Después llegó Madonna y, junto con ella, la serie de decisiones audaces que lo llevaron a estar detrás de varios de los momentos icónicos de su carrera. “Se sentía como viajar en una alfombra mágica, yendo de Madonna a Michael, de Michael a Madonna”, expresa a Galería.
Otros de sus trabajos incluyen La jaula de las locas, protagonizada por Robin Williams, el musical de Broadway El beso de la mujer araña y la película Dancer in the Dark, con Björk. Con el tiempo, volcó su carrera hacia la dirección: estuvo al frente de Viva Elvis del Cirque du Soleil y del musical Cabaret en Berlín, que sigue en cartelera luego de 23 años. Su extensa trayectoria detrás de escena es aún tan poco reconocida por el público masivo que años atrás decidió compartirla en Iconos e instintos, el libro donde reúne relatos íntimos de algunos de los sucesos más importantes de la cultura pop.
En medio del renovado interés por la figura de Michael Jackson tras la película, Paterson confiesa que, de momento, prefiere no mirarla. “Eventualmente lo haré, pero es lo mismo que pasa con las de Freddie Mercury o Elton John, son ficciones, y yo simplemente la miraría con otros ojos, porque estuve ahí”.
Hace poco circuló un video suyo enseñando Thriller a un grupo de jóvenes en Cuba. ¿Es algo que hace regularmente?
Thriller es prácticamente la única coreografía que sigo enseñando. La creó Michael Peters, pero fui su asistente y además bailé como zombi en el video. Cuando me invitaron a Cuba, propuse: “¿Qué les parece si enseñamos Thriller?”. Estaban emocionadísimos. Cada año doy un gran workshop de Thriller. A mí me encanta enseñarla bien, porque veo a muchísima gente haciéndola incorrectamente. Thriller probablemente sea la coreografía más bailada de la historia. Es una locura el impacto que tuvo. Me hubiera encantado que Michael Peters, que murió de sida en los 90, pudiera haber visto lo que pasó con su creación. Para mí, es un honor enorme ayudar a mantenerla viva.
AFP Vincent Paterson
En 2025, Vincent Paterson viajó a Cuba para enseñar la coreografía de Thriller (en la que fue bailarín y asistente) a la compañía Beyond Ballet Broders (BBB).
AFP
¿Se le pasó por la mente durante los ensayos y rodajes que Thriller se convertiría en lo que es?
Yo era simplemente asistente y bailarín. Uno siempre espera, especialmente como coreógrafo, que el trabajo sea exitoso y tenga vida propia, más allá de uno. Trabajamos dos días solos con Michael Jackson y Michael Peters, y fue realmente muy divertido. Michael estaba completamente loco, en el mejor sentido de la palabra. Cuando lo conocí en Beat It era extremadamente tímido, casi no hablaba. Pero para Thriller su carrera solista ya había explotado. Entró al estudio de ensayo y quiso ver lo que Michael Peters había creado. Lo miró y empezó a reírse: “¡Sí, sí, me encanta! ¡Y estoy tan feliz de que no lo hayan hecho parecer ballet! Quería que los zombis dieran miedo, ¡y realmente dan miedo!”.
Thriller Vincent Paterson
Además de asistir a Michael Peters para la coreografía, Paterson se transformó en zombi junto a Jackson para bailar Thriller.
Cuando empezó a ensayar con los bailarines fue muy emocionante. Todos veníamos de ver el éxito de Beat It y pensábamos: “¿Qué va a pasar con Thriller?”. Podía ser un éxito gigantesco o un fracaso total. Nunca se había hecho algo así, un cortometraje de ese tipo. Nunca voy a olvidar la cara de Michael cuando salió del estudio. Se dio vuelta hacia todos y dijo: “Gracias. Vamos a hacer historia”. Y todos nos reímos. No sabíamos si realmente iba a pasar, pero pasó.
¿Qué fue descubriendo de Michael Jackson a lo largo de sus 18 años trabajando juntos?
