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Gabriela Toscano: “Trato de estar despojada; cuando uno no tiene tantas cosas, después puede llenar”

Edad: 60 Ocupación: actriz Señas particulares: cuando actúa le presta mucha atención a los zapatos, sigue manteniendo su nacionalidad uruguaya, si se encuentra con Misery en el cable, la vuelve a ver

Editora de Galería

En la obra Relatividad, que presentará con Luis Machín en El Galpón el 21 de noviembre, su personaje guarda un secreto, una verdad oculta que va siendo revelada. ¿En la vida, es buena guardando secretos?

Trato de que las cosas se digan. A lo mejor, algún secreto que puede dañar a alguien uno lo guarda para preservar a la otra persona. Tampoco es necesario estar diciendo cosas que hieren a otro.

La obra es también una reflexión sobre Dios. ¿Es creyente?

Creo que uno cree lo que le enseñaron de chico. Las primeras cosas que te dicen, imágenes… Mi mamá me hacía rezar el “ángel de la guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día”, entonces eso queda. Estoy viendo cómo es el tema de la fe, en el sentido religioso. Porque tengo fe; si uno no tiene fe, no puede salir al escenario a contar una historia. Tenés que confiar plenamente en vos en ese mundo paralelo. Tenés que tener una fe ciega, una creencia de que eso está sucediendo. En eso tengo mucha fe. En el tema de Dios, algo debe existir. Hay una energía que está en el cuerpo de uno, en las flores, en los animales.

¿Cómo es un día cualquiera en su vida?

Mis días son comunes. Me levanto, hago las cosas de la casa, las cosas cotidianas. Después, cuando tengo que ir a actuar o preparar un personaje, me pongo a estudiar, a reflexionar, a pensar. Pero si no, mi vida es común, y en la vida común también está viendo cómo es la gente, cómo son las personas, cómo es el mundo, y después lo llevo al escenario, o lo llevo a la pantalla; la observación de la vida cotidiana y de lo que es el ser humano es importante (para los actores). A algunos a lo mejor les sirve vivir de otra manera, que no es conectarse con lo cotidiano, sino vivir en un mundo de limusina a limusina. Yo trato de que cuando actúo le pase algo al espectador, pueda tener una reflexión sobre él mismo; y en eso uno tiene que ser sensible.

Ha dicho que los zapatos son importantes al momento de actuar. ¿Por qué?

Porque el zapato te da algo, a muchos actores les pasa. Te da una forma de caminar que te para de cierta manera. Por suerte, para esta obra me pudieron hacer los zapatos antes, entonces ensayé mucho con los zapatos. Y también buscamos el zapato: que te agarre, que tenga un taco específico. Yo creo que el zapato te da la forma de caminar, la forma de pararte, de plantarte. Es muy importante. Los actores viejos llevaban un baúl con sus vestuarios y tenían dos o tres zapatos y eran los que usaban de pueblo en pueblo para hacer los personajes.

Y en la vida real, ¿también les presta atención a los zapatos?

No, en la vida soy bastante desastrosa. Lo que pasa es que me he vestido tanto de chica para los personajes, que ya está. Tenés que vestirte para una novela de determinada manera, zapatos y camisa, y esto y el otro, entonces en la vida soy más sencilla, salvo cuando voy a entrevistas. Si no, trato de estar despojada. Cuando uno no tiene tantas cosas, después puede llenar. Es vaciar para llenar.

(El teléfono) es como una pérdida de tiempo, un hipnotismo que nos hace perder horas en cosas que no son importantes. Y empieza a ser una adicción, y esa adicción tiene que ver quizás con algo interno de uno: si uno es adicto a algo es porque la vida es angustiante. (El teléfono) es como una pérdida de tiempo, un hipnotismo que nos hace perder horas en cosas que no son importantes. Y empieza a ser una adicción, y esa adicción tiene que ver quizás con algo interno de uno: si uno es adicto a algo es porque la vida es angustiante.

¿Qué película ha visto mil veces?

Cuando aparece Misery, no puedo dejar de verla. El padrino tampoco. Y hay clásicos también, películas de Fellini o películas rusas.

¿Cómo se lleva con la inmediatez de este tiempo?

Y, no sé, se nos metió a todos el tema de los teléfonos en la cabeza. Es como una pérdida de tiempo, un hipnotismo que nos hace perder horas en cosas que no son importantes. Y empieza a ser una adicción, y esa adicción tiene que ver quizás con algo interno de uno: si uno es adicto a algo, es porque la vida es angustiante. Yo soy una persona que puede estar sentada o ensayando seis, siete horas sin mirar el teléfono, y no tengo ningún problema.

¿Qué piensa cuando suena un celular en el teatro?

Es malo para todos. Primero, porque el teatro es el ritual de unos que no se conocen, que se sientan todos juntos a ver a unos que están arriba del escenario, y se va generando un ida y vuelta en contarles la historia, y en energía. Entonces, cuando alguien no apagó el teléfono y empieza a sonar, es tremendo lo que le pasa al actor. La gente piensa que uno sigue actuando y no escucha nada. Pero a uno le duele, porque está en esa concentración para contar la historia. O los que tosen. Vas al teatro y estás enfermo y tosés, tosés. Si tosés, tenés que levantarte e irte, porque no estás dejando escuchar a los otros. No sé quién decía: al teatro se viene con el caramelo pelado, el teléfono apagado, y se viene tosido.

Hace poco (el 25 de octubre) fue su cumpleaños, ¿cómo lo festejó?

La verdad que este año no festejé, tenía teatro. Antes, cuando era chica, como hasta los 20, me gustaban los cumpleaños multitudinarios. Después ya no... No festejé más así, hago algo más íntimo.

¿Cuál es su próxima meta a cumplir?

A corto plazo, empezar el gimnasio.

Nació en Uruguay, pero creció y floreció en Argentina. ¿Qué lugar ocupa su raíz uruguaya en su identidad?

Sigo siendo uruguaya; estoy radicada en la Argentina, pero nunca me hice argentina. Quise conservarlo porque es de donde vengo. He ido muy poco a Uruguay durante todos estos años, incluso habiendo tenido familia —ya casi no tengo, tengo un primo hermano y algunos otros familiares de parte de mi mamá, pero no nos hemos visto—. Hay algo que me conecta, y es el tema del carnaval; es una identidad muy fuerte de los uruguayos, de afuera se ve como algo muy poderoso. Mi mamá nos llevaba a mis hermanos y a mí cuando éramos chicos, y lo poco que pude vivir de eso está en mí.

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