe para eso.
José Mujica dijo no mucho antes de fallecer que usted es blanco como hueso de bagual, ¿viene de familia blanca? Mi padre no era un hombre político, era un hombre de campo. Yo le preguntaba si era herrerista y él insistía en decir: “soy saravista”. Pero sí, mis dos progenitores eran votantes del Partido Nacional. En Cerro Largo se da una situación muy especial. Imaginate que para llegar a nuestra casa en campaña pasábamos por la casa donde mataron al hijo del general Muniz. Mi padre estuvo mucho tiempo en la revuelta del 34 con el poncho embalijado y pronto porque venía la ley y te llevaba. Entonces era una cosa con la que convivías, era historia viva. Recuerdo que Wilson (Ferreira) decía que en Cerro Largo lo único que hay colorado es el gerente del Banco República y el jefe de Policía, después todos blancos.
¿Cómo se dio su transición hacia el Frente Amplio? El tiempo pasó. La transición vino básicamente por la actividad gremial. Estuve en un momento difícil para el país desde el punto de vista productivo en la Agropecuaria en Cerro Largo, fui su presidente. Después fui vicepresidente de la Federación Rural. En ese momento, en muchas cosas discrepaba con el Partido Nacional, pero seguía teniendo ese sentimiento de blanco. Soy de la generación que fue muy sacudida por Wilson, que mandaba aquellos casetes del exterior y nos juntábamos a escucharlo a escondidas. Pero una vez que empecé a conocer a Mujica, vi nuestros puntos de contacto y encontré a alguien con el que dialogar, intercambiar y discrepar.
¿Sentía que Mujica era su segundo padre? Sí, claramente. Teníamos una diferencia de edad que era importante y muchas veces cuando hablaba con él sentía eso. Mi viejo era de poco hablar, pero en las cosas que decía no le erraba mucho. Y lo mismo me pasaba con el Pepe. Para mí, fue un segundo padre, no solo político, sino también de la vida. Hablábamos de la relación con mi mujer y mis hijos; aunque él no tuviera hijos, me aconsejaba que le diera más pelota a los afectos. Lo extraño muchísimo en lo político y en lo sentimental. Así como extraño a mis padres, lo extraño a él. Me queda a veces un resquicio cuando voy a visitar a Lucía (Topolansky).
Dicen que es muy parlanchín, ¿en qué lo perjudica? Soy bastante transparente; no escondo ni mis sentimientos ni mi forma de pensar. Ni con mis amigos ni con los que no son mis amigos. Digo cosas que de repente no aportan nada y al otro le caen mal. En el Parlamento recibí críticas muy duras por la forma de hablar, porque soy absolutamente pasional en mi vida privada y en la pública. ¿También es pasional cuando se enoja? Sí. Pero obviamente somos seres racionales y sé que tengo que poner un freno en la pasión. En una discusión no sé decir las cosas que pienso suavemente, como si estuviera leyendo un libro. Me apasiono y hablo rápido y mal: me como las eses, a veces no termino las palabras y a veces el otro no me entiende lo que estoy diciendo porque mi cabeza va más rápido que la capacidad que tengo de hablar. Un legislador me dijo una vez: “Fratti, parece que estuviera en la barra Ámsterdam”.
Pero usted es hincha y socio de Nacional e incluso su hijo se llama Juan Ramón por Juan Ramón Carrasco, ¿es así? Cuando discutimos el nombre de mi hijo, dije: “Me gustaría que se llame Ramón por mi padre”. Después, por lo de Juan yo no dije nada, pero como a la madre le gustó, quedó Juan Ramón. Lo cierto es que yo quedé muy contento de que fuera Juan Ramón por Carrasco. Pero lo logré sin decirlo.
Tiene un nieto de menos de dos años, de su otra hija: Antonieta, ¿ya es socio de Nacional? Mirá, estoy en deuda. Cuando mi hijo nació lo hice socio de Nacional. Con Amadeo todavía no he podido llevar la foto para registrarlo, pero también lo voy a hacer socio.
¿Cómo se imagina cuando se jubile? Volver a mis raíces, volver al campo, poder andar a caballo, sentir esa sensación. Si el físico me lo permite. Para mí, que el viento te dé en la cara es una sensación de libertad inigualable. De grande descubrí otra cosa que me hace sentir parecido a andar a caballo, que es andar en moto de agua. Cuando le das al mango a la moto de agua y tenés todo el horizonte abierto es como ir a toda velocidad en un caballo y sentir el viento en la cara.