Como persona, lo vi pasar de ser un chico muy joven a convertirse en un adulto. Cuando lo conocí era extremadamente tímido, en parte porque toda su vida giraba en torno a su familia. Lo sacaron temprano de la escuela y estudió en casa, así que no tenía mucha gente con la que hablar de forma personal. Con el tiempo, ese chico tímido se transformó en un artista muy inteligente y astuto, que entendía el negocio y sabía exactamente qué tipo de arte quería crear. También lo vi convertirse en un hombre profundamente educado y amable con los demás. Hace unas semanas estuve en un podcast con la Universidad de Yale y había una bailarina india que participó en Black or White. Ella contó que había llevado a su madre desde India para el rodaje. Era una filmación nocturna, hacía frío, y Michael frenó todo para ir a buscarle una manta y una silla para que estuviera cómoda y calentita. Ese era el hombre que yo conocí. Y además tenía muchísimo sentido del humor. Trabajábamos hasta quedar empapados de sudor, hacíamos chistes y a veces teníamos que salir corriendo al baño porque nos hacíamos pis de la risa. Era un niño y un hombre al mismo tiempo. Yo tuve una relación complicada con mi padre, y él también con el suyo, así que compartíamos ese entendimiento. No sé si hablaba con muchas personas sobre lo difícil que es cuando tu padre quiere lo mejor para vos y no siempre sabe cómo relacionarse de la mejor manera.
Vincent Paterson y Michael Jackson
Michael Jackson ensayaba siempre con el vestuario que luego usaba en los videoclips, cuenta Paterson.
Lo conoció antes de convertirse en el Rey del Pop; formó parte de su meteórico ascenso y de lo que vino después.
Vi cómo su carrera crecía sin pausa, cada vez más fama, hasta que todo empezó a complicarse. La gente no entiende lo que implica ese nivel de fama. Lo vi en dos personas: Michael y Madonna. Creo que Madonna tenía una ventaja, porque ya era una mujer joven cuando comenzó su carrera, tenía otra relación con el mundo. Michael había estado tan aislado que no sabía realmente cómo socializar. Y cuando alcanzás un nivel de fama que ni siquiera podemos imaginar, la gente te tira de todos lados: quieren dinero, quieren tu amistad, quieren algo de vos. Y vi cómo, después de haber crecido tanto, su mundo empezó a cerrarse otra vez. Y también cómo empezó a cansarse de todo eso.
A finales de los 90 lo veía agotado. Seguía siendo igual de brillante desde lo artístico, pero menos interesado en ir a ensayos y con más necesidad de tiempo para sí mismo. A veces me decía: “No puedo ir hoy, Vince, estoy demasiado cansado”. O: “Vino Macaulay y vamos a jugar videojuegos. Necesito eso para mi cabeza”. Me entristecía ver que ese era el precio que tenía que pagar. Él amaba crear música, amaba hacer esos cortometrajes, amaba salir de gira. Todo lo que hacía, me decía: “lo hago por mis fanáticos”. Y nunca lo escuché decir algo que no fuera verdad.
Su relación con Michael Jackson empezó cuando lo eligió para protagonizar y bailar en Beat It. ¿Qué cree que vio en usted?
Primero, yo no audicioné vestido como bailarín. Todos estaban con musculosas ajustadas, calentadores hasta la pantorrilla y zapatillas negras. Yo venía del teatro, no empecé a bailar hasta los 24 años, así que tenía una noción muy fuerte de personaje y narrativa. El coreógrafo, Michael Peters, me había dicho que fuera a la audición y que estaban buscando miembros de pandillas. Entonces pensé: “Bueno, voy a ir vestido como uno”. Fui prácticamente igual a como aparezco después en Beat It. Además, yo ya venía trabajando con Michael Peters, había bailado con él en televisión y sido su asistente en algunos proyectos. Conocía muy bien su estilo de movimiento, y funcionaba muy bien en mi cuerpo. Y sé que en esa audición bailé increíble. Creo que eso fue lo primero que llamó la atención de Michael: “Este tipo es atractivo, baila muy bien y además parece realmente un pandillero”. Nuestra amistad artística empezó durante ese rodaje. Como asistente de coreografía, tu trabajo es lograr que cada movimiento sea exactamente como el coreógrafo lo imaginó. Compartí momentos muy íntimos con Michael durante los ensayos, en los que estábamos solo él y yo. El hecho de que me viera como un artista válido y un bailarín talentoso fue lo que hizo que quisiera conocerme más.
Luego lo convocó para la dirección creativa y la coreografía de Smooth Criminal, el primero de muchos trabajos juntos. ¿Cómo se logra construir una coreografía con tantos bailarines que al mismo tiempo se sienta tan “Michael Jackson”?
Michael no creaba pasos para otros, pero desarrollaba su propio movimiento. Como coreógrafo, tenés que entender cómo se mueve cada artista, y ser fiel a sus capacidades. Lo que creaba para Michael era rápido, percusivo, muy definido, porque eso era lo que mejor funcionaba en su cuerpo. Nunca le habría dado una gran patada en el aire, una pirueta de ballet o un grand jeté atravesando el escenario. Con Madonna, en cambio, era distinto. Ella tenía formación en danza, así que tenía flexibilidad para explorar distintos tipos de movimiento. Pero aun así, nunca le habría dado lo mismo que a Michael Jackson, salvo el crotch grab (agarre de la entrepierna), claro.
