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César Sanguinetti: “Me da mucha más satisfacción el crecimiento en la paternidad que el crecimiento profesional”

César Sanguinetti reflexiona sobre la adolescencia, los límites, las pantallas y la decisión de hacer un cambio de vida para ganar tiempo con sus hijos

Las mañanas son de desayunos compartidos, de aprontes para ir al colegio, de despedidas en la puerta y una media vuelta de los tres niños para ver si su padre todavía sigue ahí, esperando a que entren. Y sí, su padre siempre sigue ahí, y entonces se saludan con la mano. La vuelta a casa es de orden y planificación de comidas. Los fines de semana, en general, son de baby fútbol.

César Sanguinetti no es periodista. Según él, es padre, y es castillense. Ser periodista es su trabajo. Su personalidad la definen hoy esos momentos compartidos con Luca (de 13 años), Ciro (de 8) y Marco (de 7). Sus valores son los que su padre, el médico del pueblo, y su madre, una maestra que dejó todo por su crianza, le inculcaron en Castillos, Rocha. Y los que aprendió en la escuela y el liceo público en el que nadie era más que nadie por lo que tenía.

Para Sanguinetti, criar a sus hijos en una época marcada por las pantallas, las redes sociales y un mundo que muchas veces desconoce representa un enorme desafío. En vísperas del Día del Padre, habló con Galería sobre las decisiones que tomó para priorizar a su familia, de los límites, de los miedos que trae la adolescencia, de las enseñanzas que heredó de sus padres y de ese deseo permanente de transmitirles a sus hijos una escala de valores construida sobre el esfuerzo, la empatía y la sencillez.

Cada Semana de Turismo, Sanguinetti y su familia viajan a Florianópolis, Brasil.

Cada Semana de Turismo, Sanguinetti y su familia viajan a Florianópolis, Brasil.

En la tele, todos conocen tu costado más descontracturado. Las bromas, los bailes, tu risa tan característica. ¿En tu casa, con tus hijos, sos igual o tenés otro perfil?

Intento serlo. Trato de lograr un balance entre, por un lado, ser el que impone las leyes, y, por otro lado, no dejar de ser divertido. Me gusta mucho divertirme con mis hijos, jugar con ellos. Me gusta mirar películas con mi hijo más grande, jugar al fútbol con los tres, y acompañarlos a todos los lugares que puedo. A veces pongo música, bailamos. Es parte de nuestro día a día ser así. Pero también es verdad que en algún momento me tengo que poner más severo y ser el que les pone los límites. Fernanda, mi esposa, es bastante más severa que yo, o más de imponer los límites, algo que también intento que no ocurra, porque si no al final yo soy el divertido y ella la mala. Y la idea no es esa.

¿De qué actividades disfrutás con tus hijos?

De todo. Siempre digo que la adrenalina de mi vida es el baby fútbol. Hoy por hoy, a mis 45, mi adrenalina es esa. En otro momento era otra cosa.

¿Los tres juegan al fútbol?

Sí, los tres juegan en el Club Lagomar, y en diferentes categorías: 2013, 2017 y 2019. Entonces estoy todo el sábado y todo el domingo viéndolos jugar al fútbol. Esas cosas me encantan, las disfruto mucho. Los viernes siempre hacemos con Fer y los niños como una noche de cine, y compramos pizza. Me gusta dormir abrazado con ellos, me gusta que me besen, que me saluden de mañana. Me gusta prepararles la comida, que me digan que está rico lo que hice.

¿Qué influencia tuviste en que los tres jueguen al fútbol?

La familia de mi esposa es muy futbolera. En mi familia, mi padre es muy futbolero, le encanta, pero creo que el talento lo sacaron de la familia de mi esposa y no de mí. O se saltó una generación y viene de mi padre, pero no viene de mí, eso seguro.

¿No te considerás bueno en el fútbol?

No, no, soy un perro. Me falta ladrar. Ellos juegan bien todos, son bastante talentosos los tres, o sea que no salieron a mí. Yo acompaño a mis hijos en lo que ellos disfruten. ¿A mí me gusta? Sí, me encanta. ¿Me alimenta el ego verlos? Sí, me lo alimenta, no voy a mentir. Pero la realidad es que, si jugaran al ajedrez, los acompañaría igual. Si quieren jugar al handball, al hockey, lo que quieran, los voy a acompañar.

¿Qué tipo de padre sos en el baby fútbol? ¿Sos el que grita desde afuera de la cancha?

