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Constanza Moreira: “Mi padre me convenció de que no debía ser pianista nunca jamás en la vida”

Edad: 65 Ocupación: Senadora del Frente Amplio Señas particulares: Asistió al taller literario de Mario Levrero, escribe ciencia ficción bajo el seudónimo Olimpia Frick, quería ser pianista, es muy distraída, con la edad aprendió a cultivar el sentido del humor

Nació en una familia muy politizada. ¿Qué recuerdos guarda de su niñez y adolescencia? En mi casa siempre hablaban de política y siempre se leía el diario. Mi padre era profesor en la Facultad de Odontología, fue honoris causa de Periodoncia. En los 70 había mucho movimiento político en la universidad y él estaba metido. Mis hermanos también estaban en agrupaciones universitarias. Cuando se abrió el comité de base en la esquina de mi casa, mi madre estuvo militando allí. Recuerdo cuando se creó el Frente Amplio, que hablaban de que se estaba creando una cosa nueva.

De niña aprendió a tocar el piano, algo que hace hasta ahora. ¿Qué es para usted la música? Sí, estudié piano desde chiquita. Empecé con seis, siete años, y seguí hasta los 15, cuando mi profesora se enfermó. Hoy la música para mí es un pasatiempo, luego de que mi padre me convenciera de que no debía dedicarme a eso nunca jamás en la vida.

¿Pensó en ser pianista? Sí, claro. La música tiene algo de deporte porque necesita práctica constante y depende del cuerpo. Aunque podés ser pianista hasta edades avanzadas, el cuerpo te pone un límite. Entonces, mi padre quería que nos dedicáramos a las actividades del pensamiento.

¿Hace deporte? Corría. Ahora no corro más. Corro atrás de los votos, nada más.

Siendo joven se fue a estudiar a Río de Janeiro, una etapa que la marcó mucho. ¿Por qué? En el año 84 estaba volviendo la democracia y yo había terminado la facultad. Me recibí de licenciada en Filosofía y me fui a Río a hacer una Maestría en Ciencia Política. Luego hice también el doctorado. Brasil me marcó mucho porque es todo lo opuesto a Uruguay. Uruguay es chico, Brasil es grande. Uruguay es homogéneo, Brasil es heterogéneo. Son universos muy distintos. Además, en mi época, el vínculo era con Argentina. Ahora las nuevas generaciones se van de vacaciones a Florianópolis, por ejemplo. En mi época, nada. A la vez, me fui a estudiar Ciencia Política allá porque en Uruguay aún no existía como tal. Las ciencias sociales en Brasil siempre fueron superdesarrolladas, es una gran academia. Brasil es un país muy desigual y muy racista, pero tiene una gran política de captura de científicos del exterior y de estudiantes del exterior.

¿Desde cuándo es feminista? Tengo una fuerte herencia feminista, aunque en aquel momento no se llamase así. Mi abuela, que era de Durazno, se cortó las trenzas, en señal de rebeldía, para votar en el plebiscito de Cerro Chato (1927). Como era la primera vez que votaban las mujeres y el pelo largo era típicamente femenino, cortárselo era un acto de rebeldía. Mi madre, a su vez, decía que había sido la primera mujer en el barrio que había usado pantalones. En mi familia fueron siempre muy de avanzada, estaban a favor de que las mujeres trabajaran, de la despenalización del aborto, de la participación política de la mujer. Entonces, para mí, la igualdad de las mujeres iba de suyo, junto con otras tantas cosas. Pero siempre digo que las que me corrompieron fueron mis amigas feministas: Lucy Garrido, Lilián Celiberti y Niki Johnson. Toda esa generación de feministas, que hoy tienen más de 70, fue la generación con la que yo me formé. Ellas me convencieron de que había que dedicarse a estos temas, no tanto por la importancia o el prestigio que tuvieran, que era poco, sino porque era una causa en la que andábamos muy mal.

Ama la literatura y lee mucho. ¿Qué libro está leyendo ahora? Estoy leyendo La grande­, de Juan José Saer.

También ha escrito. ¿Cuántos libros tiene publicados? Libros son cuatro. Después hay cuentos por acá y por allá. El primero fue Relatos fantásticos, de los años 2000. Después De regreso a casa, que es de 2006. Luego La ciudad de los nombres olvidados, que es de 2023. Ahora salió Pirámide y geografía de otros mundos, que es un libro que escribimos con Andrea Arismendi y Marcelo Damonte.

¿Siempre escribe bajo el seudónimo Olimpia Frick? Lo que es de ciencia ficción, sí. Cuando llegué a la literatura, tenía mucho escrito de una obra básicamente académica, entonces no quería generar confusión entre una cosa y la otra. Después, además, vino la política.

Olimpia Frick, ¿por algo en especial? No, le puse un nombre de una corredora de autos de un cuento.

¿Con quién le gustaría charlar largo y tendido? Con (Eduardo) Galeano. Lo extraño. Me gustaría hablar un poco de lo que está pasando en el mundo. Me gustaría que volviera a estar presente.

También le gusta mucho el cine. ¿Alguna película que la haya marcado? Sí, soy una devoradora de cualquier cine. Belleza americana, Magnolia, El paciente inglés.

¿Qué haría si se ganara el 5 de Oro? Nunca he jugado a nada, los juegos de azar son un mundo que no existe para mí. Pero si me viniera una gran entrada de plata extra, me iría a pasar un tiempo a la Antártida, a los polos, que no los conozco mucho.

¿Cuál es su lugar en el mundo? Mi lugar en el mundo siempre fue Río, pero ahora estoy muy enamorada de México. De todo lo que pasa ahí. Me gusta México, me gusta Claudia Sheinbaum. Creo que están en un momento espectacular de sus vidas.

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