Michael Jackson vincent Paterson
Uno de los movimientos más intentados —y probablemente menos logrados— es la famosa inclinación de Smooth Criminal. ¿Cómo se le ocurrió?
Siempre estaba atento a cosas fuera de lo común, a lo que Michael buscaba. Muchos años antes había visto a una compañía de danza llamada Momix. Tenían una pieza en la que los bailarines usaban unos esquíes largos que les permitían moverse en distintas direcciones: hacia adelante, hacia atrás, hacia los costados. Esa imagen se me quedó grabada. Cuando estábamos trabajando, dije: “Tengo una idea que quiero probar”. A Michael le encantó porque era rara. Así que lo hicimos con cables, y llevó muchísimo trabajo. Fue realmente difícil. En el escenario desarrollamos una versión más simple, con zapatos especiales que se enganchaban a una estructura. Eso les permitía inclinarse hasta cierto punto y volver a subir. Es un movimiento que exige muchísimo trabajo abdominal para sostener el cuerpo. Quién hubiera imaginado que algo tan pequeño se volvería tan icónico. Cuando la gente piensa en Michael Jackson, piensa en dos cosas: el moonwalk y el lean. Bueno, también en el crotch grab (risas).
Nadie imaginaría que ese característico movimiento fue en realidad una sugerencia suya. ¿Cómo surgió?
Lo hice accidentalmente un día en un ensayo y Michael me dijo: “¿Qué acabás de hacer?”. Y yo: “¿Qué?”. “Te tocaste ahí abajo”, me respondió. Y yo: “¿Lo hice?”. “Sí, hiciste esto”. Después me dijo: “Oh, Vince, sos un degenerado”. Y yo le respondí: “No, Michael, es solo un movimiento de baile”. Entonces le dije: “Vos ya lo habías hecho un par de veces en Bad”. Y él respondió: “Bueno, si lo hice, no fue intencional”. Y yo: “Sí lo hiciste”. Finalmente dijo: “Bueno, empecemos a incorporarlo”. La primera vez que lo usamos fue en The Way You Make Me Feel. A partir de ahí se convirtió en una marca registrada de Michael. Prácticamente todos los artistas empezaron a usarlo: mujeres, hombres, todos.
Casi como un símbolo de rebeldía o empoderamiento.
Uno nunca sabe las consecuencias de lo que crea. Fui a ver un concierto de Britney Spears en esa época y había un montón de niñas en el público haciendo el crotch grab. Y yo pensaba: “Dios mío, Vincent, te vas a ir al infierno”.
Trabajó tanto con el Rey como con la Reina del Pop y, como dice el título de un documental sobre su vida, fue en muchos sentidos “el hombre detrás del trono”. ¿Cómo se equilibra el orgullo de estar en ese rol con la humildad requerida para que sean otros quienes reciban todos los aplausos?
No pensaba demasiado en eso. Ser parte de estos artistas abriéndose al mundo, ayudar a construir el escenario de su futuro, era algo increíble, y divertidísimo. Un día Michael me llamaba y me decía: “¿Podés hacer esto y aquello?”, y mientras trabajaba en eso, Madonna llamaba para pedirme otra cosa. Se sentía como viajar en una alfombra mágica, yendo de Madonna a Michael, de Michael a Madonna, mientras además hacía otros proyectos. Yo estaba profundamente agradecido porque ambos estaban obsesionados con crear algo que, como ellos mismos decían, “el mundo nunca hubiera visto antes”. Cuando tenés a dos genios tan poderosos y creativos pidiéndote que seas lo más creativo posible, es como una fiesta de cumpleaños todos los días.
Madonna and cast of Blond Ambition Tour Vincent Paterson
La gira Blond Ambition, coreografiada por Paterson, catapultó a Madonna como la Reina del Pop y fue vanguardista al llevar la teatralidad a un escenario pop.
Gentileza de Vincent Paterson
¿Qué tenían en común el Rey y la Reina del Pop a la hora de trabajar? ¿Y en qué se diferenciaban?