Otro tema, otro tema (ríe).

Entonces, sí, lo sos.

Sí, soy de gritar. Me corre adrenalina por el cuerpo. Volcamos nuestras frustraciones, lo que no pudimos hacer, en los hijos.

Los sábados son de baby fútbol para Luca, Ciro y Marco, en el Club Lagomar; sus padres siempre van a alentarlos.

Los sábados son de baby fútbol para Luca, Ciro y Marco, en el Club Lagomar; sus padres siempre van a alentarlos.

En varias entrevistas dijste que la paternidad es tu prioridad, que tus hijos son la gran razón de tu existencia. ¿Siempre quisiste ser padre o fue algo que se dio sobre la marcha?

No, no fue algo que siempre quise. Me casé bastante joven para los parámetros de hoy, a los 27 años. Fernanda, mi esposa, sí, siempre tuvo la idea de tener hijos. Yo lo fui dilatando un tiempo, pero una vez que nació Luca supe que quería tener más hijos. Fue tan hermoso lo que me sucedió con Luca como padre que dije: “Quiero tener más hijos, me encanta esto”. Fue tan divino ese niño que había venido al mundo. Yo me veía reflejado en él todo el tiempo, y me enseñó tantas cosas, que quería más. Y por suerte vinieron Ciro y Marco después, cada uno con sus características, con sus alegrías, con sus angustias, con sus berrinches, sus personalidades. Son muy distintos los tres, pero los tres me llenan de amor, son hermosos. Me llenan la vida y son por lo que me levanto todas las mañanas. Son la razón de mi existencia, aunque suene como un cliché.

Hace unos años contabas que pasás prácticamente todas las mañanas con ellos y que aceptar este nuevo desafío de Canal 10 implicó reorganizar un poco la vida familiar, ¿cómo fue finalmente esa reorganización? ¿Sentís que pudieron encontrar un nuevo equilibrio?

Estuve trabajando en radio muchos años de mañana y mi última experiencia en radio no estuvo buena para mi familia, porque ellos entraban muy temprano al colegio, hacían horas extracurriculares y yo me iba muy temprano y volvía muy tarde a casa. Eso generó una ausencia de mi figura en la casa que creo que repercutió para mal en la vida de mis hijos, sobre todo. Surgieron algunos problemas a raíz de eso, de angustia, de situaciones que no estuvieron buenas y que se me fueron de las manos. Entonces decidí que quería estar, lo que para mí significaba un perjuicio económico grande, porque era un trabajo más. Todos los periodistas tienen dos o tres trabajos, entonces para mí era una limitación en comodidades, en estilo de vida, pero no me paga nadie el hecho de que mis hijos estén bien. No me paga nadie el levantarme y hacerles el desayuno. No me paga nadie el hecho de llevarlos a la puerta del colegio todos los días y dejarlos ahí, verlos cuando se van y que se den vuelta y me saluden. Después volver a casa y dejarla organizada para cuando ellos vuelvan, dejar la comida pronta para la noche. Cuando yo estaba de mañana en radio la casa era un quilombo, se había transformado en un caos porque no había tiempo de organización. Me da mucha más satisfacción el crecimiento en la paternidad que el crecimiento profesional. No hay nada que me complazca más que ver a mis hijos bien.

Has dicho que a medida que tus hijos crecen la paternidad se va volviendo más compleja. ¿Qué es lo que más te desafía hoy?

En este momento, lejos, la adolescencia y la preadolescencia. Los ribetes humorísticos, las afecciones de la adolescencia en el humor. Es desafiante, porque intentás comprender todo el tiempo qué es lo que está pasando, intentás poner paños fríos. Y yo soy muy de hablar y de intentar encarar los problemas enseguida. Fer es más de dilatarlo, pero es mucho más sabia en ese sentido. Yo soy más ansioso en todos los aspectos de la vida, entonces intento encarar enseguida, y a veces no es ese el momento. Toda la crianza me parece que es un desafío. Como padre, hay varias cosas que me preocupan. Sobre todo, el tema de los límites. Hay otro tema que me preocupa mucho, que es el de valorar lo que tienen, que dimensionen dónde están y por qué. Otro gran desafío y miedo muy grande es el tema digital. Nosotros somos de una generación en la que se dio un quiebre de lo analógico a lo digital, porque conocimos el surgimiento de internet. Me da mucho miedo no estar preparado para afrontar esos problemas.

