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Mercedes Estramil: “La literatura, al menos en mi caso, tiene esa facilidad de cerrar heridas”

Edad: 61 • Ocupación: Escritora y docente • Señas particulares: Le encanta limpiar vidrios, no tiene redes sociales, trabajó 32 años en una licorería, escribe sus novelas en vacaciones

Editora de Galería

Ha dicho que a través de personajes en sus novelas suele “pegarles” a algunas personas. ¿Es una manera elegante de vengarse?

Hay que tener cuidado con lo que uno dice (risas). No me atrevería a llamarle “venganza”. Con escritores no he tenido relaciones más que de amistad. Probablemente eso que yo escribo ni siquiera es leído. De todas maneras, el material está tan trabajado, tan moldeado que es cierto, uno escribe de lo que conoce, pero he sabido enmascarar lo suficiente esas experiencias.

Suele escribir sobre parejas “disparejas” en las que siempre hay uno que da más que el otro. ¿Usted de qué lado suele estar?

Hablar de pareja en el amor es un contrasentido, porque hay tanta disparidad que es un poco irónico. Pero es un tema que me atrapa porque, además, atrapa a los autores que a mí me gustan. Con las relaciones que han dado pie a algunos de mis libros me identifiqué más con el dar que con el recibir, por eso lo que se lee como venganza capaz es una suerte de intento de ajustar esa disparidad de la vida a través de la literatura. La literatura, al menos en mi caso, tiene esa facilidad de cerrar heridas. Cuando la convertís en una historia ajena a vos y se transformó en otra cosa para otras personas, siento que la herida que te llevó a escribir eso se cerró.

¿Cómo conoció a su pareja?

Por una red (de citas). En un tiempo era bastante habitué a las redes. A partir de cierta edad se hace difícil ir a boliches o conocer gente en la calle. Escribí mucho sobre ese tema, siempre dentro de material de ficción.

No tiene redes sociales. ¿No le interesan?

Tuve Facebook pero no con mi nombre. Dejé de usarlo hace décadas. No me gustan las redes. Las únicas redes que usé compulsivamente durante un tiempo fueron las de ligue. Pero las redes quitan mucho tiempo. No tengo ni televisión; prefiero leer. Exacerban muchas cosas malas que no me interesa transitar. Sé por gente que sí las tiene que se pelean, que son redes para manifestar lo que ya tenés como sesgo propio y no para realmente intercambiar nada, y eso no me interesa. Tampoco me gusta la exposición. Lo de las otras redes fue más bien funcional y conveniente. Quería tener una relación, no me gusta ir a boliches y ¿cuál era el mecanismo? Ese. Pero una vez que la usé para eso, ya está.

¿Qué nombre de incógnito usaba en Facebook­?

Jackie Pons. No sé ni por qué. La memoria es muy selectiva; y si depende mi vida de recordarlo, me muero acá.

Escribe sus novelas en vacaciones. ¿Quiere decir que no lo ve como un trabajo?

No, no. Me encanta. Este año, que pasamos las vacaciones en una localidad de Neuquén, paseando por Bariloche y San Martín de los Andes, escribí una novela y gran parte de un libro de cuentos. El tiempo de la escritura, para mí, no es igual al tiempo de las otras cosas que hacés en la vida. Cuando estás de vacaciones, que no tenés una disciplina que te esté atando, el tiempo se alarga, es otra cosa. Tenés tiempo para ir a la playa, a los lagos, para disfrutar y también para escribir. Cuando estoy trabajando a full, es difícil que me enfoque para ponerme a escribir.

Solía reunirse los lunes en un boliche con un grupo de escritores al que denominaron los Lunéticos. ¿Lo sigue haciendo?

Ya no. A veces nos reunimos los miércoles con Álvaro Ojeda, Luis Fernando Iglesias y Guillermo Álvarez Castro. Pero hace tres años murió Hugo Fontana, que era el centro de ese grupo. Los Lunéticos murió con él. Mantuvimos la amistad entre parte del grupo, pero no seguimos con esas reuniones semanales. Hay ciclos que está bueno hacerse la idea de que ya no son lo mismo.

¿Qué música le gusta?

La que escuchaba de chica, que después durante mucho tiempo dejé de escuchar, como la zamba argentina. Todo lo que es folclore me gusta. Durante un tiempo me gustó el tango, pero después lo empecé a dejar de lado. Me gusta el pop rioplatense. Me gustó mucho en su tiempo Michael Jackson, lo fui a ver al estadio de River. Fui muy fan de Sabina, de Los Fronterizos. Mi espectro musical es muy amplio y no es obsesivo con ninguno.

Tiene muchas bibliotecas. ¿Ha contado sus libros?

La última vez que los conté tenía unos 6.100.

¿A qué le tiene miedo?

A la muerte. A partir de determinado momento ves la puerta ahí, sobre todo cuando tus padres se mueren. Ellos ya la cruzaron, entonces la ves cerca. Forma una parte importante de todo lo que escribo y también me interesa como material de lectura. Siempre me pareció tremendo tema literario, pero ahora, además, es un tema vital.

¿Hay algún libro o autor que le provoque cierta culpa admitir que le gustó?

Lo que elegís leer es lo que elegís leer, y al que no le guste que se maneje. Fui muy lectora de un psicólogo español que estuvo muy de moda, Iñaki Piñuel. No me perdía uno de sus programas. De Vicente Garrido Genovés sigo siendo fan. No me genera ninguna culpa escuchar a Marian Rojas Estapé cada tanto, ni a José Luis Marín. Me interesa el canal The Well Project; me gusta buscar en YouTube­ programas sobre turismo tóxico, por ejemplo, Chernóbil. Hay gente que paga mucho dinero por entrar a esas zonas donde quedan muy expuestos a la radiación. También estamos en un momento de mucha cancelación de autores, pero no dejo de leer a un autor por los prejuicios puntuales y momentáneos que se puedan verter sobre él. El autor y la literatura no son lo mismo.