Ambos eran perfeccionistas. Querían ensayar hasta que el movimiento se volviera natural, que no pareciera “mío”, sino orgánico para ellos. No se sentaban jamás a descansar en medio de un ensayo. Donde diferían un poco era en que Michael nunca dudaba de lo que yo hacía. Le mostraba algo y reaccionaba siempre igual: “¡me encanta!”. Con él todo era muy fácil. Con Madonna era distinto. Me decía: “Quiero verlo para saber si me gusta”. Al principio no era tan demostrativa, pero una vez que empezábamos a trabajar juntos, lo era muchísimo. Cuando empezamos a filmar el video Express Yourself, habíamos ensayado bastante, pero ella empezó a hacer sus propios movimientos. Entonces en un descanso le dije: “Madonna, ¿qué estás haciendo?”. Y ella respondió: “Pensé que iba a hacer mis propias cosas”. Y yo le dije: “Entonces, ¿para qué me contrataste?”. Ella confió en mí y dijo: “Okey, voy a hacer lo que me diste”. Y funcionó. Eso también tiene que ver con su posición: todo el mundo quiere algo de ellos, entonces no saben en quién confiar hasta conocerte bien. Así que a veces tenés que defenderte, ser honesto, tener seguridad en vos mismo y creer en tu trabajo. Y yo siempre creí en el mío.
Madonna_JP Gaultier. Vincent Paterson
Para cantar su hit Like a Virgin en el tour Blond Ambition, Madonna usó un corsé del diseñador de moda francés Jean Paul Gaultier.
Gentileza de Vincent Paterson
La gira Blonde Ambition fue pionera en la historia del pop, aunque provocó que el papa Juan Pablo II dijera que Satanás había regresado al mundo. ¿Madonna le pidió que su show fuera así de provocador?
Fue maravilloso, qué gran cumplido (ríe). Se dio naturalmente. Yo ya sabía qué tipo de artista era Madonna, completamente intrépida. Entonces le di lo que salía de mi creatividad y de mi corazón, y ella lo amó. Lo interesante es que primero había contratado a otra persona y no funcionó. Entonces me llamó, acepté, pero le dije que también quería dirigir el show. Tuve solo 21 días para montar 18 canciones completas, una canción por día, una locura absoluta. No solo tenía que coreografiar, sino también codirigir y sostener emocionalmente al equipo. Tenía que transmitir confianza y hacerles sentir que íbamos a lograrlo. Todos trabajaron durísimo. Tuve dos oportunidades en mi vida para cambiar el rumbo de ciertos formatos. Una fue el show de medio tiempo del Super Bowl con Michael Jackson. Antes eran bandas universitarias, bastoneras; después de eso, todas las estrellas pop quisieron estar ahí. La otra fue Blonde Ambition, que cambió por completo las giras pop. Lo nuestro era teatro: distintos sets, vestuarios, sonidos, dinámicas. Como actor, mi gran satisfacción fue llevar esa teatralidad al escenario pop.
¿El objetivo fue el mismo para el tour Bad de Michael Jackson?
No. En ese caso, la idea era mostrar a Michael Jackson como artista solista, ya no con los Jackson 5. No me interesaban tanto los grandes decorados ni los cambios de vestuario, sino que toda la atención estuviera puesta en él y en los bailarines. Incluimos algunos elementos teatrales, pero no era lo mismo que hice después con Madonna, cuando sentí que el mundo ya estaba preparado para algo más teatral.
Estuvo a cargo de la coreografía de Evita, la película musical con Madonna y Antonio Banderas. ¿Cómo trabajó una danza que no había sido parte de su vida hasta entonces?
Tomé unos seis meses de clases de tango argentino antes de viajar, para al menos entender cómo funcionaba. Yo conocía el tango europeo, pero el argentino es completamente distinto. También conecté a Madonna con una pareja increíble en Nueva York para que tomara clases. Uno de los momentos más educativos fue durante las audiciones con bailarines de tango argentinos para la escena del Réquiem. Les expliqué por qué estábamos haciendo esa escena, qué quería lograr. Les pedí que improvisaran para observarlos, puse la música de Andrew Lloyd Webber, y se detuvieron. Uno me dijo: “Nosotros no bailamos tango con esta música”. Tuve que reaccionar muy rápido. Les dije: “Para mí, su danza es un lenguaje tan poderoso que no necesita música. Lo que dicen con sus cuerpos es igual de fuerte, bailen con Gardel o con cualquier otra cosa”. Y entonces bailaron. Fue un momento muy poderoso, me emociono al recordarlo. Cuando sos honesto y hablás desde el corazón, otros artistas lo entienden.
Vincent, Madonna, Alan Parker, Cast of EVITA
La coreografía del musical Evita, protagonizado por Madonna y Antonio Banderas, también estuvo encabezada por Vincent Paterson.