¿Cómo manejan el tema de las pantallas y el acceso a internet en tu casa?

Me pone nervioso. Fer maneja mejor el tema de límites. Ellos se sientan y ponen YouTube. Yo estoy ordenando, o lo que sea, y los veo que están mirando shorts en YouTube. Y yo les digo: “No, shorts no”. ¿Por qué? Porque quiero que al menos vean algo que tenga un desenlace, que tenga un principio, un desarrollo y un fin. Aunque sea un youtuber contando que fue a entrevistar a un jugador, no me importa. Pero que tenga una estructura. Porque el short tiene esa cosa tan adictiva que no paran. Es un quema neurona. Es una dinámica de consumo infinito. Lo que quiero es que tengan la capacidad de decir: “Vi esto, estaba bueno por esto”, “me divirtió”, o “no me gustó”. Y me preocupa mucho el desconocimiento que tengo de los códigos. Creo que estamos ejerciendo la paternidad y la maternidad en un ambiente de profundo desconocimiento. Nunca un padre estuvo tan alejado del mundo al que se puede enfrentar su hijo. Porque yo tengo Instagram, bobeo, pero no conozco los códigos reales de los adolescentes. Pueden estar pasando cosas, o bullying, o cualquier mensaje encriptado que desconozco. Por suerte, por ahora mi hijo más grande no está en Instagram.

¿Tiene celular?

Tiene, pero solo para juegos, WhatsApp y chau. No tiene redes. Pero en algún momento va a tener, y me preocupa mucho qué puede pasar en ese lugar, qué cosas se me pueden escapar. Es un universo demasiado desconocido para nosotros.

Tenés un tatuaje en la espalda de Darth Vader, junto a la frase “amor de padre”. ¿Qué representa ese tatuaje para vos, más allá del fanatismo por Star Wars?

Bueno, porque Vader en su momento se interpone al mal para salvar a su hijo. Hace un clic y deja el lado oscuro para salvar a Luke. Entonces, no hay nada más fuerte que el amor de padre. Porque, si Vader salió del lado oscuro, aunque fuera por un segundo, para salvarlo, ya está.

Siempre que hablás de Castillos, donde naciste y creciste, te invade la emoción. ¿Qué te dieron tus padres y ese pueblo que hoy intentás replicar en la crianza de tus hijos?

Mis padres me enseñaron valores, sacrificio. Me enseñaron que las cosas se construyen con amor, pero también con trabajo. Que uno puede nacer con ventajas, y si es así debería intentar ayudar a quienes no las tienen. Que las cosas que vienen de arriba hay que mantenerlas y no desperdiciarlas. Soy hijo de un médico y una maestra, y me acuerdo de ver gente yendo a la casa de mi viejo a llevarle tomates, lechugas, un pedazo de asado, para pagar las consultas. Porque mi padre a la gente que no podía pagar la consulta no le cobraba. Me crie con un padre que permanentemente intentaba ayudar a los demás, y con una madre que dejó hasta su profesión para criarme, algo que hoy está mal visto. Y no digo que ella haya estado bien por lo que hizo, pero sí sé que hizo un sacrificio muy grande para formarme a mí, y eso me emociona mucho. Es una mujer que me dio todo lo que yo soy y toda mi escala de sensibilidad. Y la igualdad o mis intentos de ayuda vienen de mi padre. Hice la escuela pública en Castillos y me senté y conviví con gente que no tenía las mismas posibilidades que yo. Y aprendí a vivir en una sociedad horizontal en el sentido de integración. Eso me encanta de Castillos, porque aprendí a creer en la gente por lo que es y no por lo que tiene. Y nunca miré a mis amigos para saber si tenían más o menos. Por eso digo que soy castillense, y que eso me define. Porque es esa escala de valores que me dieron mis padres y mi pueblo. Me encantaría poder transmitirles eso a mis hijos.

¿Cómo celebrarán el Día del Padre el próximo 12 de julio? ¿Tienen alguna tradición?

Yo cumplo el 14 de julio. Y Ciro, que es el del medio, nació el 18 de julio. Por lo tanto, mi cumpleaños dejó de existir. Yo ya no cumplo más, ahora cumple Ciro. Si antes era complicado para mí el Día del Padre, porque eran el 12 y el 14, imaginate ahora que está el 18 de julio. Supongo que habrá algún desayuno, algún almuerzo en familia. Saldremos a comer a algún lado. Si hay fútbol, se verá fútbol. Y si no, algún paseo.