Gentileza de Vincent Paterson
Además de los reyes del Pop, trabajó y conoció de cerca a celebridades como Robin Williams, Glenn Close, Björk, Diana Ross, entre otros, y ha visto su vulnerabilidad. ¿Le cambió su percepción sobre lo que significa ser tan famoso?
Eso me mostró que me sentía cómodo con cualquiera de esos artistas, sin importar cuán famosos fueran. Podía acercarme con honestidad, humildad y también autoridad. Eso me dio mucha confianza en mí mismo. Al mismo tiempo, si pudiera volver atrás y cambiar algo, me habría permitido ser un poco menos humilde. Me habría gustado contratar un publicista desde temprano. Muchísima gente no sabe que muchas de las cosas que hice fueron creadas por mí. Recién en los últimos años, con podcasts y entrevistas eso empezó a cambiar. Por ejemplo, la versión estilo María Antonieta de Vogue, de Madonna en los MTV Awards, casi nadie sabe que salió de mí.
Un capítulo de su libro se titula justamente Los coreógrafos no reciben Oscars. ¿Cómo vive esa falta de reconocimiento?
Desde hace años estoy involucrado en esta lucha, la de conseguir que exista un Oscar para coreografía. Pero llevamos décadas. Esta semana estuve con miembros de la Academia hablando de esto: hay diez u once mil integrantes, y solo cinco coreógrafos (durante años, Paterson fue el único miembro de la Academia coreógrafo). Es frustrante, sobre todo porque los coreógrafos somos uno de los pocos roles que estamos desde el inicio de la industria cinematográfica. Pero hay mucha ignorancia, la gente cree que solo creamos pasos de baile o grandes números musicales, pero la coreografía está en todas partes. Cuando trabajé en The Birdcage (La jaula de las locas), el director Mike Nichols me dijo: “Vincent, quiero que estés conmigo desde el comienzo hasta el final de esta película”. Y cada vez que veía una escena que podía mejorar, intervenía. Hay muchísimos momentos en esa película en los que nadie imaginaría que hay coreografía, pero está ahí. Ese es el punto: a veces la mejor coreografía es tan orgánica que ni siquiera se nota. Eso es lo difícil para nosotros, que se entienda la amplitud de lo que hacemos. Algo positivo es que ahora tenemos un sindicato por primera vez, el Choreographers Guild, que está creciendo. Pero todavía falta mucho: seguimos siendo uno de los pocos roles en la industria que no puede aspirar a un Oscar, aun cuando muchas veces lo que más recuerda el público de una película es un momento coreográfico.
¿Qué lugar ocupa la danza actualmente en su vida?
Ya no hay tanta danza en mi vida. Soy mayor ahora y mi cuerpo ya no responde igual. Como coreógrafo, siempre creé movimientos que pudiera hacer yo mismo. Si no podía, no se lo pedía a nadie. Hoy bailo en el living de mi casa, con mis amigos. Mis días transcurren entre proyectos en los que estoy involucrado, y después saco a pasear a mi perra, Zucchini Calabacita, que es mi bebé.
Libro Vincent Paterson
La edición en español latino de Iconos e instintos, libro de Vincent Paterson, se encuentra en preventa vía iconoseinstintos.com. La versión en inglés para Kindle, en tanto, se consigue por Amazon.
En su libro cuenta que pega en la heladera fotos de las personas con las que quiere trabajar. Y le funcionó la mayoría de las veces. ¿A quién tiene hoy ahí?
No soy una persona religiosa, pero sí espiritual. Un día pensé que, si ponía en la heladera algo que quería y lo veía todos los días, tal vez ese pensamiento saldría al universo creativo de alguna manera. Lo hice con Madonna. No lo hice con Michael Jackson. Lo hice con Glenn Close y terminé trabajando con ella en Al sur del Pacífico. Lo hice con Elvis Presley, aunque ya había muerto, y después dirigí el espectáculo del Cirque du Soleil Viva Elvis. Todavía hay una persona ahí arriba, aunque quizá el momento ya pasó, que es Lady Gaga. Lo gracioso es que una vez llamó a mis agentes para trabajar en algo para los Grammy relacionado con David Bowie, pero yo estaba en Europa y no pude hacerlo. También tengo la imagen de un proyecto que espero concretar pronto en Europa, sobre Mulán, aunque no la versión de Disney, que me gustaría dirigir. Y, claro, también tengo fotos de amigos, familia, y perros. Es un pequeño lugar mágico.